Honduras
El amor que los unió durante 22 años sigue vivo no solo en su corazón y en los retratos que se encuentran en todos los rincones de su vivienda.
Doña Nora Gúnera viuda de Melgar ha convertido en una especie de santuario el despacho donde su esposo, el general Juan Alberto Melgar Castro pasaba muchas horas del día resolviendo problemas del país.
Ahí, en el calor del hogar donde crió junto a ella a sus tres hijos, se tejen tantas historias que ella se niega a borrar. Los estantes de libros, sus menciones honoríficas y hasta su sillón preferido, están intactos como si su presencia no hubiese desaparecido de sus vidas.
Su viejo pero resistente escritorio tapizado con detalles de la cultura maya, aún guarda desde las tijeras con las que cortaba la cinta de inauguración de sus obras, hasta los lapiceros, el portapapeles y los teléfonos de la época.
En cada rincón de esa oficina siguen vivas las anécdotas y las vivencias de un militar, cuyo nombre está escrito en las páginas de la historia de Honduras. Desde ese despacho se llevaron a cabo tantas reuniones al más alto nivel, e inclusive salió la candidatura y se planificó la campaña del ex presidente Rafael Leonardo Callejas.
Ya son 21 años los que han transcurrido desde su muerte causada por un síncope cardíaco en su hacienda de San Antonio, Cortés. Pero el paso de los años no logrará que el general Melgar Castro sea olvidado entre los suyos.
"Esta sala atesora tantos recuerdos para la familia. No he querido cambiar nada porque me trae tan bellos recuerdos", comenta doña Nora.
Su espacio preferido era ese rinconcito donde está su escritorio -prosigue-. Allí podía pasar las 24 horas del día si fuese posible y hace 21 años que está intacta, solo con el mantenimiento y la limpieza debida.
"Los nietos vienen aquí y tocan sus cosas, pero igual cuidan mucho los tesoros que nos dejó su abuelo", dice, al encontrar un calendario semidestruido entre las gavetas del escritorio.
Recuerda que cuando murió Melgar Castro, Callejas le ofreció la candidatura a la presidencia de la república, como la primera mujer hondureña en postularse a tan alto cargo.
"El trabajo político me ayudó bastante a no pasar encerrada y deprimirme. Estaba sola en los peores momentos, cuando mis hijos estaban pequeños, pero con la suerte que yo fui la que puso la disciplina en mi familia, yo fui la sargentona de la casa, y eso me ayudó a salir a delante con ellos".
Al ser consultada sobre la literatura que prefería don Melgar Castro, se dirigió al estante e inmediatamente mostró un ejemplar enciclopédico de la Real Academia de la Lengua Española. "El era un autodidacta, y compró este libro, se lo aprendió de memoria. Tenía una letra preciosa, una ortografía y una gramática perfecta", asevera con convicción.
Algo que no se explica es el porqué el general Melgar siempre la llamó doña Nora, a pesar que ella le decía "negro", "creo que tuvo que ver con su preparación militar", considera.
Talvez para muchos, el general, haya pasado a la historia con toda y su militancia en pro del país, pero para su esposa, hijos y nietos, su memoria perdurará a través del tiempo.