Honduras
Mamá quiero ser relojero! Esta frase la expresó, Antonio Cerón, cuando apenas era un niño de siete años. Mientras otros pequeños que a esta edad viven entre el juego y la diversión, Toño, como cariñosamente lo llaman, ya había definido de manera segura y firme lo que deseaba ser a futuro.
Y es que el amplio universo de la maquinaria, engranajes, resortes, manecillas, tornillos y todo lo que implica el mundo de los relojes, se habían vuelto su pasión, a tal grado que no quería aprender otro oficio que no fuera el de relojero. Es así como decidió andar detrás de los relojeros de su pueblo, en su natal Guatemala para escucharle sus pláticas y ver qué aprendía.
Relojero de corazón
"Yo nací con esa inquietud de las máquinas, resortes y piecesitas, debo decir que desde pequeño yo soy relojero, y no cabe duda que cuando yo tenía entre los siete u ocho años destruía relojes, los desarmaba, motivado por la inquietud de saber qué tenían adentro", manifestó con viva emoción don Toño.
Y así transcurrieron los años en la vida de este guatemalteco, que se caracteriza por su amabilidad, humildad y espíritu de servicio y que, gracias a sus inquietudes y vocación autodidacta se convirtió en un relojero profesional. Hubo una época en la que Antonio practicaba la relojería por rutina y no porque le dejara de apasionarle, sino porque quería reparar otro tipo de relojes, como los monumentales, aquellos cuyo valor histórico está vinculado a la ciudad o comunidad a la que pertenecen. Hoy, a la edad de 68 años, don Toño, es experto en restaurar relojes antiguos o patrimoniales.
"Ahora ya no reparo relojes de puño, de pared, sino relojes monumentales, de catedrales, y de edificios que tienen este tipo de joyas valiosas. Este trabajo lo hago más por consideración que por una manera de buscar economía", afirmó el experto.
Con propiedad se asegura que quienes se dedican a este oficio pueden contarse con los dedos de las manos y Antonio Cerón se siente orgulloso de pertenecer a este selecto grupo. El primer reloj antiguo donde este profesional puso a prueba su arte de restaurar el tiempo fue el de la Catedral de Santa Rosa de Copán, en el occidente del país. Luego han seguido el reloj de la catedral de Esquipulas en Guatemala, así también el reloj más antiguo que registra la historia y que para él representa su tesis de graduación: el de la catedral de Comayagua.
"El reloj de Comayagua, puedo asegurar que es donde saqué mi tesis, es un reloj especial, único, creo que en mi vida no volveré a reparar un reloj así; pues se caracteriza por una técnica de relojería distinta a la que estoy viendo hoy, es hecho a mano con yunque y con almágana", afirmó Cerón.
Los relojes de San Jerónimo y Santa Rita de Copán, y de la iglesia de Siguatepeque, han vuelto a la vida y a ofrecer su sonoro tic-tac en estas comunidades. Lo que más disfruta este relojero, cuyo trabajo lo hace por amor al arte, es recorrer los pueblos de Centroamérica buscando relojes patrimoniales qué restaurar.
Actualmente trabaja con esmero en la restauración del reloj de la catedral capitalina de San Miguel Arcángel, en Tegucigalpa, que dejó de funcionar desde hace 25 años.