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Honduras
Ante unos dos millones de personas a los pies del Capitolio, Barack Obama entró ayer en la historia al asumir como el primer presidente negro de Estados Unidos, con la difícil tarea de enfrentarse a una grave crisis económica y dos frentes bélicos abiertos.
Obama, a sus 47 años, se convirtió así en el presidente 44 de Estados Unidos, al jurar “preservar, proteger y defender la Constitución de Estados Unidos” con la mano sobre la Biblia que usó el mandatario abolicionista Abraham Lincoln.
Obama quebró una barrera racial al convertirse en el primer presidente negro, en un país sumido en sus peores problemas económicos desde la “Gran Depresión” y con tropas en Irak y Afganistán.
Con una mano sobre la misma Biblia con la cual rindió juramento Abraham Lincoln y ante una multitud que atestó el National Mall, el mismo lugar donde el activista negro Martin Luther King hijo habló de sus sueños sobre la igualdad racial, el político demócrata de 47 años prestó juramento ante el presidente de la Corte Supremo John Roberts.
“Felicitaciones, señor presidente”, le dijo Roberts, Michelle y sus hijas presenciaron el acto.
Durante la juramentación se realizó la ceremonia en la que intervinieron la artista negra Areta Franklin, un grupo de música clásica integrado por personas de diefrentes razas y culturas y un coro infantil.
Después de la ceremonia, Obama y su esposa escoltaron a Bush y a la ex primera dama hasta un helicóptero en el frente este del Capitolio para que los llevara a la cercana base Andrews de la fuerza aérea, desde donde tomaron un vuelo a Texas.
Obama y Bush habían llegado juntos en una limusina al Capitolio para la transferencia del poder, en una caravana de automóviles blindados desde la Casa Blanca, donde Bush invitó a tomar café a Obama, el vicepresidente electo y sus respectivas esposas.
Multitud
Una multitud en ambos lados de la calle desafió el frío invernal para ver el desfile de automóviles hacia el evento histórico.
La presencia de fuertes medidas de seguridad fue evidente durante el recorrido, con una línea de agentes de pie frente a los espectadores.
Para presenciar la histórica juramentación del primer presidente negro del país, centenares de miles de personas atestaron desde muy temprano de extremo a extremo el National Mall, una zona con monumentos nacionales que tiene en un extremo el monumento a Abraham Lincoln y el Capitolio en el otro.
Obama y su familia asistieron por la mañana a un servicio privado en la iglesia episcopal de San Juan, una tradición para quienes están a punto de rendir el juramento presidencial.
La familia del vicepresidente electo, Joe Biden, también asistió, aunque el vicepresidente es católico.
Barack y Michelle Obama saludaron a los espectadores y entraron a la iglesia entre los aplausos de unas 200 personas.
El coro y la congregación empezó a cantar el himno O God Our Help in Ages Past (“Oh Dios, nuestro socorro en el ayer”).
Revista de tropas
Una vez juramentado y en funciones de su cargo, Obama presenció un desfile de tropas de las Fuerzas Armadas norteamericanas, una vieja tradición donde los militares reconocen al mandatario como su comandante en jefe, tal como lo establece la constitución.
Usando desfiles de la época de la lucha por la independencia de la corona inglesa, así como de su única guerra civil, los soldados rindieron tributo a su nuevo jefe.
El mandatario recién instalado en su cargo participó en un almuerzo que se ofreció a unos 200 invitados especiales, la mayoría de la clase política, en especial congresistas, magistrados y otros.
Durante el almuerzo el senador demócrata Edward Kennedy sufrió un desmayo, debido a su tumor cerebral, y fue retirado en una ambulancia a un centro médico.
Posteriormente se informó que no paso a más el incidente médico.
A la Casa Blanca
Tras la ceremonia en el Capitolio, sede de las juramentaciones presidenciales estadounidenses, Obama y su familia se trasladaron a la Casa Blanca en medio de un impresionante mecanismo de seguridad, que integraron 13,000 efectivos militares y otros miles de policías.
En un lapso breve, Obama y su esposa abandonaron la limusina blindada y caminaron unos pocos metros para la algarabía del público que asistió a la ceremonia.
Casi al anochecer, varios grupos de organizaciones civiles desfilaron, mientras Obama los observaba desde una tribuna.