Honduras
Jesús, que necesitaba del consuelo, se convierte en el consolador de un grupo de mujeres que lloraban al verlo padecer.
Estas mujeres representan a las personas que aún tienen sensibilidad para compadecerse de los que sufren porque están desamparados.
En estos días nos olvidamos con facilidad del dolor de los demás; en este momento, del gran dolor de los hermanos de Italia: más de 200 muertos y un centenar de desaparecidos.
Y es que lamentarse de poco sirve, por eso pidamos por nuestras mujeres hondureñas, valientes decididas y llenas de Dios.
Pedimos por las mujeres que han sido asesinadas cruelmente, para que sus almas encuentren en Dios el descanso eterno y para que no quede en la impunidad tanto femicidio y que nuestras autoridades protejan con mayor diligencia a cada una de ellas.
Por las que sufren en silencio el maltrato físico, psicológico, sexual o patrimonial, amenazadas de perder sus vidas, para que Dios les dé fortaleza y luchen por sus derechos.
Por las religiosas que se han consagrado a Dios a través de servir a los que sufren, en los que caminan con su cruz en las aldeas, hospitales, ancianos olvidados, enfermos del VIH-sida, en los niños y niñas violados, en los deportados, oremos al Señor.
Por las que son víctimas de la trata de blanca y la explotación sexual, por las que sufre maltrato familiar, perdón Señor.