Honduras
La crucifixión de Jesús es una de las escenas más dolorosas. Te volvemos a crucificar en aquel que es despojado de su dignidad.
En aquellos que son torturados, en los que han sido deportados, en los que se están muriendo de hambre, en los que no tienen hogar, en el encarcelado injustamente, en el enfermo desatendido, en los niños obligados a trabajar.
Hoy tu sangre continúa derramándose por gritar los derechos humanos y el amor. Mueren miles de justos que dicen la verdad.
Son amenazados aquellos que luchan contra el mal y la corrupción.
Mueren los más pobres y los indefensos que no tienen voz.
Los golpes de los martillos en la crucifixión del Señor aún resuenan en nuestras ciudades, en nuestras aldeas, en nuestras familias y por eso debemos orar para que cada día sean menos los crucificados de nuestro tiempo.
Oremos por quienes siguen crucificando al Señor con falta de atención en los hospitales, con las huelgas en las escuelas, con el analfabetismo, con los paros de educación y salud, para que sepan que con sus actitudes y decisiones se alejan del amor que Dios les tiene.