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Con plátano y sal sobreviven los pech

La comunidad indígena aún no se recupera de los daños que hace cuatro años sufrió por el paso de la tormenta tropical Gamma
20.04.09 - Actualizado: 21.04.09 09:27am - Nusly Carías: nusly.carias@elheraldo.hn

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Santa María del Carbón, Olancho,

Honduras

Están escondidos entre valles y montañas. Por sus tierras pasean libremente el abandono y la miseria.

La precariedad los persigue. Los ha encontrado para quedarse con ellos para siempre. La imagen del hambre está presente en el rostro de decenas de hombres, mujeres, niños y ancianos.

La escasez de alimentos parece ser más cruda entre las etnias del país. Basta con volver la mirada a una de las más ancestrales comunidad hondureñas: los pech.

En la comunidad de Santa María del Carbón, ubicada en el municipio de San Esteban, Olancho, la falta de granos básicos para la subsistencia de las familias indígenas es un problema permanente.

EL HERALDO se internó en esta comunidad y vivió junto a estos indígenas las necesidades que padecen y las penurias que día a día deben enfrentar ante la apatía y el olvido gubernamental.

Y es que durante los últimos tres años, la necesidad de alimentos se ha agudizado como consecuencia de las secuelas que dejó a su paso la tormenta tropical Gamma, ocurrida en noviembre de 2005.

El fenómeno natural arrasó con los cultivos y las tierras más fértiles con que contaban los habitantes de la comunidad, después del embate de la naturaleza ya nada sería igual. El hambre los ronda y amenaza con acabar con ellos.

Lea: Hambruna y sequía acecha municipios pobres

Alimentación

Susana Hernández, de 60 años, describe a la perfección las necesidades de las familias de la tribu, pues aseguró que durante los últimos meses en las casas solo se cocinan plátanos verdes y, en el mejor de los casos, yuca.

“En los días buenos se come arroz y mantequilla, pero solo es cuando los hijos encuentran trabajo en las haciendas de acá cerca, que son de ladinos”, explica la anciana.

Los plátanos que cocina en su gastado fogón irán acompañados con un puño de sal para ser devorados por los ocho miembros de la familia. La jarra de café no podrá faltar.

El plato se repetirá de manera salteada en el hogar de la indígena, hasta que llegue la producción de maíz y frijoles que dejará el invierno, cosecha que tienen sembradas las esperanzas de que este año sea mejor.

“En aquel entonces el huracán nos llevó todo lo bueno de las tierras, se llevó la cosecha que teníamos ese año”, recordó la anciana, al tiempo que lamentó que desde esa ocasión la crisis alimentaria se agudizó.

Hacinamiento

La etnia pech ocupa el séptimo lugar -en cuanto a número de habitantes- entre los grupos indígenas hondureños. Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), para el más reciente censo poblacional eran alrededor de 3,800 los que se registraban a nivel nacional, siendo el 86 por ciento el que se radicaba en el departamento de Olancho.

Solo en la comunidad de Santa María del Carbón se estima que hay un número de 2,800 personas, distribuidas en unas 300 viviendas, las que están divididas en 12 barrios.

Las familias pech, por ser numerosas, viven en hacinamiento, tal y como ocurre en el hogar de Hernández, donde no se ven sillas o una mesa para que la familia pueda sentarse a comer.

Los niños y adultos, a la hora de descansar, duermen sobre el frío suelo de cemento, pues producto de la cooperación internacional las familias de la aldea abandonaron sus antiguas viviendas de bahareque, piso de tierra y techo de paja y se trasladaron a habitaciones de bloque y techo de cinc, mismas que fueron construidas gracias a apoyo externo.

Sin embargo, las viviendas son de espacios reducidos: 25 metros cuadrados es el área que abarca la casa de Susana, la misma medida que poseen las 226 casas que se logró edificar con el apoyo de una institución española.

El espacio donde están la cocina, el dormitorio y la sala, donde reside un promedio de seis personas como mínimo, deja al descubierto las pocas pertenencias de la familia.

El fogón es la pieza que abarca el espacio más grande de la casa y está cerca de la mesa donde se guardan viejos sartenes. La hamaca donde duerme Ever Hernández, de siete meses, el más pequeño del hogar, está a pocos centímetros del fogón y el área restante sirve de dormitorio.

Necesidad de empleo

Severiano Ernestor Mendoza, vicepresidente de la tribu pech, va más allá de describir las necesidades de alimentos, pues para él lo más preocupante es la falta de empleo en los alrededores.

“Aquí necesitamos empleo para lograr salir de la pobreza en que vivimos, nosotros somos hombres y mujeres que nos gusta trabajar y por ello le solicitamos a las autoridades del gobierno que nos apoyen a formar microempresas”, manifestó Mendoza.

En la comunidad las únicas fuentes de empleo son las haciendas cercanas, donde se emplea a unos cuantos indígenas para el cuidado del ganado y siembra de algunas parcelas.

De ahí que las estadísticas oficiales revelen que cerca del 65 por ciento de la población pech se dedica a labores como la agricultura y la ganadería.

El ingreso mensual de una familia es de un máximo de mil lempiras, si logra vender alguna cosecha de plátano o cacao.

El refugio de los pech

El territorio en que habitan los pech es desigual y con una basta variedad de plantas.

Es cruzado por varias serranías que forman parte de la sierra de Agalta, con orientación de suroeste a noreste, entre el departamento de Olancho y Colón.

La aldea de Santa María del Carbón fue fundada en 1864 por iniciativa del sacerdote misionero don Manuel de Jesús Subirana. El clima de la comunidad es inestable, la temperatura anual es de 26 grados, bajando por las noches hasta 18 grados.

En los meses de diciembre, enero y febrero, la temperatura puede alcanzar los 15 grados y los 36 grados en marzo y abril. La economía pech es del tipo de economía productora de valores de uso, es decir, dirigida a la autosubsistencia local.

Los indígenas pech también han sido llamados payas, poyers y pahayas, denominaciones que son rechazadas por los miembros de esta etnia por hacer alusión a bárbaro, salvaje, incivilizado (así eran nombrados por los conquistadores españoles).

La palabra pech significa “gente”, término que es usado para referirse solamente a ellos; para el resto de la población utilizan los términos “pech akpua” (la otra gente) o “bulá”, que quiere decir ladino.

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Los niños pech son los más sacrificados por el hambre que agobia a la comunidad. Su estado nutricional no es el mejor.
Los niños pech son los más sacrificados por el hambre que agobia a la comunidad. Su estado nutricional no es el mejor.

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