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Niños, las nuevas víctimas de la ola de secuestros

En lo que va del año, 48 personas han sido secuestradas, entre ellas al menos cinco menores
01.06.09 - Actualizado: 01.06.09 10:57pm - Redacción: diario@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

Un total de 48 secuestros en el término de cinco meses refleja que el hampa es la más beneficiada con la anarquía política que vive el país.

La desvalorización de la vida por parte de los delincuentes, secuestradores y sicarios, así como el desacato a la legalidad y a las sentencias judiciales, hasta por el mismo Poder Ejecutivo, son síntomas de la grave enfermedad que sufre la sociedad hondureña.

La escalada de secuestros aumentó a partir del año 2007 cuando se conocieron 42 casos, los cuales rebasaron la cifra más alta que se había registrado en el país en 2001, con 33 hechos similares.

De acuerdo a informes policiales, en los siguientes años este tipo de delito fue bajando: hubo 22 casos en el año 2002, diez en 2003, cinco en 2004 y nueve en 2005, pero en 2006 nuevamente subió a 10 casos.

Para 2007, los 42 secuestros registrados desbordaron la capacidad de reacción de una policía que se ha visto obligada a luchar contra sí misma, por la alta infiltración del crimen organizado, como se ha evidenciado públicamente.

En 2008, los secuestradores cambiaron de táctica y comenzaron a tomar como blanco uno de los sectores más indefensos: los niños.

Los 79 casos registrados durante ese año no fueron una falsa percepción creada por los medios de comunicación, sino una realidad.

Niños en la mira

La industria del secuestro parece ir creciendo como una bola de nieve que se lleva todo lo que está a su paso.

La mira de estos criminales parece haberse centrado en los niños. Solo en los primeros cinco meses de 2009, la policía registra 48 casos de secuestros y, según información en poder de EL HERALDO, de ese número, al menos cinco son menores de edad.

Se conoció, además, que los últimos dos secuestros que se reportaron en la capital son niños.

Según fuentes policiales, esta modalidad comenzó a tomar auge a partir del segundo semestre de 2008 y desde ahí ha alcanzado un repunte importante.

La mayoría de los menores de edad que han salido del cautiverio se debe a que sus familiares han pagado el rescate exigido por los plagiarios.

La situación con respecto a los secuestros de niños se ha tornado tan difícil que los centros educativos privados han tenido que reforzar sus medidas de seguridad hasta incorporando guardias en el transporte, con tal de evitar ser víctimas de este flagelo.

Promedio

Actualmente hay un promedio de 9.6 secuestros mensuales, que es igual a un promedio de 2.4 secuestros semanales. Solo en la administración del presidente Manuel Zelaya Rosales se han registrado al menos 179 secuestros.

Por sexo, las estadísticas se presentan así: en 2007 se secuestró a 25 varones y 17 mujeres; en el año 2008, a un total de 53 varones y 26 mujeres; y en lo que va de 2009 han sido secuestradas 48 personas, de ellas 31 son varones y 17 mujeres.

El imperio de la violencia y la extorsión se profundiza sin mayores obstáculos. Mientras los secuestradores cometen sus fechorías, los asesinos a sueldo también lo hacen y muestra de ello es que de los 4,473 homicidios ocurridos en 2008, un total de 1,621, equivalente al 36 por ciento, fueron cometidos por sicarios.

El drama de la inseguridad que actualmente viven los hondureños es una historia que hasta el momento no encuentra final y no conmueve a quienes debería conmover, a pesar de que la situación ya desborda en ríos de sangre.

Causas

Para el abogado y capitán retirado Mario Berríos, hay diversas razones que han permitido el incremento de los secuestros: la primera es “la indiferencia gubernamental. Es cierto que el gobierno ha dado apoyo económico, pero no se ve una mano exigente en resultados”, explicó.

Otra razón es que falta mucha inteligencia policial, o sea uso de la información para desintegrar a esas bandas antes de que afecten a la población. También está incidiendo el desmejoramiento de la calidad de vida de la población y la situación económica.

Sobre el tipo de sujetos que practican este delito, Berríos sostiene que en la mayoría de los casos son delincuentes comunes que van teniendo “éxito” y, por tanto, llegan a convertirse en organizados, si bien no profesionales, sí con algún grado de organización.

En cuanto a la diferencia entre los hampones que ejecutan “secuestros exprés” y los que exigen millonarios rescates, considera que los delincuentes escogen la modalidad delictiva que les conviene, aunque normalmente los secuestradores están preparados.

Los de los “secuestros exprés” algunas veces son ocasionales, por ejemplo: una banda de robacarros se roba un vehículo, luego en el camino ve la facilidad proporcionada por la víctima, entonces procede a defraudarla con tarjetas de crédito, de banco o efectivo.

Para este experto en manejo de secuestros, estos hechos han sobrepasado la capacidad de la policía.

“El secuestro ha crecido 3 ó 4 veces más que en la época de Gautama Fonseca, el tiempo que tuvimos mayor cantidad de secuestros, esta será la peor herencia dejada por el actual Presidente”, dijo.

“Mi opinión es que las bandas deben ser golpeadas con las manos en la masa, realizar los rescates, esa es la mejor arma”.

Nada garantiza que entregando dinero se tendrá de vuelta a una persona, la mejor opción es golpearlos en los sitios de ocultamiento, teniendo el cuidado de no dañar a los secuestrados, recomendó.

El golpe

En una sociedad sin orientación, y con una policía sin estrategia e infiltrada por los criminales, la gente no sabe a quién acudir.

Y es que la participación de agentes en algunos secuestros y la liberación de algunas víctimas por parte de la policía, pero luego de que sus familias han pagado los rescates, levanta fuertes sospechas y temor.

Este es el relato de una madre desesperada que, ante la desidia policial, para que rescatarán a su hija estaba dispuesta a ir casa por casa para encontrarla y liberarla, pero a última hora tuvo la suerte de acceder a un buen contacto que logró mover al escuadrón de rescate. Eran las 4:00 de la tarde cuando sonó el teléfono, doña Aurora se apuró a contestar.

- ¿Usted es la mamá de Sandra? -preguntó un desconocido.

- Sí -respondió ella.

- Su hija está secuestra -anunció el hampón.

- No bromee -dijo Aurora.

- Esto no es ninguna broma, tienen 48 horas para entregarnos 40 millones -dijo al otro lado del teléfono el delincuente y colgó.

Inmediatamente, ella llamó a su hija al teléfono móvil, pero no obtuvo respuesta. Aurora contó a la familia la situación. Decidieron acudir a la policía.

Llamaron a un agente amigo que les recomendó interponer la denuncia en la posta policial más cercana.

Siguiendo las instrucciones se apresuraron a la oficina policial, y “la respuesta que obtuvimos fue distinta a la que esperábamos, pues se nos dijo que no contaban con patrulla para salir a investigar, además de que podría tratarse de un autosecuestro o que, por el contrario, habría huido con el novio”, recordó.

La respuesta causó indignación e impotencia. En ese momento, la segunda llamada hizo estremecer a la progenitora. Ahora el delincuente exigía cuatro millones de lempiras de inmediato, de lo contrario amenazaba con matar a la joven.

Frente a la negligencia policial, los familiares llamaron a un pariente para que les ayudara y solo así fue que se contactó a un equipo especial de la policía, que de inmediato comenzó a trabajar en el caso.

La primera noche -contó Aurora- fue espantosa, “yo me imaginaba lo peor, pero al mismo tiempo clamaba a Dios para que mi hija estuviera bien”.

Seis días después, los delincuentes habían aceptado un pago menor por el rescate; eso alegraba a Aurora, pero al mismo tiempo la llenaba de otras dudas.

“El día del rescate fue como un milagro debido a que, al tener nuevamente en mis brazos a mi hija, fue como si me devolvieran la vida. Ahora cada vez que me entero de un secuestro revivo cada momento que viví e imagino la desesperación de la madre de la persona en cautiverio”, narró la víctima.

Periodistas permanecen en manos de plagiarios

Las garras del secuestro han tocado a las puertas del periodismo. Han transcurrido ya casi 20 días desde que Andrés Torres, conocido comunicador social y coordinador del noticiario “Tegucigalpa de noche”, de HRN, fue secuestrado.

Hasta la fecha, la policía no tiene mayores detalles del plagio del comunicador. Mientras tanto, sus familiares han hecho angustiosos llamados a sus captores para que procedan a su liberación, pero la petición no se ha cumplido.

El llamamiento de la familia también ha sido para el presidente Manuel Zelaya Rosales, sin embargo, el mandatario tampoco ha podido hacer algo.

Igualmente permanece secuestrado el periodista y ex diputado liberal por el departamento de Cortés, Bernardo Rivera.

El ex parlamentario fue secuestrado hace casi tres meses ,y hasta el momento, la policía tampoco ha logrado establecer mayores pistas sobre el paradero del también comunicador social.

Diferentes sectores de la sociedad han condenado el secuestro de estos profesionales de la información.

* Seguridad pública: Conjunto de garantías que el Estado debe otorgar a todos y cada uno de sus habitantes, sin discriminación alguna, para que no sufran daño ni corran ningún peligro que atente contra su vida, libertad, integridad y seguridad personal o de su propiedad.

Por falta de estrategia, cada quien pelea su guerrita

El ex director de la policía, Álvaro Flores Ponce, asegura que los hondureños están frente a una indefinición de una política de seguridad estatal, por lo tanto, “cada quien pelea su guerrita por aparte.

Eso trae como consecuencia que la sociedad ya no crea en sus instituciones porque no le resuelven nada, no se aplica la ley a todo el que la infringe, creando una impunidad que genera más violencia”.

El incremento de los secuestros indica que hay un sector dedicado a la mala vida. Son una casta de malvivientes que deben ser enfrentados con una estrategia para obtener buenos resultados, añadió.

Falta de institucionalidad genera inseguridad

Honduras todavía no ha logrado establecer una política integral de seguridad ciudadana para atacar los factores que causan violencia, afirmó Leo Valladares, ex comisionado nacional de los derechos humanos.

“También genera violencia la falta de institucionalidad; el país tiene instituciones operadoras de justicia, tres poderes, pero no funcionan a cabalidad ni respetan su marco legal”.

A la policía se le ha dado todo, pero no ha disminuido la criminalidad en esa misma forma.

Si hacemos un recuento de las muertes que van en estos cinco meses del año y cuántas se han averiguado, entonces vamos a ver que la policía y todo el sistema de justicia están en una situación difícil.

Secuestros, consecuencia del consumismo

Para el sociólogo Rolando Sierra, muchos secuestros son el resultado de las acciones de aquellas personas que durante los años 80 aprendieron a manejar armas, quienes al no poder reincorporarse a los cambios cayeron en esta práctica como forma de vida.

Lo otro es que en una sociedad como la actual, caracterizada por el consumo, los jóvenes, al no tener los medios para acceder a él, están cayendo en prácticas del crimen, la delincuencia y la extorsión.

Otro aspecto son los valores que dentro de la sociedad se van perdiendo, a tal grado que no hay respeto por la vida de las personas.

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Los secuestros han sobrepasado la capacidad de reacción del escuadrón policial entrenado para contrarrestar este tipo de delitos.
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