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Desafiando al mundo exterior

Será difícil para Micheletti ceder el puesto a un hombre (Zelaya) aborrecido por el pueblo, dice
05.07.09 - Actualizado: 05.07.09 08:33pm - Redacción: diario@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

Él es un candidato poco usual para convertirse en una causa célebre internacional.

Manuel Zelaya, un bigotudo magnate maderero, quien ganó las elecciones en Honduras en 2005 como candidato por ley de uno de los principales partidos del país, el Partido Liberal, y luego alienó a la mayoría del país al aliarse con el presidente izquierdista de Venezuela, Hugo Chávez.

Su destitución, en un golpe militar el pasado 28 de junio fue seguido de inmediato por el llamado internacional, de Barack Obama, el señor Chávez, la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), entre otros, pidiendo de forma unánime y vehemente su restitución.

Las únicas personas quienes aparentemente no quieren que regrese el Presidente a su trabajo son los hondureños.

El 30 de junio, miles de ellos se congregaron en la plaza Central en Tegucigalpa, la capital, para mostrar su apoyo por la remoción del señor Zelaya y su reemplazo, Roberto Micheletti, presidente del Congreso.

“¡No queremos a Mel! ¡Fuera Mel!,” gritaban, utilizando el apodo del señor Zelaya. “¡Fue legal! !No fue un golpe!”

Un día antes, solo unos cientos de manifestantes a favor de Zelaya habían salido a las calles, quemando llantas y tirando piedras a los soldados, antes de ser dispersados con gas lacrimógeno.

Estos números pueden no contar toda la historia. Detrás del nuevo gobierno se encuentran los militares. Después que 200 soldados arrestaran y deportaran al señor Zelaya, carros blindados patrullaban Tegucigalpa y aviones de combate sobrevolaban sus cielos.

Un canal de televisión privado que respaldaba al presidente fue silenciado, mientras que los medios noticiosos sufrieron apagones.

Unas 60 personas han sido reportadas heridas en los enfrentamientos. Aun así, no hay evidencia de que los hondureños estén clamando por el retorno de su Presidente con un entusiasmo parecido al demostrado por la comunidad internacional.

Esto ocurre porque la mayoría se han cansado de su gobierno, y lo culpan por la crisis constitucional que precedió al golpe.

Fue precipitado por sus intentos de imitar al señor Chávez al organizar un referéndum para establecer una Asamblea Nacional Constituyente, la cual, aparentemente le permitiría quedarse en el poder después de enero, cuando su período de 4 años terminaría.

Bajo la Constitución de Honduras, solamente el Congreso puede llamar a un referéndum y se oponía a este. El señor Zelaya de todas maneras siguió adelante con sus planes.

Cuando el jefe de las Fuerzas Armadas se rehusó ante una orden de distribuir la papelería de las urnas, el presidente lo despidió.

La Corte Suprema restituyó al general, y el tribunal electoral ordenó que las urnas fueran confiscadas. En respuesta, el señor Zelaya lideró a un grupo de seguidores a una base aérea donde recuperaron las urnas.

Envió instrucciones a los empleados públicos de recoger firmas para instaurar la Asamblea Nacional Constituyente. Horas antes de que comenzara la votación, los militares arrestaron al Presidente.

Los militares dijeron que él fue arrestado por desafiar a la Corte Suprema, aunque ninguna explicación ha sido brindada sobre el porqué no fue llevado ante a un tribunal hondureño.

La legislatura procedió a instalar, de forma unánime, al señor Micheletti, un rival Liberal del señor Zelaya, como su sucesor.

El Congreso no tiene poder constitucional para destituir a un presidente.

El señor Micheletti mostró una carta de renuncia, curiosamente redactada, que el señor Zelaya niega haber escrito o firmado.

Estos eventos tomaron a la región por sorpresa. Honduras, aunque pobre y saqueado por la corrupción y violencia, tenía una democracia aparentemente estable. Pero los signos de los conflictos estaban presentes.

La presidencia del señor Zelaya ha estado marcada por un aumento en el crimen, escándalos de corrupción y populismo económico. El apoyo con incrementos salariales cuantiosos para maestros y empleados del gobierno.

Cuando el dinero se acabó, acudió al señor Chávez para que le supliera petrodólares.

A pesar de más de 100 millones de dólares de apoyo venezolano, el gobierno no puede pagarle a todos sus proveedores. En las encuestas de opinión, el apoyo al señor Zelaya bajó a un 30%.

El señor Chávez es impopular en un país conservador con relaciones cercanas a Estados Unidos, su socio principal en el comercio.

Los medios hondureños están saturados de alegaciones de infiltrados por agentes comunistas y traficantes de droga de Venezuela y Nicaragua.

Pero los intentos del señor Chávez de vincular el golpe con Estados Unidos fueron desvirtuados por el mismo señor Zelaya.

En una entrevista con El País, un periódico español, horas antes de su arresto, él agradeció a Estados Unidos por oponerse a los planes militares de un golpe.

Ningún otro país en las Américas ha reconocido al señor Micheletti. Los países latinoamericanos y España (aunque no Estados Unidos) han retirado sus embajadores mientras no se restituya al señor Zelaya. Pero ¿cómo podría ocurrir eso? El señor Chávez ha amenazado con insurrección (y hasta invasiones).

En Venezuela, en el 2002, él fue restaurado en el poder luego que un golpe fallara. Pero los militares de Venezuela y su oposición estaban divididos, y los Chavistas estaban bien organizados.

En Honduras, los militares y todos los partidos políticos principales están unidos en oposición del señor Zelaya, cuyos únicos seguidores son los sindicatos, movimientos sociales de izquierda y algunos entre los pobres.

El primero de julio la OEA le otorgó a Honduras un plazo de tres días para restaurar el orden constitucional, o arriesgarse a ser suspendido de la organización. Una solución podría requerir de largas negociaciones.

Aunque inicialmente había garantizado que regresaría a su país en esta semana, el señor Zelaya desistió, luego que oficiales en Tegucigalpa dijeran que sería arrestado, acusado de traición a la patria.

Ya ha manifestado públicamente que si lo restituyen, abandonaría sus planes para alargar su período en la presidencia y se retiraría en enero.

El Banco Mundial ha suspendido su ayuda, y aunque inicialmente los oficiales estadounidenses habían dicho que no lo harían, siguen ponderando si harán lo mismo.

La economía hondureña depende de sus exportaciones (de café, banano, y textiles), el turismo y el envío de remesas por parte de trabajadores en los Estados Unidos. Estos ingresos corren peligro si el gobierno de Honduras se mantiene como paria.

Pero al señor Micheletti se le hará difícil ceder su puesto a un hombre aborrecido por la mayoría del pueblo y todos los poderes gubernamentales en su país.

* El análisis: Las únicas personas, quienes aparentemente no quieren que regrese el Presidente a su trabajo son los hondureños, dice The Economist.

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Manuel Zelaya ha heredado un país sumido en crisis por la inseguridad, narcotráfico, escándalos de corrupción y populismo económico.
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