Honduras
Se fue del paÃs con la esperanza de lograr una mejor vida. Pero la sorpresa que encontró en Estados Unidos era bastante grande, del tamaño de Latinoamérica.
El hondureño Jorge Rivera, lÃder de la comunidad de catrachos y latinos en Dallas, Texas, se ha hecho famoso en su ciudad y todo gracias a su espÃritu de solidaridad en favor de los necesitados.
Rivera se ha convertido en el primer hondureño en presidir un concilio de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos (Lulac) en Estados Unidos, el de Irving Texas, organismo hispano de mayor trascendencia en esa nación.
A continuación se transcribe un reportaje elaborado por el periodista Aldo Barbosa de El Heraldo News, de Dallas, Texas, sobre la vida de Rivera:
El amor a la justicia social y la decisión de ayudar a las personas que sufren los flagelos de la discriminación, hicieron que Jorge Rivera dejara en el rincón de los recuerdos aquellos dÃas de hambre, miseria y orfandad para sacar adelante a su madre y sus cuatro hermanos menores en su lejana Honduras.
Por haber nacido en San Pedro Sula, una de las zonas más afligidas y pobladas de este paÃs centroamericano, Rivera estuvo siempre forzado al modelo social del niño, obligado a ganarse la vida con sus dotes de jornalero, de estudiante o deportista fortuito.
La temprana muerte de su padre lo empujó a la condición de "hombre mayor". "Para ayudar a mi madre en la crianza de mis cuatro hermanos tuve que vender tortillas, tamales y montucas en la plaza del mercado", cuenta con una mezcla de nostalgia y orgullo.
Casi a la par comenzaron sus tareas de activista social y comuni tario, lo que pocas veces imaginó era que semejante responsabilidad lo fueran a convertir en un verdadero precursor de las nobles causas, muy lejos de la patria que lo vio nacer y con "hermanos" distintos.
"Aunque llevo más de veinte años en este paÃs, no dejo de sentirme un inmigrante más, con deseos de crecer y de ayudar a quien lo necesita. En cada uno de ellos veo el reflejo de mis hermanos y por eso los guÃo, los cuido y les dedico el tiempo sin medir el sacrificio", señala. Desde que llegó a Estados Unidos en 1986, se fijó metas nobles para su futuro. Al principio no supo cómo, pero gracias a la ayuda de personas y entidades que le creyeron, el camino se despejó. "Siempre quise tener mi propia organización, con una sede y un grupo de personas comprometidas en ayudar a la comunidad hispana, gracias a Dios lo he logrado", precisa.
Gracias al activismo social y al compromiso con estas marchas y jornadas masivas, Rivera no solo obtiene notoriedad, también ha logrado el reconocimiento de los más connotados lÃderes polÃticos del paÃs. "No es fácil encontrar hombres con vocación de servicio, hombres con dedicación y Jorge Rivera lo es. Me enorgullece ser su amigo y aliado para todas las causas que él emprenda", dijo Luis Gutiérrez, el congresista federal por Illinois.
Este compromiso adquirido por Rivera y estimulado por diversos profesionales del área, como el médico Carlos Molina, lo han llevado a convertirse en uno de los más recientes lÃderes de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos (Lulac, por sus siglas en inglés).
Crecimiento personal
Mientras cursaba sus estudios de secundaria, se ganó el liderazgo para ejercer como presidente del consejo estudiantil del Instituto Tridentino de San Pedro Sula. Más tarde se graduó como Contador Público.
Arriesgó su vida por obtener un futuro mejor y por eso emprendió camino hacia el norte. Llegó como la mayorÃa de los inmigrantes, atravesando las zonas inhóspitas de Tijuana y creció a la sazón de las experiencias propias del marginado e indocumentado.
Rivera, como inmigrante, fue jornalero de esquina; pero también trabajó en labores tan rudas como la construcción, "la yarda" y hasta en la costura. Hoy es respetado y admirado por su liderazgo, capacidad y conocimiento de la polÃtica nacional e internacional.
Lo que vino después se convirtió en un rosario de realizaciones y de condecoraciones. Sus frutos, producto de la capacidad de convencer a las personas que poseen recursos económicos para que aporten algo a los pobres, tuvo la máxima expresión en el capÃtulo 4943 de Lulac.
Con esa obra, donada por el Doctor Luis Molina y ubicada en el 2001 W. Irving Boulevard, Rivera no solo le da techo a las familias que lo necesitan, también sentó las bases para la lucha por los derechos civiles.
Para salir de la pobreza vendÃa periódicos, tortillas, tamales y montucas. Rivera entendió que la mejor lección de vida es que el mejor camino para salir de la pobreza era la preparación académica.
Asà destaca El Heraldo News el papel desempeñado por Rivera en los EUA, reportaje que reproduce EL HERALDO como reconocimiento a los méritos de este compatriota.