Honduras
Para qué pintan blanquitos, si mañana volvemos a rayar", dice uno de los miles de grafitis que los seguidores del depuesto presidente Manuel Zelaya que han estremecido el patrimonio y la propiedad privada en la capital.
Sin embargo, este mensaje no tuvo eco en más de 120 jóvenes de las parroquias católicas de la Arquidiócesis de Tegucigalpa.
Aunque no son pintores ni mucho menos arquitectos, su motivación más grande fue borrar cada uno de las leyendas e insultos que han plasmado los denominados de la "resistencia popular".
Durante la jornada de restauración de la belleza y el esplendor de la ciudad, que se extendió por más de seis horas, la juventud católica dio una cátedra de cómo se debe cuidar y amar la tierra que los vio nacer.
Los miembros activos de todas las parroquias del Distrito Central pintaron con color marrón y blanco las paredes de las principales calles de la ciudad, incluyendo las colonias Palmira, Rubén Darío y Alameda y todo el centro histórico de Tegucigalpa.
Además borraron el grafitis en las inmediaciones del bulevar Juan Pablo II y Casa Presidencial.
Según los muchachos, todos los materiales como brochas, rodillos, pintura, diluyente, aguarrás y selladores de pared fueron adquiridos con fondos propios de las iglesias y sus feligreses a través de colectas hechas en las celebraciones eucarísticas.
Loable labor
Bajo la coordinación del sacerdote Carlos Martínez, los jóvenes cambiaron sus deberes y obligaciones del día por brochas, pintura y rodillos.
Algunos incluso sacrificaron la ropa que andaban puesta, pues al final de la jornada quedó inservible con tanta pintura adjunta.
"Acciones como estas renuevan la esperanza en nuestro país, es agradable responder con buenas acciones a los insultos y malas acciones de quienes creen tener razón expresándolo de tan mala manera", comentó un capitalino.
Los jóvenes se dividieron en cuatro grandes grupos para eliminar los grafittis que los zelayistas han dejado a su paso en cada ruta que utilizan para manifestarse.
Cada grupo tomó una ruta diferente para poder avanzar en su objetivo de limpiar la mayor cantidad de paredes manchadas.
Invitados no deseados
Los zelayistas aparecieron inoportunamente. Desde vehículos, motocicletas o a pie, los seguidores de "Mel" quisieron boicotear la labor de los jóvenes católicos y con groserías quisieron evitar que continuaran borrando los mensajes.
Al conocer las pretensiones de los manifestantes, los dueños de negocios y pobladores de las zonas recuperadas salieron a resguardar a los muchachos.
Varios comerciantes, que por seguridad prefirieron el anonimato, pidieron que "así como el Ejército y la Policía resguarda a estos vándalos de la resistencia, así deberían estar dando protección a los jóvenes católicos", en alusión a la ausencia de efectivos de seguridad en la jornada de limpieza.
Los atentados
Desde el pasado 28 de junio, fecha en que fue expulsado del país el ex mandatario Zelaya, la capital ha venido pagando la cuota de vandalismo de sus seguidores.
Centros comerciales, instituciones bancarias, negocios privados, edificios públicos y lo más lamentable, el patrimonio nacional, no se han escapado a la irresponsabilidad de los enardecidos protestantes.
Los seguidores se han dado a la tarea de rayar las paredes y quebrar puertas, ventanales y hasta de incendiar un negocio de comidas rápidas y una unidad del transporte urbano.
Los bulevares Morazán, Juan Pablo II y Centroamérica y el centro de Tegucigalpa lucen atestados de grafitis, cada vez que los manifestantes los toman como ruta. El vandalismo es tanto que ni los templos religiosos han sido respetados por los manifestantes.
La emblemática Catedral Metropolitana San Miguel Arcángel ha sido tapizada de mensajes cargados de insultos, en ocho ocasiones.