Honduras
Honduras no es ninguna Torre de Babel, aquí todos hablan el mismo idioma y, por lo tanto deben dialogar para solucionar la crisis política que conlleve a la reconciliación.
Este es el pensamiento de diversos líderes de la sociedad. La Torre de Babel, según la Biblia, era una construcción ambiciosa y desafiante, a la que Dios puso fin confundiendo a los constructores al hacerles hablar diferentes lenguas, por lo que nadie pudo entenderse y al final reinó la confusión y la dispersión.
En Honduras no sucede eso. Aquí todos hablan el mismo idioma y aunque piensan distinto pueden encontrar puntos de coincidencia para obtener un acuerdo que al final conduzca a la paz y a la tranquilidad, dijo el sacerdote Ovidio Rodríguez.
División
La familia hondureña se partió en dos desde comienzos del 2009, cuando Zelaya empezó a promover la instalación de una cuarta urna en las elecciones generales del 29 de noviembre, con el fin de convocar a una asamblea nacional constituyente destinada a derogar la actual Constitución.
El derrocamiento de Zelaya, el 28 de junio, por no respetar las sentencias judiciales y por violar la actual Constitución, llevó a que sus simpatizantes radicalizaran sus posiciones y emprendieran una lucha en las calles, desafiando a la Policía, causando disturbios, incendiando y saqueando negocios y quemando buses.
El regreso de Zelaya, el 21 de septiembre, con su consigna "patria, restitución o muerte" calentó nuevamente los ánimos de sus seguidores, quienes llegaron al extremo de los ataques racistas contra la comunidad judía. A pesar de que Zelaya, desde la Embajada brasileña, continúa incitándolos, sus seguidores están divididos por la inconsistencia del discurso del ex presidente. Antes promulgaba la constituyente, pero ahora se apega al Acuerdo de San José, que entre sus doce puntos la sepulta.
Aunque de lo que se llamó "resistencia contra el golpe" apenas quedan un centenar en las calles, en el ambiente capitalino se respira rencor y tristeza.
Ya casi abandonado, Zelaya aún obsesionado por el poder, lejos de buscar la reconciliación instiga a la comunidad internacional para que continúe reprimiendo al gobierno de Roberto Micheletti. Mientras esto sucede en el zelayismo, en el otro extremo la posición es consecuente, que nada puede solucionarse violentando las leyes.
Resentimiento
A pesar de que los hondureños buscan entrar en una etapa de reconciliación, la injerencia extranjera en vez de promover la unidad más bien profundiza el fraccionamiento, generando una mayor animadversión entre los sectores. Ahora el resentimiento de los hondureños se extiende más allá de las fronteras, al tener que lidiar con el entrometimiento de la comunidad internacional.
"Creo que los del exterior han venido más bien a polarizarnos más, con propuestas que se tornan intransigentes e inamovibles", sostuvo Rodríguez.
Para el reverendo, si "la OEA (Organización de Estados Americanos) que no nos reconoce y de otros que solo nos ven como trampolín, como plataforma, como rampa de sus aviones, nos dejaran solos, yo creo que nosotros podríamos resolver nuestros problemas". Da la impresión de que hay conceptos muy subjetivos, muy ideológicos detrás, sin ver a la posición de la mayoría del pueblo. "Son unos que nos están haciendo sufrir a tantos", manifestó Rodríguez.
Reconciliación
En la senda hacia la unidad de los hondureños, Zelaya y Micheletti o sus representantes son los llamados a dar el primer paso.
El primer intento ya se realizó en San José, Costa Rica, con el Acuerdo de San José, pero no se avanzó porque la propuesta violaba la Constitución hondureña.
Hoy se lleva a cabo un nuevo intento denominado Diálogo Guaymuras, el cual está trabado en el punto de la restitución de Zelaya, en la amnistía para sus delitos y en el llamado a una constituyente. Para Rodríguez, sobre las partes pesa la responsabilidad de que la mesa de diálogo no se convierta en una mesa de confrontación. La base de la comunicación para llegar a un acuerdo debe cimentarse en la convivencia, la tolerancia, la aceptación y la confianza.
Los hondureños viven en una sociedad cada día más pluralista, en donde hay tantas ideas. Cuando hay pluralismo la sociedad exige de cada uno la convivencia, la tolerancia y la aceptación "de aquellos que disienten o no piensan como yo", meditó Rodríguez.
Según él, para iniciar el recorrido hacia la reconciliación, las partes deben dejar a un lado la intransigencia, renunciando a sus intereses partidistas, ideológicos, económicos o a poderes hegemónicos de fuera o de dentro que los están utilizando.
Planteamiento
Por su parte, German Leitzelar, comisionado por el Congreso Nacional para impulsar el diálogo entre los diversos sectores hondureños, es del criterio que para avanzar en el entendimiento los sectores en pugna también deben tener claro qué es lo que quieren y preguntarse ¿por qué el país está en una profunda discusión? Existe conciencia de que hay que mejorar las condiciones del país, hacer una mejor justicia en la distribución del ingreso, mejorar las condiciones socioeconómicas de la población, pero para ello es necesario dialogar y ponerse a trabajar en vez de estar en enfrentamientos, agregó. Leitzelar considera que no se debe seguir orientando el camino del diálogo, equivocadamente, en la búsqueda de un culpable, que no es culpable: la Constitución de la República. "Los verdaderos culpables y responsables somos todos los hondureños, que no hemos sido capaces de respetar la ley y de tener un sentido de solidaridad y de propuesta con sacrificio para encontrarle solución a los problemas". Hablar de que cambiando la Constitución se va acabar la pobreza en Honduras es venderle una falsa ilusión a la población, lo que el país necesita es compromiso de todos y gobernantes honestos, responsables y respetuosos de las leyes, agregó Leitzelar.
Otros actores
Además de Rodríguez, el ex presidenciable Olban Valladares también sostiene que existen otros sectores que deben jugar un papel en la búsqueda de la unidad, como los medios de comunicación, las iglesias y los grupos organizados. Ambos recomiendan que ya no debe seguírsele el juego a la confrontación, que solo trae rencor y odio. Piden que desde los medios de comunicación, desde los púlpitos, se luche contra esa confrontación abriendo espacios de diálogo y reconciliación.
En una sociedad libre, las ideas se combaten con ideas no con insultos, no con violaciones, no con armas, sostienen.
La Iglesia Católica también recuerda que "todo reino dividido perece", por lo tanto es urgente buscar la unidad porque Honduras no está destinada a perecer.
Los hondureños abogan por una voluntad para encontrar la paz, no la paz de los cementerios, sino aquella que reconcilie a los grupos en conflicto, la paz que fraternice y haga a los hermanos más hermanos.
La familia hondureña se encuentra unida
La familia hondureña no está dividida. La crisis política de que se habla no es más que la posición ideológica de dos grupos, en esta capital, consideró el ex presidenciable Olban Valladares.
Al hablar de la reconciliación de la familia hondureña hay que poner las cosas en su verdadera perspectiva, recomendó. "Nosotros hablamos de una familia hondureña irreconciliable o irreconciliada con marcadas tendencias a la separación porque unos han optado por estar del lado del ex presidente Zelaya y otros que dicen que apoyan la filosofía de las acciones que encabeza el presidente (Roberto) Micheletti".
Al recorrer el país, la gente puede darse cuenta que la efervescencia y los efectos de la confrontación está concentrada en la capital.
Por ejemplo, en San Pedro Sula, donde los ciudadanos no dependen de los puestos políticos, la vida transcurre con normalidad, cada quien esforzándose por contrarrestar la crisis económica. Entonces "uno" se pregunta ¿en realidad la familia hondureña está dividida? o solo son los de Tegucigalpa que "estamos en este fragor, que solo crea incertidumbre", cuestionó Valladares.
Recomendó a las partes en enfrentamiento buscar la reconciliación y pidió a los medios de comunicación, a las iglesias y a los sectores organizaciones no seguir el juego de la confrontación.