Honduras
La democracia dejó su huella en los hondureños. Basta con alzar la mano y ponerla al descubierto para darse cuenta.
Hombres, mujeres, jóvenes, ancianos y hasta discapacitados le hablaron al mundo a través de las urnas. Le gritaron a la comunidad internacional que el país quiere vivir en democracia.
Fue una cita única. La defensa de la democracia movió a millares de catrachos que querían lucir orgullosos su dedito pintado de democracia. La cita en las urnas se volvió una "deditomanía".
Los centros de votación del país se convirtieron en un reencuentro con amigos y familiares. De ahí que se pueda decir que Honduras entera se volcó a las urnas.
Los padres se hicieron acompañar de sus hijos. Entusiasmados, estos pequeñines hasta se lograron colar a las cabinas de votación para aprender cómo se defiende la democracia. Y por si fuera poco, los pequeños también querían estar a la moda, orgullosos buscaban lucir su dedo pintado de democracia.
Claudia Mondragón es una joven que pese a residir de manera temporal en San Salvador no se quiso perder la fiesta cívica y se animó a recorrer al menos seis horas desde aquel país para llegar al suelo que la vio nacer.
"Me vine con temor porque nos habían dicho que la frontera iba a estar cerrada, pero por suerte logramos pasar sin mayor problema y ahora estoy aquí, emocionada por votar y por demostrarle al mundo que los hondureños se respetan, para decirles que queremos vivir en democracia", dijo la joven.
En definitiva, la de los catrachos fue una fiesta sin igual. Los comicios se desarrollaron masivamente y en total tranquilidad. Las amenazas de disturbio se hicieron a un lado y no hubo incidentes que lamentar. Honduras le demostró al mundo, una vez, más que los catrachos son gente única, que aman su tierra y que están hechos para defenderla.