Honduras
El fantasma de la calamidad ronda los campos y vecindarios de 38 municipios de la zona sur y oriente del país, donde viven aproximadamente 39,864 familias.
Como si la pobreza en estos sectores fuera poco, la sequía y la indiferencia gubernamental van de la mano para amargarle la existencia a esos pobladores.
Aquí, los alimentos básicos -maíz, maicillo y frijoles- y el agua para el consumo humano y de los animales cada minuto se agotan y no hay quien prevea soluciones.
Esta realidad, unida a las proyecciones de la Comisión Nacional de Contingencias (Copeco) no son nada alentadoras. Esta institución proyecta que unas 50,234 familias, de 65 municipios ubicados en Choluteca, Valle y en la franja sur de Francisco Morazán, El Paraíso, La Paz, Intibucá y Lempira, sufrirán en los próximos meses el impacto de la falta de alimentos.
EL HERALDO hizo un recorrido por la zonas sur y oriente del país, encontrando un panorama aterrador que solo presagia hambre y sed.
Aunque las voces de auxilio ya se escuchan a lo largo y ancho de estos bordes de miseria, por el momento nadie responde.
El recorrido de EL HERALDO comenzó por Sabanagrande, La Venta, Reitoca, Alubarén, Curarén y La Libertad, municipios del sur de Francisco Morazán, donde la gente expresó que para abril ya no tendrá qué comer y beber.
Actualmente se gastan los últimos granos básicos que lograron cultivar con las pocas lluvias del año pasado.
En estas comunidades, donde viven 3,203 familias, como no hubo cosecha de postrera, en enero y febrero, entonces los campesinos abandonaron los áridos campos y hoy deambulan por las calles, desalentados por no encontrar una oportunidad de trabajo.
"Qué razón tendría sembrar si aquí la lluvia hace mucho tiempo que desapareció", lamentó el campesino Julio Pérez Castillo. La siembra de primera dio poca cosecha por el débil invierno, y las siembras de postrera desaparecieron porque nunca llovió, recordó.
En este sector de tierra infértil, donde el ganado languidece bajo los árboles y los gallos cantan sin esperanza, la pregunta que el visitante se hace es: ¿cómo subsiste la gente en estos municipios donde no hay alimentos, donde no hay agua, donde no hay trabajos ni salarios?
"Ahorita estamos pasando con el maíz cosechado el año anterior, pero ya se nos está terminando. En abril la situación será difícil, ya que mi esposo no encuentra ni trabajo", lamentó Enma Maritza Herrera, mientras cuidaba una olla -con un poco de frijoles- que calentaba sobre un triste fogón.
A la ausencia de los alimentos se une la falta de agua. Como en la Luna, aquí solo hay rastros de los ríos, y los pozos ya no dan suficiente líquido.
En esta crisis los que más están sufriendo son los niños, quienes ya están abandonando las escuelas porque no tienen qué comer, y además deben ayudar al acarreo de agua para el consumo.
Prevención
De estos siete municipios, el único que se está preparando para enfrentar la escasez de granos de primera necesidad es Reitoca, las demás corporaciones solo son administradoras de pobreza.
Félix Romero, vicealcalde de este municipio, explicó que previendo que en mayo, junio y julio habrá hambruna, están comprando maíz, maicillo y frijoles con unos recursos que quedaron de la denominada Estrategia para la Reducción de la Pobreza.
La gente está agotando sus reservas, "nosotros estamos claros que habrá escasez, por eso este producto lo tendremos para última hora, cuando ya miremos la necesidad de la gente decidiremos su distribución, que podría ser vendido a un precio módico, o entregado por trabajo", expresó.
Por el momento esta alcaldía cuenta con 310 cargas de maicillo, 260 cargas de maíz y 267 frijoles. Aunque en un momento crítico esta cantidad de granos resultará insuficiente, de algo servirá, sostuvo Romero.
Esta previsión no es la misma en las demás alcaldías. La situación financiera de las otras corporaciones edilicias es tan precaria como la misma situación alimentaria de la población. Durante el 2010 no han recibido ninguna transferencia gubernamental.
Con esta situación económica de las corporaciones es difícil hacer algo para enfrentar la crisis, dijo Óscar Arnulfo Fiallos, alcalde de Alubarén. "Aquí la gente está subsistiendo por la misericordia de Dios", reflexionó.
Según él, como la gente ya consumió lo de la cosecha pasada, y otra parte la vendieron para adquirir otros productos, "ahora viven de lo poquito que consiguen a diario".
La situación general en el municipio es crítica y esto está comenzando. "Lo más preocupante es que los alimentos se están escaseando poco a poco", dijo Fiallos.
Los únicos productos que podrían palear un poco la urgencia de alimentos son los mangos y las ciruelas que se producen regularmente en estas comunidades.
Pero la situación es tan desesperante que los mangos -aún tiernos- la gente ya los están cortando y vendiendo.
A este ritmo de urgencia, las ciruelas, cuyas cosechas se registran en abril, también corren peligro.
Desconfianza
La falta de confianza en las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y en instituciones como la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG) está ampliamente extendida entre la gente y las autoridades de estos siete municipios.
A lo largo de las carreteras que dan acceso a los caseríos hay rótulos de ONG y de la SAG que anuncian la ejecución de este y otro proyecto, pero en la realidad no hay nada. Los mismos alcaldes sostienen que varios representantes de ONG les visitan para ofrecerles el desarrollo de programas y proyectos, pero luego desaparecen.
Los ediles piden al nuevo gobierno que les abastezca de granos básicos para enfrentar los meses más críticos, esperando que en agosto ya haya cosecha de la siembra de primera.
Por su lado, los agricultores claman apoyo con fertilizantes para mejorar la producción y químicos para combatir las plagas que atacan los cultivos.