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Desesperación por carestía de alimentos y agua en el departamento de Valle

Igual que en los municipios del sur de Francisco Morazán, en este sector los alimentos se agotan. Las fuentes de agua se secaron desde diciembre.
08.03.10 - Actualizado: 09.03.10 02:27pm - Redacción: redaccion@elheraldo.hn

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Valle,

Honduras

El viejo artesano descargó su machete con la precisión de una máquina. A medida le daba forma a una batea, Raymundo Maldonado iba relatando cómo en sus 85 años de vida ha sobrevivido a varias hambrunas y sequías, pero nada similar a la que se avecina.

Este anciano de voz infantil, partiendo de su experiencia, también avisora para los próximos días un desastre en la alimentación de las personas. Los que saben un oficio, aquellos que son creativos tendrán la fortaleza para enfrentar los próximos meses, advirtió.

¿Y los demás?, se le preguntó. Ellos estarán expuestos a convertirse en ladrones o a irse de estos pueblos, al no encontrar un trabajo y al no tener nada para llevar a su familia, presagió.

EL HERALDO encontró a Maldonado en su casa de bahareque ubicada en El Tablón, uno de los caseríos más olvidados del municipio de Caridad.

Aquí, como a lo largo de la línea fronteriza con El Salvador, la extrema pobreza juega un brusco contraste con las atractivas casas de los migrantes.

“Ahora estoy asustado”, dijo Maldonado, recordando que su familia ha sobrevivido a varias crisis alimentarias gracias a las bateas que aprendió a elaborar, pero ahora el problema es más severo. La batea es un utensilio hecho de madera que las amas de casa, principalmente las del campo, utilizan para amasar harina o servir comida.

Mientras él labraba el madero de árbol de bálsamo, dando forma al producto de cocina, María Isabel Santos relató que ante la preocupación por la falta de alimentos su esposo se levanta ahora más temprano a trabajar.

El producto de este artesano es llevado por sus hijos al mercado, incluso algunas veces es vendido en El Salvador. “Con mi trabajo yo podré comprar frijoles y maíz y de vez en cuando masticar carne”, dijo el anciano.

La falta de alimentos y de agua está volviendo más precaria la vida de los habitantes de casi todos los municipios de Valle, que de por sí son muy pobres.

“Pero el problema es más complicado cuando las alcaldías no tienen cómo ayudar a la gente”, lamentó Adán Bonilla, vicealcalde de Caridad.

Realidad

Las historias de escasez de alimentos y agua se repiten a lo largo del corredor de la pobreza en la zona sur. En Valle, donde la gente suda aun cuando está sentada o viendo televisión, la despiadada calor termina de complicarle la existencia a todo ser viviente.

Igual que en los municipios del sur de Francisco Morazán, en este sector los alimentos se agotan. Las fuentes de agua se secaron desde diciembre.

De los ríos solo hay rastros y en lo que fueron los pastizales ahora solo se levantan remolinos de polvo. En el caserío de El Sacamín, Aramecina, ante la falta de agua, las personas cavan pozos en aquellos sitios arenosos donde estaban los ríos.

Cuando la gente tiene suerte encuentran agua y de ella subsiste. “Aquí conseguir el agua está muy difícil, encontrar la comida también. Uno que se dedica a la agricultura tampoco encuentra trabajo y no sabemos cómo vamos a pasar los próximos meses”, dijo Rosalío Gálvez.

De acuerdo con los estudios de la Comisión Permanente de Contingencias (Copeco), ocho de los nueve municipios de Valle, donde viven 8,798 familias, sufrirán el impacto del hambre y la sequía.

El único municipio que no aparece en el mapeo es Amapala, de ahí Goascorán, San Francisco de Coray, Aramecina, Alianza, San Lorenzo, Nacaome y Langue ya son afectados.

La sequía también está golpeando severamente al ganado, uno de los rubros del cual viven muchas personas en este departamento.

Por las calles puede verse a los dueños o a los mozos con sus hatos de vacas, caminando hasta cinco kilómetros para llegar al río Goascorán, afluente que también cada día pierde su caudal.

Asimismo, muchas familias que en este sector viven de las remesas que les mandan sus parientes de Estados Unidos, también lucen preocupadas, pues desde hace un tiempo sus parientes les redujeron los envíos, lo cual les está afectando en la parte alimentaria.

Norberta Bustillo, una sexagenera que vive en la comunidad de El Cubulero, Alianza, relató que sus hijos ya no le envían dinero muy seguido y esto ha afectado la compra de alimentos y otros productos propios de la cocina.

“En esta comunidad hay personas que ya tienen más de ocho meses sin recibir un centavo”, explicó.

IngenioAquellas personas que viven más cerca del océano Pacífico tendrán más oportunidad de sortear la crisis. Como no hay trabajo, los hombres se van a los manglares a buscar cangrejos, otros pescan y así esperan pasar los días hasta que llueva y nuevamente puedan cultivar.

Sin embargo, esta forma de vida podría extenderse hasta julio, cuando la sequía estaría finalizando, según las proyecciones de meteorología.

Ante la crisis, algunos jóvenes hacen hasta mandados para agenciarse unos lempiras y llevar algo de comer a sus familias. Ante la resequedad de la zona y la falta de pastos para el ganado, Olga Marina Bustillo, por el momento, encontró la forma de alimentar a sus cuatro vaquillas.

Esta ama de casa todos los días recorre el campo cortando jícaros o morros, a los cuales posteriormente les extrae la comida para alimentar a sus animales.

EL HERALDO la encontró sentada bajo un árbol de jícaro, golpeando una fruta tras otra, mientras las vacas, desesperadas por el hambre, casi le arrebatan el alimento.

Según ella, el jícaro resulta mejor alimento para el ganado que el caro concentrado. Dice tener calculado que por cada 15 morros que se come una vaca recién parida obtiene como resultado un litro de leche.

¿Qué va hacer cuando se le terminen los morros?, se le consultó. “No sé, voy a ver cómo las mantengo”, respondió. ¿Las va a destazar? “Comer mucha carne es malo”, replicó, mientras seguía destrozando los jícaros.

En este departamento, como en otros sectores de la zona sur, el presagio del viejo artesano de que los más creativos sobrellevarán la crisis se va cumpliendo a cabalidad.

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Como no hay pasto para el ganado, Olga Marina Bustillo alimenta a sus vaquillas con centenares de frutos de jícaro.
Como no hay pasto para el ganado, Olga Marina Bustillo alimenta a sus vaquillas con centenares de frutos de jícaro.

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