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Palmas de olivo, ramos de la esperanza

Doña Marielena García también lleva años dedicándose a la cosecha de las palmas de olivo.
27.03.10 - Actualizado: 27.03.10 09:11pm - Redacción: redaccion@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

Las verdes, frescas y recién cortadas palmas de olivo próximas a ser bendecidas y que con alegría portan los cristianos católicos, están listas para celebrar la fiesta del Domingo de Ramos.

Con esta solemnidad que recuerda la entrada triunfal del Hijo del Hombre a Jerusalén, donde fue ovacionado con júbilo, inicia hoy la Semana Santa o Semana Mayor.

Sin duda, este es un tiempo donde la tradición, la solemnidad, la devoción y el fervor religioso van unidos, se convierte en la celebración más importante para el pueblo cristiano católico.

En la Semana Mayor se revive el gesto de amor de Dios hacia la humanidad, al entregar a su único hijo para dar vida.

Esta es la época propicia para conmemorar los misterios que envuelven la fe: pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, donde el único protagonista es él, de cara a los últimos días de su vida en la Tierra.

“La de Semana Santa, es el hecho central en nuestra vida de cristianos, es la fiesta de la Pascua, la fiesta del Señor”, declaró Carlo Magno Núñez, canciller de la Iglesia Católica.

No alejándonos de la tradición y el fervor religioso que caracteriza a los pueblos de Honduras; los capitalinos se disponen una vez más para vivir día a día, paso a paso, la Semana Mayor, que inicia hoy con el Domingo de Ramos .

Ramos de esperanza

Los ramos que se elaboran con las palmas extraídas de las plantas de olivo o coyol, como se le denomina en varios lugares de Honduras, son el emblema singular de esta solemnidad.

De matices verdes, para evocar la esperanza, olor fragante y belleza modesta y sencilla, así son los ramos de olivo. Tierra adentro, en pintorescos rincones catrachos y fértiles suelos tropicales, crece esta planta que pertenece a la familia de las palmeras o palma africana.

En muchas comunidades del país, entre estas dos municipios del sur de Francisco Morazán, Alubarén y Reitoca, esta planta de altura elegante y tronco erizado por cientos de espinas es considerada bendita. En los días previos a la Semana Santa, cuando la Cuaresma está por concluir, muchas familias de escasos recursos económicos, obtienen de la planta de olivo o coyol su sustento.

De ellas extraen las verdes palmas y flores que se encuentran al interior de las bellotas para confeccionar los ramos y pequeñas cruces utilizadas en la procesión.

Doña Marcos García Isidro, una humilde ama de casa de 68 años, que reside en la aldea de Los Amates, en Alubarén, colindando con Reitoca, espera la Semana Santa como las aguas de mayo.

Es la temporada que ella, sus hijos y nietos se suman desde hace 10 años a la labor de cosechar las palmas de olivo, para luego trasladarlas a la capital y venderlas en el atrio de la Catedral San Miguel Arcángel, a los feligreses y devotos que participan en la procesión del Domingo de Ramos.

El día escogido para cumplir con esta misión es el día jueves, previo al Viernes de Dolores.

Y no se trata de un día seleccionado al azar, sino tomando en cuenta que en los próximos ocho días será Jueves Santo, día en que se conmemora la institución de la eucaristía y el prendimiento de Jesucristo, horas antes de morir crucificado.

La actividad comienza por levantarse a las 3:00 en punto de la madrugada, pues les espera recorrer un largo camino hacia la comunidad de El Capulín, sitio donde se encuentran las palmeras de olivo.

La travesía tarda tres horas, a las 6:00 de la mañana, hora del rezo del Ángelus, doña Marcos y su familia, llegan al Capulín, donde les espera una ardua labor.

Luego de tomar una taza de café para calentarse el estómago, comienza “la cosecha” de las palmas de coyol, que son bajadas con cuidado una a una de la parte alta de la palmera, o sea que se seleccionan los retoños, para luego estibarse en bultos.

Las horas pasan y cada uno de los descendientes de doña Marcos se afana en esta labor, teniendo como únicas compañías los fuertes rayos del sol que va tostando sus rostros, el murmullo del viento y el lúgubre y monótono canto de las chicharras que anuncian la pasión y muerte del Señor.

La jornada termina cuando el producto es trasladado en las primeras horas del Viernes de Dolores a la capital.

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Las palmeras de Olivo también producen unas bellotas, que en su interior guardan flores que sirven para adornar los ramos de olivo.
Las palmeras de Olivo también producen unas bellotas, que en su interior guardan flores que sirven para adornar los ramos de olivo.

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