Honduras
De niña fue la persona más tímida sobre la faz de la tierra, al grado que ni ella misma se reconocía la voz, asegura. Las exposiciones en la secundaria le producían un estado de shock y qué decir si de expresarse libremente en público se trataba.
En muchas ocasiones, la genética en su familia de escritores la confortaba. El "yo interno" le recordaba cada vez que estaba vuelta un manojo de nervios... "vas a escribir solita, con toda la tranquilidad y el silencio del mundo".
Pero la espinita de comunicadora social se encontraba incrustada -solo tomando un breve receso- en el alma de Evelin Melissa Amaya, coordinadora de noticias de Radio Cadena Voces (RCV).
Durante casi 20 años se ha dedicado en cuerpo y alma a la profesión más noble y sacrificada a la vez, que le ha formado un carácter firme, aguerrido y con autoridad.
"Soy divorciada, nací en Tegucigalpa, viví casi toda mi vida en El Reparto, tengo 41 años y un hijo, Carlos Andrés Quan, de nueve años, que es mi vida", nos contó casi mecánicamente.
Su profesión la apasiona tanto que no vacila en decir que si volviera a nacer 10 veces, las 10 veces volvería a ser periodista.
"Es difícil ser mujer y ser periodista, porque se sacrifica todo hasta la familia, pero lo es aún más cuando se es jefe, porque vivimos todavía bajo un sistema patriarcal", expresó.
Aunque se llena de melancolía al reconocer que se ha perdido los besos de la mañana de su hijo y muchas celebraciones del Día de la Madre por estar trabajando, dice que ha inventado una táctica para estar todo el tiempo posible con su tesoro.
"He acostumbrado que el bus me deje a Andrés acá a la radio y acá hacemos la tarea y estamos juntos", comentó.
Como su llegada coincide con la hora del noticiero "Epicentro de noticias" edición vespertina, durante los anuncios lo ayuda con los ejercicios de matemáticas.
Amaya asegura que la cobertura que más ha marcado su vida fue el paso del huracán Mitch a finales de 1998.
"Como vivía en El Reparto, una zona altamente vulnerable, cubría el hecho pero en mi interior me preguntaba qué estaba pasando con mi familia. Era entre dejar la cámara y ayudar a la gente desesperada y azotada por el agua. Esas imágenes nunca se borrarán de mi mente", recuerda.
Entre sus mil y una anécdotas, Amaya agradece a Dios por haberla librado de tomar el avión A320 de Taca que se accidentó en el aeropuerto Toncontín en mayo de 2008.
"De alguna manera perdí el vuelo porque justo me tocaba abordar ese avión que nunca llegó porque se estrelló. Fue como nacer de nuevo", asevera.