Honduras
Sus ojos no dejaban de seguir al vehículo que pasaba frente a él. La ventana del auto abajo, un gesto con la cabeza y las luces intermitentes iluminando a medias la oscura calle era la señal que buscaba.
Echó un vistazo hacia todos lados. Sigilosamente, y sacando las manos de su bolsillo, se acercó a la ventana del pasajero del vehículo que se había aparcado frente a él y que, sin duda, alguna le ofrecía dinero a cambio de placer y delito.
La ventana de la puerta del pasajero se abrió, se inclinó y apoyándose sobre la puerta ofreció lo que se esperaba.
-¿Qué ondas?, ¿Cómo estás?
Fueron las dos preguntas con las que el jovenzuelo rompió el hielo.
Su mirada estaba clavada en los ojos del que quería que fuera su cliente. Sus ojos no podían ocultar el temor que se mezclaba con las ganas de conseguir dinero.
-¿Qué ondas?, ¿Qué me ofrecés? fue la respuesta del hombre al volante que, según el menor, quería llevárselo a la cama, pero que en realidad era el periodista encubierto de EL HERALDO que buscaba desnudar cómo decenas de niños se prostituyen en pleno centro de la capital.
-No man, lo que vos querrás. Vos ya sabés qué ondas.
Dijo con una voz suave y temblorosa que le impedía ocultar el temor y su condición de niño y adolescente.
-¿Cómo te llamás?
-Manuel.
-Mirá loco, lo que quiero es pasarla bien, divertirme un rato y me fijé que acá se puede conseguir algo. ¿Vos crees que se pueda?
-Claro vo, ¿qué querés?
-No sé, vos decime qué es lo que ofrecés.
-No le parés bola. Lo que vos querrás.
Dijo el jovencito, vestido de negro, intentando corroborar si alguien más estaba al interior del vehículo.
-Bueno, vos sabés lo que uno busca aquí. ¿Cuánto me va a costar?
-Dame cien pesos y te hago lo que querrás.
La "oferta" desconcertó. Por tan solo cien lempiras el menor estaba entregando su dignidad, su cuerpo, su salud.
- ¿Y cuántos años tenés?
- 16.
-Loco, pero me voy a meter a problemas si me meto con vos. Sos menor de edad.
-No le pongás mente a eso. Si no es la primera vez que me meto en este rollo. ¿Entonces, te animás o no?
-Subite pue.
Mientras, un par de metros atrás otro vehículo aparcado desde hacía varios minutos captaba toda la operación. Era el segundo equipo investigativo de EL HERALDO que mostraba cómo se prostituye un niño.
Las luces intermitentes se apagaron y el vehículo siguió su marcha. El plan ya estaba trazado. Se le diría al niño que a última hora había aparecido el arrepentimiento por tratarse de un menor de edad y se le bajaría del auto en otro sector del mismo centro de la capital donde también se captaría la imagen.
-Hey loco, pero no hemos pensado en algo. ¿Dónde lo vamos a hacer? ¿Vos tenés algún lugar?
-Mirá, ya he ido antes al... (menciona el nombre de un hospedaje). Es acá en el Guanacaste. Ahí ya he entrado antes y no me piden la identidad. El señor no se mete a rollos.
Solo el jovenzuelo sabe lo que en ese momento pasaba por su mente, pero sí era evidente que una vez dentro y con el carro en marcha la seguridad que aparentaba antes había empezado a traicionarlo.
Temblaba muy sutilmente, su mirada se mantenía hacia abajo y su mano derecha no se separaba del llamador de la puerta del pasajero.
Era el momento oportuno para tranquilizarlo y tratar de darle confianza para que contara algo sobre su vida.
-Tranquilo man, soy de fiar. ¿Por qué estás en estos rollos vo?
- Por el pisto.
-¿Y para qué querés pisto vos?
-Para pagarme los estudios.
-Pero para eso deberían ayudarte tus papás.
-No vivo con ellos. Vivo con mi abuela y como ella no trabaja.
El rumbo que estaba tomando el vehículo era diferente al que él había propuesto. Había que bajarlo en las cercanías de la Catedral Metropolitana, sitio donde otro equipo de EL HERALDO estaba a la espera para hacer las gráficas del momento en el que el joven que estaba dispuesto a vender su cuerpo se bajara del carro.
-Loco, el hospedaje que te dije es en el Guanacaste y vas de vuelta para el centro.
-Sí, chavo, lo que pasa es que me preocupa que en ese lugar nos vayan a fregar porque sos menor de edad. A mí es al que van a meter "precioso".
-Ya te dije que con ese don no hay falla.
-Ya viste que la Policía anda revuelta y ya han pasado varias patrullas. Me pueden fregar.
-¡Pucha!, solo me pajeaste.
El auto estaba en el lugar acordado con el segundo equipo de EL HERALDO para que el joven saliera del carro.
Los cerrojos eléctricos se abrieron para indicarle al menor que debía bajarse del carro.
El joven bajó sin mayor protesta no sin antes invitar: "Ahí volvés si te decidís", dijo mientras bajaba del auto.
Segundo equipo
Pero José Manuel no es el único que se pasea por el centro de la ciudad ofreciendo su cuerpo.
A media cuadra de su puesto de operaciones permanece Marvin, al menos ese es el nombre que dice tener.
Este jovenzuelo de apenas 17 años parece haberse adueñado de la esquina más sugestiva de toda la calle Los Horcones, en pleno centro de la capital.
Se aposta frente a un "alto" que invita a los conductores a hacer una escala en la ruta del placer prohibido, por estar manchado de delito.
El tercer equipo investigativo de EL HERALDO ha puesto sus ojos en él. El vehículo se le acerca y le invita a dar placer a cambio de dinero. Pero se le advierte que es la primera vez que se recurre a buscar sexo en la calle.
Para el joven no había mayor problema, pues sabía muy bien cómo manejar la situación.
Sugiere al cliente, sin saber que se trata del equipo investigativo de EL HERALDO, ir a un hospedaje en las cercanías del centro de la ciudad o de movilizarse a su apartamento que se ubica a pocas cuadras de donde opera.
-¿Y cuánto cobrás?
-300 pesos (lempiras) responde sin titubear.
Pero la duda con respecto a su edad hace su presencia en el cliente encubierto y le da la opción al jovenzuelo de regresar luego debido a que una patrulla de la Policía merodea el lugar.
El auto retoma la marcha. Había sido suficiente para graficar la disposición del niño para vender su cuerpo por tres billetes amarillos.