Estados Unidos
Para la mayoría de los ciudadanos estadounidenses, el día de las elecciones fue casi normal (no hubo feriado), con la excepción de que tuvieron que acudir a las urnas.
¿Pero cómo fue el día para los hondureños que participaron en esta contienda y cómo lo vivieron? EL HERALDO pasó un día con una familia de catrachos y esta es la historia.
Había que salir desde Nueva Orleans y llegar a la ciudad vecina de Kenner. En un barrio de clase media la familia Midence Argüello comenzaba el día como cualquier otro.
A las nueve y media de la mañana, EL HERALDO tocó la puerta de la casa de estos compatriotas que se levantaron con la ilusión de participar, varios de ellos por primera vez, en un proceso electoral presidencial.
Al abrirse la puerta de este hogar, formado por cuatro hondureños, tres de ellos votantes, el aroma a frijoles fritos se encarga de dar la bienvenida. El desayuno lo preparaba Florinda Midence, una catracha de 65 años que vive en este país desde hace 23.
Por falta de interés no había tramitado la ciudadanía estadounidense (tiene residencia desde hace más de 20 años), cuenta mientras calienta las tortillas de maíz en un horno y al mismo tiempo saca el queso y la mantequilla del refrigerador.
Todos los lácteos son “made in” Honduras.
En 2005, la inquietud se apoderó de su cabeza y decidió solicitar la ciudadanía. Por eso, ayer fue la primera vez que participó en un proceso electoral presidencial de esta nación que “me ha tratado bien y ahora como ciudadana cumplo con ese deber”.
Por suerte ningún cliente le solicitó sus servicios ayer. Ella limpia casas, unas cuatro o cinco por semana, lo que le genera ingresos de 70 dólares por unidad.
“Acá el que no trabaja no come”, dice con su mirada fija en los huevos estrellados que prepara para su familia.
Listos para irse
Su hijo, Orlando Argüello, de 43 años y residente estadounidense desde hace 15 meses, se excusa y pide una prórroga para el viaje a las urnas. Una de sus hermanas está enferma y él se ofrece a llevarle medicamentos.
No hay prisa, la mayoría de los electores estadounidenses tradicionalmente esperan o calculan el momento en el que las urnas pueden estar vacías o con menos gente.
Floribel, hermana de Orlando, se marcha de la casa porque debe trabajar, pero dejando entrever que podría votar en horas de la tarde.
Norma Zúniga, otra catracha ciudadana estadounidense, se apunta en la lista para ir a votar junto a doña Florinda.
Ella llega precisamente al momento de servir el desayuno. Todos comen, a excepción de Orlando, que lo hará a la carrera luego de su retorno.
El reloj marcaba las once de la mañana cuando doña Florinda, Orlando y Norma deciden emprender el viaje a la urna que se les asignó para manifestar su preferencia política.
Unos diez minutos de distancia separan el centro de votación de la casa de la familia Midence Argüello. En el trayecto discuten si deben pasar dejando unas llantas ponchadas que la hermana enferma dejó en la valija de la camioneta familiar, una Toyota año 2002.
“Todavía no me he decidido”, bromea Orlando para “molestar” a su madre y a Norma, que desde el desayuno manifestaron su apoyo incondicional por el candidato demócrata Barack Obama.
La pelea en esta familia hondureña la ganó Obama, pese a que Orlando al final se decidió por el republicano John McCain.
En el centro de votación
A las 11:15 de la mañana, todos están en la fila del centro de votación. Solo cuatro personas están antes que ellos.
“Qué suerte”, dice Norma, que recuerda que en la pasada elección (2004) tuvo que hacer una fila más larga. Esta es su segunda participación en una elección presidencial.
La primera en dar su identificación es doña Florinda, la persona que la atiende le gasta una broma porque “tiene buena cobertura” (de EL HERALDO que le toma fotografías).
Le indican que tiene que pasar a la urna número dos y que no se olvide de presionar el botón “end”, es decir el que ordena a la máquina electrónica concluir la votación. Orlando y Norma reciben las mismas instrucciones.
Norma pasa a la urna número uno y Orlando a la tres. Norma quiere estar segura que su voto será para Obama y desde detrás de las cortinas rojas que cubren la urna le pregunta a doña Florinda si es en la primera casilla donde debe presionar.
“Sí”, es la respuesta que obtiene de doña Florinda, “allí donde está el burrito (imagen que representa a los demócratas)”, le reitera, ya ambas casi muertas de la risa.
McCain, identificado con el elefante, estaba en la tercera casilla, en medio de ambos se encontraba la aspirante del Partido Verde, Cynthia McKinney.
La votación les toma unos tres minutos. Martin Short, comisario electoral de ese centro de votación, cuenta que hasta esa hora habían recibido unas 400 electores.
“Cuando venimos a las cinco (de la mañana) ya habían como cuatro personas haciendo fila”, amplía el comisario, que no se inmuta ante el diálogo en español que sostienen doña Florinda y Norma desde sus urnas.
Los tres hondureños votantes traen dibujada una sonrisa al salir de las urnas. Doña Florinda espera casi en medio de las tres urnas a Norma. Orlando sale después como buscándose algo en las bolsas del jeans.
Por suerte Orlando no trabajó ayer. Él devenga unos 25 dólares por hora en una refinería de petróleo.
Lo que esperan a cambio
En los diez minutos que tardó el viaje de regreso a casa, los tres debaten sobre las propuestas de Obama y McCain y las damas intentan que Orlando les confiese por quién votó.
Pero él no cede ante las presiones, aunque minutos después se confesó con EL HERALDO.
Una vez cumplido con este deber como ciudadanos, como ellos mismos lo definieron, se sienten con la potestad de expresar lo que quieren a cambio.
Orlando espera que la reforma migratoria sea una realidad. Actualmente él ha solicitado al gobierno estadounidense la aprobación de la residencia para su esposa y sus dos hijos que están en San Pedro Sula.
Doña Florinda dice que quiere que haya más trabajo, “de esa forma habrá más casas que limpiar… hoy la situación obliga a la gente a asear sus propias casas”.
Norma, por el contrario, aboga porque en el corazón del que resulte ganador en esta contienda esté Dios, para que lo guíe y lo ilumine para encontrar un mejor destino para este país. La hora del almuerzo llegó y el menú solo contenía wafles y sodas.