Honduras
La lucha por alcanzar un cargo de elección popular no es tarea fácil. Además de una ardua labor en la búsqueda de votos de los electores, los aspirantes apelan a una fuerza más superior: la fe.
La mayoría de candidatos en esta contienda electoral interna aseguran no creer en supersticiones, rituales o poseer amuletos.
Sin embargo, sí aseguran tener una medalla de la Virgen, un rosario, leer la Biblia o simplemente orar, antes de iniciar las jornadas de trabajo a lo largo y ancho del país.
Estos artículos se han convertido en el mejor amuleto que declarará favoritos a muchos candidatos este domingo en las urnas, ya que están más que convencidos que la política no es cuestión de suerte, sino de propuestas creíbles.
Cero cuentos
Aunque asegura no tener ningún prejuicio, al momento de vestir, el candidato a la presidencia por el Partido Nacional, Porfirio Lobo Sosa, jamás se pondría una prenda color roja.
"Y no es que se trate de una rebeldía o una pisca de sectarismo, sino simplemente hay colores que no son favoritos de uno... entonces ese no me lo pongo nunca", aclara.
Su fortaleza está en Dios y en su palabra, ya que cree fielmente que es el único que puede marcar el camino y decidir la suerte del ser humano. Sin embargo, en su vida le gustó mucho estudiar el materialismo histórico, ya que le intrigó seriamente encontrar una explicación lógica del por qué suceden las cosas.
Otro de los políticos que dice no creer en supersticiones, al menos no en política, es el aspirante a la Alcaldía Municipal y actual edil capitalino, Ricardo Álvarez. Sin embargo, confió que lo fue antes en el fútbol. En cada encuentro deportivo en el que participaba el ya desaparecido equipo Nacional, que por muchos años peleó el ascenso a la primera división del fútbol hondureño, se ponía la misma ropa siempre: el mismo pantalón, camisa, calcetines, zapatos incluso los mismos calzoncillos, pues esto le daba la confianza que su cuadro saldría triunfador.
"En la política estoy claro que debe ser la oferta y el trabajo, lo que hace que la gente confíe en uno", reitera.
No obstante, hay algo que el edil capitalino hace en eventos muy trascendentales en su vida privada y lo más probable que lo haga el día de las elecciones. Álvarez es católico y muy devoto de la Virgen de Suyapa y cuando asiste o participa en algo importante, arranca una estrellita del marco de la Virgen y junto a un crucifijo los introduce en la bolsa de su pantalón.
"Siento que llevo parte de la virgen en mi bolsa cuando lo hago. Me da confianza y seguridad personal", señala.
Asimismo, siempre lleva en su mano izquierda una pulsera con imágenes religiosas que la obtuvo de la Fundación Suyapa.
Para Mario Facussé, candidato nacionalista a la presidencia de la República, que viene de una familia cristiana-evangélica, su fortaleza viene de Dios y su amuleto por decirlo de una manera, es la Biblia.
"No soy supersticioso, definitivamente creo en Dios y en las maravillas que él hace, nada más".
Hay otros, como Eduardo Maldonado, candidato al solio presidencial por el Partido Liberal que no creen en "santos que orinan", ya que asegura que al único ser que alaba es a Jehová.
"Yo no creo en supersticiones, creo en bendiciones y no creo en la buena o mala suerte, sino en ser creíbles sin una campaña mentirosa, porque en las últimas décadas ha ganado el que más miente", comenta.
A su criterio ya no es necesario un candidato con ojos azules, nariz larga o con un apellido rimbombante para gobernar esta nación, sino que se requiere talento, dignidad, inteligencia y disposición de querer sacar adelante este país.
En tanto, el aspirante a alcalde por la corriente "elvincista", Eliseo Castro Pavón, considera que el triunfo en una elección popular no depende de un amuleto, o de rezar siete Padres Nuestros, sino de las propuestas confiables de desarrollar la capital y al país entero.
Un mensaje de Dios
Para Nelson Licona, aspirante a diputado por el movimiento liberal "Ahora sí", el ocupar la casilla número uno en las papeletas electorales, trae un mensaje implícito del Divino Creador del Universo. Asegura que desde un inicio, nunca estuvo en sus planes apostarle a una diputación, pero un día antes de que se presentaran los listados del movimiento, sintió el llamado de Jehová, diciéndole que tenía que hacer algo por su pueblo, que no le tuviera miedo entrar a las trincheras legislativas, pues allí podría hacer muchas cosas beneficiosas para los hondureños.
"Definitivamente hay un mensaje de Dios, porque nunca me sentí con un derecho de ser el número uno, pero creo que es una lección particular que el Señor me está dando que tengo que ser el número uno en todos los aspectos de mi vida personal y laboral", expresó.
Curiosamente ningún candidato por el partido liberal, consultado, tiene prejuicio alguno en vestirse de color azul, pues consideran que los colores no marcan la tendencia o son absolutos distintivos de los partidos políticos.