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¡Se robaron al niño Dios!

Esta tradición amenaza con desaparecer ante el alto costo de la vida, sobre todo porque la costumbre es que para la devolución deben armarse grandes fiestas en la casa del dueño del Niño y en la de quien lo ha “hurtado”
03.01.09 - Actualizado: 03.01.09 07:25pm - Wilfredo Alvarado : diario@elheraldo.hn

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Tegucigalpa ,

Honduras

Un abrir y cerrar de ojos basta para sacarlo del pesebre, el problema está en recuperarlo, porque se debe alistar el bolsillo para armar tremendos reventones y comilonas para los asistentes a la celebración.

El robo de la estatuilla del Niño Dios de los nacimientos es una de las tradiciones de Navidad que al final se cierra con una fiesta bailable desde la noche hasta el amanecer.

La celebración consiste en que una persona sustrae el Niño sin que su dueño se dé cuenta, la mantiene escondida por un período de tres a ocho días y para la devolución se integra una pastorela con personas ataviadas como San José y María, los Reyes Magos, pastores y ángeles, lo que se hace en muchas poblados y grandes ciudades.

Para la señora Melvis Paredes Martínez, residente de la colonia La Fraternidad, el robo del Niño no es más que un pretexto “para bailar y comer”, porque tanto en la casa del que lo roba como en la de la dueña tienen que preparar fiestas y comida para los invitados.

La fiesta dura desde la hora del hallazgo hasta las 7:00 de la mañana del día siguiente.

Doña Melvis asegura que tiene más de 40 años de preparar nacimientos, tradición que heredó de su madre, Engracia Martínez.

A ella le tocó vivir la experiencia de que le robaran el Niño mientras bailaban el 24 de diciembre de 1986.

Un apagón de luz fue suficiente para que sus vecinos Salomón Bustamante, Santos de Bustamante y Eddy Ardón consumaran el plan de sacar la estatuilla del pequeño pesebre y desaparecieran como por arte de magia.

“Esa vez hasta lloré de cólera, porque sabía a lo que me habían metido”, comentó Paredes.

El hallazgo

La dueña del Niño pasa de tres días a una semana sin saber quiénes son los “ladrones”.

A los ocho días le envían una carta para decirle que lo tienen en su poder y la fecha que lo devolverán para comenzar los preparativos de atención a los invitados, que en este caso, la mayoría son los vecinos de su colonia.

Recordó que debido a su situación económica en aquella ocasión se puso de acuerdo con las personas que lo tenían para que lo regresaran hasta el mes de octubre y tener el tiempo suficiente para ahorrar el dinero necesario.

Explicó que el día anterior a la entrega forman pastorelas para salir a buscar al niño en casas diferentes y por último llegan a donde se encuentra.

El día que uno lo encuentra, explicó, “los ladrones” tienen que darle de comer a toda la gente que nos acompaña; se gasta bastante.

Por lo general escogen un sábado, porque organizan fiesta en las dos casas, a las 7:00 de la mañana del siguiente día realizan el recorrido con el Niño acompañados con música de cuerdas, aseguró Paredes Martínez.

“Uno tiene que preparar comida para toda la gente que viene a dejar el Niño, esa vez compré como 30 libras de carne”, recordó.

Ahora doña Melvis no se confía cuando alguien la visita, aprendió bien la lección de que en un abrir y cerrar de ojos el Niño puede desaparecer y la situación económica no está para armar parrandones.

“Yo ya les dije, que si me lo roban no lo voy a buscar”, expresó, al tiempo que agregó, “no me lo vaya a robar usted”.

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La tradición del robo del Niño Jesús se ha ido perdiendo con el paso del tiempo y el crecimiento de la crisis económica.
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