Honduras
Los pichingos se han convertido en una tradición y una costumbre imborrable el fin de año en el país.
El año viejo no se puede ir si las llamas y la pólvora no consumen los graciosos monigotes que confeccionan chicos y grandes para ponerles color y alegría a las fiestas de fin de año que se celebran el último día que marca el calendario.
Los muñecos del año viejo se han convertido en una vieja tradición que pone al descubierto la creatividad y el ingenio de miles de personas que se encargan de elaborar los típicos pichingos que ponen punto y final a un año y dan la bienvenida a otro.
Costumbre
La costumbre consiste en buscar en el ropero o el clóset el pantalón más viejo, la camisa más fea y un par de zapatos inservibles para vestir al monigote, que se rellena de trapos, papel periódico y cohetes, desde los más sencillos hasta los más potentes que se venden de manera ilegal en los mercados de la capital.
Los más ingeniosos incluso se atreven a elaborar esqueletos a base de madera para darle firmeza al monigote.
Las gorras, los sombreros, las pelotas plásticas e incluso las pelucas son indispensables para adornar la cabeza de los pichingos.
Carlos Ismael Lagos, de 41 años, desde hace 15 años confecciona pichingos y los exhibe en la calle sobre un viejo taller mecánico situado en el kilómetro 8 de la carretera hacia el sur de Honduras.
Su afición por los muñecos de año viejo lo ha inspirado en los últimos años a confeccionar monigotes parecidos a algunos funcionarios del gobierno, como una forma de expresar su crítica a la gestión estatal.
Don Carlos aún recuerda cuando confeccionó en 2007 un monigote que representó al presidente de la República a bordo de un avión F5. Su última creación (2008) fue un monigote con el que representó al presidente del Congreso Nacional y a algunos diputados.
Limosna
La tradición es exhibir al público los monigotes y pedir dinero a la gente para la compra de la pólvora que se requiere para encender y estallar los muñecos y así despedir al año viejo.
“Una limosnita para el año viejo...” es la frase de moda los últimos días del año en los diferentes barrios y colonias de las distintas ciudades del país.
Hay quienes únicamente se disfrazan de monigote para pedir dinero a la gente. La hora cero de los pichingos es el 31 de diciembre a las 12:00 de la medianoche.
En la despedida de 2008, el miércoles recién pasado, fueron decenas de monigotes los que se incendiaron justo en la medianoche.
Desde temprano, niños y adultos recorrieron diferentes barrios y colonias de la ciudad con pichingo en hombros para pedir limosna y “reventar” los monigotes al término del año.
Por lo general, el muñeco más gracioso se gana la atención del público y consigue la mayor cantidad de dinero.
La actividad del muñeco de año viejo se resiste a morir en el país a pesar de la prohibición del uso de la pólvora en varias ciudades. Algunas personas conscientes únicamente lo queman a base de gasolina.
La quema del “año viejo” es una costumbre que se ha mantenido viva a través de los años no solo en Honduras, sino también en varios países de América y del resto del mundo.
Según algunos datos históricos, posiblemente la tradición se deriva de rituales antiguos y paganos procedentes de Europa.
Existe una entre tantas teorías que señala que esta tradición probablemente tiene vínculos con la repulsión que los aborígenes indoamericanos le tenían a los españoles, pues en algunas regiones los muñecos tradicionales los elaboran con caras de fisionomía europea y ojos azules o verdes.