Honduras
Casi en familia y sin revelar logros de su gobierno, el presidente Manuel Zelaya celebró ayer frente al Cristo de El Picacho su tercer aniversario de mandato constitucional.
Pocos fueron los funcionarios y diputados que llegaron comparado con otras ocasiones. Sí estuvieron militares y parte del Cuerpo Diplomático y un reducido grupo de los nuevos magistrados.
Algunas activistas, entre ellas Las Macizas, que lo han acompañado durante toda su gestión y en todo momento estuvieron dando vivas al gobernante que en su discurso volvió a criticar a los empresarios a quienes calificó de avaros por no querer pagar el salario mínimo a los trabajadores.
El tercer aniversario lo celebró Zelaya y su esposa Xiomara con una misa de campaña realizada a los pies del monumento al Cristo de El Picacho, en el parque de las Naciones Unidas.
La ceremonia litúrgica fue dirigida por el presbítero Antonio Quetglas y estuvo acompañada por música coral sacra.
El presidente Zelaya repitió la celebración de un aniversario de su gestión como lo había hecho en los dos últimos años.
Sin embargo, esta vez fue notoria la ausencia de personas y seguidores, lo que extrañó a los presentes pues en otros años la plaza es ocupada por centenares de activistas.
Lo que llamó la atención fue que muchos funcionarios no llegaron al evento.
El mensaje
Al gobernante le correspondió la lectura del Deuteronomio (que significa la repetición de la Ley), que consiste casi enteramente en los discursos de despedida de Moisés mientras él dirigía al pueblo de Israel, momentos antes que cruzaran hacia la tierra prometida.
Zelaya invocó a Dios para agradecer “más que a nadie su apoyo y permanente inspiración para bien proveer al pueblo hondureño y a la colectividad mundial, en general”.
El número uno de Casa de Gobierno se preguntó: ¿Cuál es la verdad, el camino, el agua viva, cuál es la luz que ilumina a la humanidad? pues es solamente un símbolo que Cristo dio al mundo, es la justicia”.
Para él “hay que dar al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios y al pueblo, lo que es del pueblo; pero la justicia tiene que ver también con el amor, muchas veces mal interpretada”.
Explicó que “el verdadero amor es el que da sin interés”, dando a entender que la sociedad hondureña debe ser congruente con estos principios cristianos.
“Para los políticos”, dijo, “el prójimo son sus seguidores; para los empresarios son sus socios; para las madres de familia, el prójimo es su familia; para las naciones, lo son sus conciudadanos y para las religiones, sus feligreses”.
“Así podíamos continuar diferenciando quién es el prójimo para cada quien; hay veces que se dice que el prójimo es mi amigo, porque este es el que me ha servido y este es el que voy a poner de juez, o voy a poner de magistrado, o de ministro”, dijo.
Zelaya expresó que su mayor deseo es que la sociedad hondureña comparta, luego se preguntó: ¿Cómo hacer justicia en el mundo?, es una labor del gobierno, de los políticos, de los magistrados, de los ministros, de los padres de familia”.
Zelaya consideró como “bienvenidas las críticas, las murmuraciones, las envidias” porque en estos tres años de mandato él ha querido hacer el bien.