Honduras
Eduardo Martín Moreno es un súper padre, parecido a esos que salen en las películas.
Su labor como encargado del Hogar Don Bosco lo ha convertido en padre, abuelo, ángel guardián y hasta guía espiritual de 52 niños y niñas en riesgo social que han sido rescatados de la calle.
Se trata de un sacerdote salesiano extrovertido y nacido en España que se ha ganado el corazón de decenas de niños de la calle que hoy tienen hogar, alimento, vestido, educación y sobre todo mucha diversión.
Y es que el padre Eduardo Martín es un sacerdote diferente a todos aquellos que parecen ser más serios y menos accesibles. En vez del hábito acostumbra a llevar pantalones cortos, camiseta y tenis, que lo hacen lucir como un padre ejemplar.
Padre ejemplar
A pesar de no tener hijos biológicos, ha sido uno para decenas de niños que han carecido de uno. Durante 15 años ha dedicado su vida a reir, llorar y también a sufrir el dolor de menores que viven en las calles de Honduras y que carecen de una mamá o de un padre.
“Hago de padre, de madre y de abuelo... Mi trabajo aquí es lograr que estos niños encuentren familia, que encuentren amor, que encuentren distensión, que no estén tensos, yo me siento muy ilusionado por tratar de hacer el bien”, dice el sacerdote, de 52 años de edad, que vino a Honduras allá por 1993 por una invitación del Cardenal Óscar Andrés Rodríguez.
Por las mañanas, el súper padre envía a los niños a la escuela; al medio día se ocupa de los alimentos, por las tardes revisa sus tareas, luego organiza las labores de aseo y más tarde hay tiempo para el juego y la diversión.
En el Hogar Don Bosco viven niños y niñas de entre 8 y 16 años de edad que han perdido a sus padres y que no tienen una familia que los cuide y les brinde atención.
En este centro reciben de todo, desde atención médica hasta educación, vestuario y alimento, pero sobre todo el calor y el apoyo de un verdadero papá.
“Nosotros lo queremos como un papá porque nos cuida”, asegura Carlos, un menor interno en el centro. El padre Eduardo trabaja con los menores en el hogar junto a ocho personas más que brindan cuidado y atención a los menores.
“Aquí lo más importante es que el niño se sienta querido porque las mamás o los papás de estos niños o están presos o ya han muerto en la calle”, sostiene el sacerdote.
El Hogar Don Bosco es un centro que se encuentra ubicado en la colonia Nueva Esperanza en donde los niños y niñas cuentan con dormitorios, aulas de clases, laboratorios de computación, comedor y áreas de recreación como canchas de fútbol y basquetbol.
“Aquí tenemos niños desde 8 a 16 años, aquí están de lunes a viernes, porque se inhibe la familia de responsabilidades, lo que hemos hecho es que si alguno no puede ir con su papá o su mamá, se busca una familia tutorial o alguna educadora los fines de semana para que vivan una realidad normal”, apunta el padre Eduardo, quien a pesar de no poder tener hijos propios ha celebrado el Día del Padre rodeado de sus pequeños muchachos.