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Salineras del sur a punto de desaparecer

El desinterés del gobierno en apoyar al sector más productor del país es más que evidente
21.03.09 - Actualizado: 22.03.09 09:12am - Redacción: diario@elheraldo.hn

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San Lorenzo, Valle.,

Honduras

Hasta con que vuelva sus vivaces ojos negros a las montañas de sal que adornan cada rincón del municipio de San Lorenzo para que su mente viaje en el tiempo hasta su época de jornalero.

Y es que don César Chávez se pierde entre anécdota y anécdota, cuando de hablar de la producción de sal se trata.

No es para menos, su rostro marchito y tostado por el sol y sus manos carcomidas son la prueba más fehaciente de que este anciano dedicó más de 30 años de su vida a esta bendita actividad, como le llama.

“¡Uy!, ni quiera Dios... Antes era macaneado sacar sal. Primero había que sacarla con pailas, llenar unos tambos y luego cargarlos al hombro hasta la bodega. Allí nos esperaban aquellos enormes fogones que había que atizar con madera, hasta que se consumiera toda el agua y se cuajara la sal. Es decir que nosotros podrucíamos sal cocida, no solar como ahora”, recuerda el abuelo de 89 años de edad.

Don César añora volver a esos años prósperos, aunque tuviera que atizar el fogón, cargar la sal y tostarse del sol, con tal de que esta importante actividad con la que sobreviven miles de familias no desaparezca.

Y es que, a pesar de que la producción de sal no necesita ciencia alguna, sino que un mar bendito que la produzca y manos que la conviertan en apta para consumo, está en decadencia.

El proceso actual es simple, pero lento. Los salineros le llaman el método solar, pues consiste en colocar por varias semanas el agua de sal, hasta que los rayos de sol consuman totalmente el líquido. Para ello se hace uso de plástico resistente que acelera la evaporización.

“Una vez que es recogida se lleva a las bodegas para continuar con el proceso. Utilizamos molinos de acero inoxidable para afinarla”, detalla Iván Osorio, gerente de la empresa Blanca Sal.

El cuarto paso es la yodización. Por lo general este proceso es manual, el método utilizado es el boleo. Con pala en mano, los obreros revuelven una y otra vez la sal con el yodo, hasta que todo el mineral quede con el mismo nivel.

Por último, toda la sal procesada se pasa a las mesas de empaque, para luego ser comercializada en sus presentaciones de media y una libra.

La sal recién salida del mar es gruesa, y como tal es utilizada por ciertas industrias como suavizador. Cada quintal tiene un costo de 100 lempiras.

Triste realidad

A pesar de que la mejor época para procesar sal se da de enero hasta mayo, este año la actividad se torna desolada.

De las 18 plantas procesadoras, un bajo porcentaje lo hace este verano.

Blanca Sal, para el caso, hasta 2008 mantenía una producción de 35 mil quintales de sal, pero ahora solo se ha quedado con un 30 por ciento. Por razones ajenas, se vieron obligados a vender su principal finca y, aparte de eso, no tienen la capacidad como para sufragar las mermas que deja la humedad.

“Si saco la sal para industrial, pierdo el 10 por ciento, pero si ya la proceso para consumo, la pérdida aumenta a 17 por ciento porque no toda se seca”, pormenorizó.

La producción de sal del país anda en 1.8 millones de quintales. De esa cantidad, un millón es para consumo y 800 mil para la industria.

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Después de un par de semanas, cada una de las lagunas de agua produce entre seis y ocho quintales de sal.
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