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Doña Carmen, legado de amor y sacrificio

La historia de doña Carmen es un tributo a las madres que con amor y abnegación se entregan en cuerpo y alma a sus hijos. Esta inquebrantable mujer de 90 años es el pilar de sus nueve hijos, 24 nietos y 31 bisnietos
09.05.09 - Actualizado: 10.05.09 10:37am - Nolvia Eguigure: Nolvia.eguigure@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

Una fe insuperable, una fortaleza inquebrantable y un corazón lleno de amor han sido los secretos de "Mami Carmen", para ser la piedra angular de su familia.

Ella es una madre ejemplar que maravillosamente ha recorrido por la vida 18 lustros. En sus manos surcadas por el tiempo se advierten los años bien vividos y ganados honradamente con arduo trabajo.

Sus cabellos blancos, antes de un castaño intenso y recogidos en un moño, son el reflejo de la belleza.

Pese a haber perdido muy joven el respaldo de su esposo, luchó de manera incansable e impulsada por el coraje sacó adelante a cada uno de sus hijos. Valiente mujer, nombre grande, así es doña Carmen Mejía de Rivera.

Su vida

Doña Carmen vino al mundo un 11 de mayo de 1911. Los dolores de parto en doña Elena Mejía y la desesperación, angustia y ansiedad en don Aquilino Mejía eran el aviso de que una robusta niña de tez blanca y ojos encantadores estaba por venir al mundo.

El llanto estridente de Carmen no pasó desapercibido en la ciudad de La Paz, comunidad que la vio crecer hasta que en el año de 1948 la necesidad de educar a sus hijos la obligó a emigrar a la gran Tegucigalpa, a "la ciudad de las oportunidades".

Junto a ella venía Pedro Rivera, su esposo, y seis niñas que miraban en ella a una heroína.

Por eso Lía Nelly, Vilma, Norma, Honoria, Nolvia y Carmen aprendieron, desde pequeñas, que para salir adelante la fórmula ineludible era trabajo arduo, estudio y honradez.

Apenas había tiempo de jugar en las polvorientas calles del barrio Belén de Comayagüela.

Hubo no pocas pruebas. La pobreza y la demanda de alimentos y estudios de sus vástagos la hacían aferrarse cada vez más a San Judas Tadeo, el santo de las "causas difíciles".

Cuando la situación se volvió insostenible y tras fallecer Pedro Rivera, su galán, doña Carmen tuvo que regresar a su terruño.

Sin embargo, al tiempo se dio cuenta que el futuro para sus hijas estaba en Tegucigalpa, por lo que en 1956 decide regresar, esta vez con una familia mucho más numerosa porque el fruto de su vientre había ensanchado aún más la tierra.

Tita, Maritza y Mario completaban su numerosa familia de nueve hijos. Doña Carmen estaba contra un mundo de dificultades.

Con los pocos recursos que le quedaron después de la muerte de su esposo, supo que solo había un camino: trabajar más.

¡Santo apóstol San Judas, fiel siervo y amigo de Jesús!, la Iglesia te honra e invoca universalmente, como el patrón de los casos difíciles y desesperados. Ruega por mí, estoy sola y sin ayuda. La oración la repetía una y otra vez.

Por el amor a sus hijos, doña Carmen sabía que no podía darse por vencida. Es así que se dio a la tarea de elaborar ricas melcochas preparadas con dulce de panela, a elaborar tortillas y a lavar ajeno.

"Nunca tuve pena para realizar ningún tipo de trabajo, la venta de mis melcochas y mis tortillas, el poder lavarle a personas particulares me hicieron ganar un poco de dinero para el sostenimiento de mi familia", recuerda doña Carmen. Hoy en día, del seno del doña Carmen ha surgido toda una generación que valora su esfuerzo.

Esta mujer, de cabellos emblanquecidos por el paso de los años y de semblante alegre pero a la vez firme, es la inspiración de sus nueve hijos, de 26 nietos y 31 bisnietos.

Actualmente reside en la colonia Kenendy, desde donde mantiene el control de toda su parentela.

Sus valores

Para "mami Carmen", la clave para sacar adelante a toda una generación fue la entrega en cuerpo y alma a buscar mejores opciones de vida.

"Solo el amor de una madre que yo siento en mi corazón me hizo entregarme en cuerpo y alma a la crianza de mis pequeños después de la muerte de mi esposo. Yo siempre dije que a mis hijos no les faltaría nada", señaló mientras pasaba la aguja con hilo rojo por una manta blanca.

"El poder tenerla con vida es un enorme regalo, ella es nuestro máximo regalo, son muchas celebraciones del Día de la Madre que hemos vivido con ella. Además, a veces ha coincidido esta fecha con su cumpleaños. Como hija estoy súper orgullosa de este ángel tan lindo que Dios nos ha regalado", comentó Norma Rivera, hija de "mami Carmen".

El esfuerzo de toda una vida se traduce en cada uno de los corazones de sus hijos, nietos y bisnietos.

El amor de una madre es el combustible que hace que un ser humano logre lo imposible, expresa Karla Rivera, una de las nietas de doña Carmen. "Mi abuela siempre ha estado al pendiente con sus cuidados, preocupándose por nosotros doy gracias a Dios por tenerla con nosotros", dijo Rivera.

Afirmaciones como esta dejan claro que en la vida el sentimiento de una madre hacia los hijos se vuelve único. Que madre solo hay una el mundo, que se vuelve irreemplazable, ya que es la única persona del mundo que siempre está de forma incondicional.

La más bella palabra en labios de una persona es la palabra madre, y la llamada más dulce: madre mía. Ninguna obra maestra de ningún artista puede igualar la creación de un niño nacido del vientre de una mujer.

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Madre de generaciones. Su temple es el motor que impulsa las vidas de sus hijos, nietos y bisnietos.
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