Honduras
El luto los sumió en el dolor y la tristeza. Pero, paradójicamente, fue el mismo que los ha hecho velar por la vida de millares de hondureños. Se han convertido en los ángeles de las carreteras.
Después de aquel fatídico 17 de julio de 2008, en el que la familia Anatrella Ochoa, regresando de vacaciones, fue embestida por una rastra asesina en la carretera del norte, causando la muerte de tres de sus integrantes, ha iniciado una férrea lucha para poner un alto a las muertes en las carreteras.
Desde el accidente, al menos 15 familiares de estas víctimas, apoyados por sus amigos, se han dado a la tarea de entregar volantes en espacios públicos y principales retenes ubicados en las salidas de la ciudad para prevenirlos del riesgo que corren con las rastras.
"Solo fui una pequeña víctima de la velocidad y la irresponsabilidad de una rastra", reza uno de los mensajes, impresos en camisetas y calcomanías con los que la familia Anatrella Ochoa promueve que se frenen las muertes en las carreteras.
Esta leyenda está acompañada de la imagen del niño Ricardo Armando Ochoa Anatrella, de 8 años, una de las víctimas de la irresponsabilidad de los conductores.
Prevención
La campaña denominada "No bebas, no corras y cuídate de las rastras" va encaminada a la prevención y concientización de la gente para viajar con precaución ante la amenaza latente que produce un conductor irresponsable al volante de una rastra.
En las pasadas vacaciones de Semana Santa, toda la familia entregó folletos con información de seguridad personal y sus exigencias para que se frene la imprudencia, la velocidad y la matanza en las carreteras.
Con fondos propios, la familia Anatrella Ochoa ha impreso camisetas, calcomanías y volantes con mensajes claros porque se revise la Ley de Tránsito, se apliquen penas más severas para los conductores irresponsables, más patrullas en las carreteras; que el transporte pesado solo circule por la noche, que los conductores de equipo pesado sean mayores de 30 años y que los dueños de las rastras les den el debido mantenimiento.
Pero sus acciones van más allá. Ricardo Ochoa, un padre, esposo y yerno que perdió la mitad de su vida en ese fatal accidente, informó que en cada fecha festiva que involucre movimiento de personas, como Semana Santa, Navidad y el Día de la Madre, allí estarán para recordarle a los capitalinos del peligro que impera en las carreteras con la circulación de rastras asesinas.
"De un día para otro me arrancaron la mitad de mi vida, pero gracias al coraje y la disciplina de levantarse en cada adversidad que aprendí de mi esposa, me hice la promesa casi el mismo día que la perdí que no me dejaría vencer", aseveró Ochoa.
La familia tiene en planes un sinnúmero de actividades por realizar, entre ellas, abrir una página web, un call center, o formar una asociación o una fundación para que todas aquellas familias hondureñas y extranjeras en han sufrido la misma situación puedan sumarse a la causa o simplemente compartir sus experiencias.
Un Ejemplo de fortaleza
Ricardo Ochoa. Padre y esposo de víctimas: "Ese día me arrebataron la mitad de mi vida, pero tengo la fuerza para seguir con esta lucha de concientizar a la población del riesgo que representan las rastras. Tenemos que parar las muertes en las carreteras".
Yolanda Anatrella. Hermana e hija de víctimas: "El recuerdo del accidente que tuvo mi familia me anima a seguir firmemente con esta campaña que hemos emprendido. No queremos ver más familias con el mismo dolor y luto que nos mueve a nosotros".
Ángelo Anatrella. Familiar de Víctimas: "Aunque solo soy un niño quiero que se apliquen las leyes de tránsito en este país, para que las familias no sigan sufriendo las muertes de sus familiares. He entregado muchos volantes para que la gente tenga cuidado con las rastras".