Honduras
Doña MarÃa Clotilde Alvarado y don Luis Raudales nunca se imaginaron que su pequeña e inquieta Martha Raudales se convertirÃa en la primera doctora del paÃs y hasta graduada con menciones honorÃficas.
"Martita", como cariñosamente la llamaban sus progenitores, creció con esa vocación de servir a los demás. De niña simulaba curar a sus muñecas cuando éstas se "enfermaban", no digamos cuando sus amiguitas le confesaban sentir algún dolor, corrÃa a darles una pastilla de lo que fuera.
Asà pasaron los años hasta que un dÃa descubrió que querÃa ser doctora.
Al ingresar a la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), durante sus años de estudiante siempre se esforzó por ser una alumna ejemplar, esto ante la competencia que imponÃa el sexo masculino que para la década de los 40, solo hombres se destacaban dentro de la rama de la medicina.
Pese a limitantes económicas, Martha Raudales de Midence nunca interrumpió sus estudios y se graduó el 16 de agosto de 1947, año en que el alma máter cumplÃa el primer centenario de fundación.
Honor al juramento
La doctora Raudales de Midence siempre se preocupó por mantener muy en alto el Juramento Hipocrático, que declaró públicamente en los actos de sus investidura.
Levantando su mano derecha, y con la izquierda sobre su corazón, juró de por vida ejercer su carrera con carácter ético, para orientar la práctica de su profesión en función de las personas más necesitadas.
"Escogà la carrera de medicina porque siempre tuve inclinación hacia las causas de los más necesitados. Más que ser remunerada económicamente, yo buscaba el bienestar de las personas, especialmente del sexo femenino, porque las mujeres somos quienes más sufrimos en la vida. Y asà continué por 55 años", declaró llena de orgullo.
Profesión y hogar
Martha Raudales de Midence contrajo nupcias con el señor Alfredo Midence, también médico de profesión, especialista en RadiologÃa, con quien procreó 5 hijos: Martha, René, Gerardo, Mario y Patricia.
La doctora de Midence, destacada especialista en GinecologÃa y Obstetricia, comenzó a ejercer la medicina en una clÃnica privada ubicada en la tercera avenida de Comayagüela, luego se trasladó a cuarta avenida donde recibÃa un pago de 25 lempiras por consulta.
Ella siempre se caracterizó por mantener una relación de compañerismo con sus colegas de esa época, siendo uno de sus mejores compañeros el doctor Alejandro Zúniga, actual director del hospital Viera, quien la animó a estudiar fuera del paÃs.
Fue asà como ella viajó a la ciudad de Panamá a sacar la especialidad en ginecologÃa.
Centenares de niños y niñas vinieron al mundo gracias a las manos de este ángel blanco que les daba la bienvenida con una sonrisa.
"A estas alturas es imposible para mà decir cuántas mujeres traté, cuántos niños llegaron al mundo atendidos por mÃ. Son tantos recuerdos, aunque también atendà hombres, a eso me obligaba mi profesión y asà me nacÃa hacerlo", aseveró la galena.
Si buscamos la trayectoria profesional de la primera doctora del paÃs, nos daremos cuenta que es extensa y que está escrita con letras de oro en el historial de la salud hondureña. Los hospitales Escuela, San Felipe, Tórax y el Instituto Hondureño de Seguridad Social, son entre otros los centros donde dejó huella con su noble profesión de cuidar el bienestar y la salud del prójimo.
En 1994 le llegó la triste noticia de su jubilación. Después de 55 años de servicio consideró que no eran suficientes y que sà podÃa dar más de sà misma, pero su cesantÃa era irrevocable y con todo el dolor del mundo tuvo que dejar lo que más amaba: sus pacientes.
A sus 88 años de edad, la doctora de Midence se da el lujo de velar por la salud de su familia, pasar horas enteras consultando sus libros de medicina para investigar y ponerse al dÃa en su noble profesión.
"A mi edad, siempre sigo preocupada por la salud del pueblo hondureño, especialmente de las mujeres. A las que son doctoras las invito a seguir con ética esta noble y amada profesión".