Honduras
No portan capa de superhéroes, tampoco cargan en sus espaldas espadas o alguna arma de alta tecnologÃa.
No necesitan un tan solo centavo para salvar la vida de más de una docena de pacientes.
Son hondureños que no fueron sacados de una pelÃcula, ni salen en programas de televisión, y en la mayorÃa de los casos no tienen ninguna relación con la medicina.
Los salvavidas anónimos del paÃs, a través de la entrega de una minúscula parte del vital lÃquido que llevan en sus cuerpos rescatan a centenares de enfermos.
Y es que apenas requieren de cuatro minutos para ganarse un tÃtulo especial en el corazón de pacientes y familiares que reciben los beneficios de su labor de donantes voluntarios.
Agradecimiento
Para ellos no existe ninguna medalla de reconocimiento a nivel gubernamental, pues no es necesario, tampoco les interesa saber a quiénes han logrado salvar ya que su donación es anónima, pero sà están seguros que de no hacerlo estarÃan condenando a la muerte a miles de personas.
EL HERALDO encontró tres historias que no solo explican el valor humano de estas personas, sino, más bien su pasión por dar sin recibir nada a cambio.
Cambio
La cita es a cada dos meses, son 450 mililitros de sangre, lo que equivale de forma aproximada a medio litro, los que aporta cada vez.
Para iniciar su labor es necesario iniciar una evaluación médica ya que primero hay que cerciorarse que reúnen las condiciones para donar, le toman el peso y una prueba de hemoglobina, algunas interrogantes y ya está listo.
Con la sonrisa que siempre lo acompaña al momento de donar, Francisco Zelaya, de 62 años, se recuesta en la camilla del banco de sangre de Cruz Roja, en Comayagüela, para comenzar a llenar la bolsa recolectora de sangre.
En los libros del banco de sangre se registrará la donación número 46, de Francisco, pues siendo muy joven se enlistó para convertirse en un asiduo aportante del vital lÃquido.
Su primera donación fue en 1969, hace 40 años, en aquel momento no imaginó que se convertirÃa en uno de los héroes de la institución benéfica por su disponibilidad para donar sangre.
Si se pudiera reunir la cantidad de sangre que don Francisco ha aportado con el transcurso de los años, quizás pudiéramos llenar unas 20 botellas de un litro.
También podrÃamos cambiar la sangre de unas tres personas de forma completa ya que cada ser humano adulto posee seis litros de sangre en el cuerpo, de acuerdo a los expertos.
No podemos dejar de explicar que con el aporte de sangre que Zelaya ha entregado, no son cuatro personas las que se han salvado ya que cada pinta que ha donado, al llegar al laboratorio se les extraen tres tipos de productos: plaquetas, plasma y glóbulos, por lo que son centenares de personas las que ha logrado salvar.
Por otra parte, Francisco es de uno de los tipos de sangre más escasos en el paÃs, pues es Rh negativo, con el cual se puede utilizar en cualquier paciente.
"Mi sangre puede servir para todo tipo de pacientes, pero en mi caso solo puedo recibir una transfusión de mi mismo tipo, es decir Rh negativo", explicó.
En la actualidad, Francisco se desempeña en el área de informática de una agencia bancaria y como todo buen donante también realiza una labor de motivación entre sus compañeros de trabajo.
"Yo les digo a los muchachos que se animen, que hay muchos prejuicios sobre la donación, pero que ni siquiera duele, no engorda y la sangre que se dona no se pierde, se renueva cada dos horas", dijo el entrevistado.
Otros héroes
La misma vocación altruista comparte Danilo Rico, de 52 años, quien desde los 20 años se enlistó en el voluntariado de donantes de la Cruz Roja Hondureña.
En aquel momento laboraba en el Ministerio del Trabajo, y por la cercanÃa con la Cruz Roja se acercó a donar convirtiéndose en uno de los consentidos de la institución por su ayuda.
En su registro como donante lleva 40 donaciones, seis menos que Francisco, pero de la misma calidad por su entrega para salvar vidas.
"La verdad nunca he pensado cuántas vidas he salvado, lo hago solo pensando que todos tenemos un propósito en la vida y que el mÃo es ofrecer mi sangre", dijo Rico.
La indiferencia y el creer que nunca voy a necesitar son las principales barreras que hay que derrocar, comentó.
En el camino de convertirse en uno de los mayores donantes se encuentra Carlos AmÃlcar Zúniga, de 43 años, quién luego de sufrir un accidente automovilÃstico hace 12 años, observó de cerca la necesidad de unidades de sangre que mantienen los hospitales.
"Yo en aquel momento no necesité, pero en la sala habÃan personas que clamaban a Dios porque alguien les donará una unidad", explicó Zúniga.
A la fecha lleva 27 donaciones y en la actualidad entrega solo plaquetas producto derivado de la sangre, pues solo espera del llamado del personal de Cruz Roja para decir presente.
La labor de concienciación entre sus compañeros de trabajo también forma parte de la ayuda que realiza este hondureño, debido a que trata de encontrar otros donantes voluntarios.
Para estos tres héroes silenciosos; felicitaciones y gracias por contribuir a salvar vidas.