Honduras
Desde hace siglos, las enseñadoras o rezadoras son una magnífica expresión de la religiosidad popular y pregonan la salvación de las almas y la esperanza cierta de resurrección, pero ahora son ellas mismas las que están en peligro de extinción y de igual manera que se apagan los cirios en los altares que ellas ayudan a elaborar, también el oficio de las rezadoras parece una vela a punto de ser apagada.
Con 68 años de rezar novenas y vía crucis, Raimunda Martínez de Cerrato, más conocida como "Mundita", es sin duda la decana de las enseñadoras de la ciudad de El Paraíso. Ella comenzó en 1935 cuando era apenas una niña y todavía hoy es solicitada para rezar la Novena de las Ánimas.
"Mundita" recuerda que su devoción nació porque la llevaban a rezar el Vía Crucis sus vecinas: la señora Merceditas Cáceres y la Niña "Toyita" Carías, dos buenas mujeres que catequizaron millares de niños y jóvenes en la ciudad de El Paraíso.
Admite con pesar que ya son muy pocas las rezadoras en la ciudad de El Paraíso y en el país en general, pero ella cree que esa vertiente de la religiosidad popular sobrevivirá a los vientos de modernidad que sacuden la propia Iglesia Católica y también al repunte de las iglesias evangélicas y sectas que ven con desprecio las oraciones y oficios a favor de las almas de los fallecidos.
La pedagogía de la fe
"Mundita" no solo ha rezado a cientos, tal vez millares de ánimas, sino que también cumplió fielmente con la misión de "pasar la antorcha". De hecho, María Luisa Cerrato de Pérez, hija de la decana de las enseñadoras de El Paraíso, es ahora una de las más jóvenes entre las que ejercen ese ministerio piadoso.
María Luisa, conocida cariñosamente como "Lichita" es una maestra de educación primaria y licenciada en pedagogía, que combina su papel de maestra, madre y ama de casa con la obra piadosa de rezar por el descanso de las almas de los fieles. Junto a Diana Merlo, la profesora "Lichita" forma la sangre joven de las enseñadoras.
Relata que desde los seis años doña "Mundita" la llevaba rezar y un día, cuando era todavía una colegiala, su mamá enfermó habiendo adquirido el compromiso de rezar una novena, así que ella, la cipota de los cabellos largos y las caderas todavía sin dibujar, tuvo que hacerse cargo de aquella novena. Esa fue su primera vez.
"Yo sabía contestar muy bien la novena, pero no sabía enseñarla, así que me puse a estudiar a toda prisa y así pude cumplir el compromiso de mi mamá", confiesa "Lichita", mientras anuncia que mientras pueda seguirá haciendo esa obra piadosa de rogar por el descanso de las almas.
"Lichita", como las demás de su oficio, cree que la devoción de las rezadoras no se va a perder, sin embargo, actualmente nadie está aprendiendo a enseñar en la ciudad de El Paraíso y ella admite que a sus propios hijos, por ejemplo, les gusta más el rezo de El Rosario, porque la novena se les hace larga y tediosa.
Rezadora por vocación
"Chiminita" Padilla es toda una institución en el gremio de las rezadoras de El Paraíso, De hecho le ha rezado a millares de personas a lo largo de los últimos 40 años, pero hace unos ocho meses no fue capaz de rezar el novenario de su nieto Luis Adolfo, muerto en accidente de carretera. Sencillamente le fallaron las fuerzas, dijo la buena señora.
Se llama Maximina de Jesús Padilla Díaz (exige que se le llame con sus dos nombres y apellidos) y asegura que su devoción la ha llevado a viajar a Tegucigalpa, Danlí, varias comunidades de la zona del valle de Jamastrán y hasta Nicaragua para rezar la Novena de Las Ánimas. Ella dice que es "rezadora a la antigua".
"Chiminita" aprendió su arte piadoso de la señora Trina Maradiaga, una antigua rezadora que formó a varias enseñadoras. Doña "Chimina" Padilla también sabe levantar los espíritus", es decir, esa ceremonia que se practica cuando las personas mueren en forma violenta como accidentes de carretera, muertos por bala o puñal y hay bastante derramamiento de sangre.
"Voy a seguir hasta que Dios me de fuerzas, voy a seguir con mi devoción hasta el final", asegura, mientras alista su gastado novenario y su camándula y se marcha a rezar la enésima novena.
Por cierto, hay una cosa en la que no ha pensado aún, no sabe a quién le va a encargar el rezo de su propia novena cuando Dios disponga de su alma de rezadora piadosa, obediente y fiel.
Puede ser que las enseñadoras sean una especie en peligro de extinción, puede que sean solo un pábilo a punto de ser estrujado, puede que sean solo la última flama de una vela de altar de nueve días, puede ser que la institución de las enseñadoras esté a punto de necesitar un novenario por su eterno descanso, pero mientras tanto son una bella manifestación de la religiosidad popular y una inestimable herencia cultural.