Honduras
Estar encerrados en cuatro paredes de una cárcel no es obstáculo para salir adelante, sobretodo, cuando se cuenta con apoyo y una parcela de tierra que les haga sentir aires de libertad, así como los medios para enfrentar las adversidades de la vida y derrotar el ocio con el trabajo.
Los privados de libertad de la Penitenciaría Nacional de Comayagua son ejemplo claro de que con voluntad, esfuerzo y deseo de superación se pueden alcanzar metas que no lograron antes de cometer errores que los llevaron a la prisión debido a la falta de oportunidades.
Hoy, muchos tienen las armas para poder superarse en el reclusorio ubicado en la zona central del país, en donde los internos tienen acceso a una escuela, talleres y una fuente de trabajo, entre otros.
La granja penal se ha convertido en el principal abastecedor de productos agrícolas, de porcicultura, de pecicultura y avícolas, además de panadería y repostería que se distribuyen en la zona central del país, principalmente, Comayagua y Siguatepeque.
En este recinto carcelario los privados de libertad producen desde un delicioso pastel y pan, hasta cantidades importantes de pescado fresco, huevos, carne de cerdo, yuca, tomates y frutas, entre otros, de lo que obtienen un ingreso económico para suplir parte de sus necesidades y de sus familias en su proceso de rehabilitación.
El primer paso para convertir el presidio en una próspera granja penal lo dio el abogado Gautama Fonseca en su administración en el Ministerio de Seguridad, que inició con cultivos de maíz y frijoles, luego se ejecutaron los proyectos de cría de cerdos, peces y gallinas.
Actualmente, con el impulso del titular de la Dirección de Servicios Especiales Preventivos (DGSEP) comisionado general Allan Nájera Martínez, y los esfuerzos del director del penal, inspector de policía Lorenzo Lara Muñoz, la producción sigue en crecimiento y para el futuro cercano esperan implementar otros proyectos.
No se pueden dejar por un lado las artesanías que elaboran los internos, ni los talleres de mecánica, zapatería, carpintería y mecánica, que son un factor importante en los programas de rehabilitación, así como una oportunidad de empleo para los que recobran su libertad, porque salen capacitados.
Se espera que los presos fabriquen los botas que utilizan los policías, gracias a la capacitación que reciben en los talleres.
Rivalidades del pasado
Otra cosa positiva de resaltar de la Penitenciaría Nacional de Comayagua es que las rivalidades de algunos grupos son cosa del pasado. Acá los jóvenes retirados de las dos principales maras "MS" y "18" trabajan en armonía, amistad y compañerismo en las diferentes actividades productivas.
Muchos se sienten orgullosos y contentos de ser personas útiles a la sociedad.
Es el caso del joven Alejandro Castillo, quien no se cansa de darle gracias a Dios por haberle permitido aprender un oficio digno que pondrá en práctica al salir libre para reinsertarse a la sociedad, porque según afirma, "sinceramente hemos sido malas personas".
El cambio, comentó, lo hace el señor Jesús, quien pagó por nuestros pecados.
Aseguró que ocho personas que laboran en el área de pastelería son retirados de pandillas juveniles, sin embargo, "no hay discordia entre nosotros, aquí se acabó todo, nos llevamos bien y tratamos de salir adelante con las fuerzas que Dios nos da".
En el recorrido por el penal, El Heraldo llegó a la granja avícola, donde se encontró a Johny, un joven que tiene bajo su responsabilidad el cuidado de 6,300 gallinas que producen una regular cantidad de cajas de huevos por día, gracias a la capacitación que recibida en el tiempo que tiene de estar en prisión.
El oficial Lara Muñoz confirmó que la Penitenciaría de Comayagua tiene una población de 770 internos. De estos, cierto porcentaje trabaja en los proyectos, principalmente, los que ya están en condición de sentenciados, porque los procesados pueden salir en el momento menos esperado.
Aseguró que la producción actual en la granja es de unos 10 mil peces para ser comercializados en los próximos días, así como 150 cerdos que estarán a la venta para el período navideño.
El proyecto más novedoso es un invernadero en el que cultivan tomate Sherry para lo cual compran las plantitas a los taiwaneses, quienes ofrecen asistencia con ingenieros y ellos mismos compran el producto, confirmó Lara Muñoz.
El director del penal dijo que lo importante es que los proyectos son autosostenibles, "todo lo que aquí se produce se le vende al público, no son para la alimentación, porque el Estado tiene la partida para el privado de libertad".
Por el trabajo los presos reciben su remuneración, algunos de 1,500 lempiras mensuales y otros 500, según el tipo de labor que desempeñen.
El resto de los ingresos se ahorran en un banco y son utilizados para comprar los insumos necesarios para producir más.
La visión del director de los Centros Penales, Nájera Martínez, es la ampliación de proyectos para que el privado de libertad tenga más oportunidades de rehabilitarse, pero para lograr el objetivo se necesita de más apoyo gubernamental.
Proyectos se extenderán a otros centros penales
El titular de la Dirección Nacional de Servicios Especiales Preventivos, comisionado general Allan Nájera, aseguró que están impulsando a la Penitenciaría Nacional de Comayagua, porque piensan llevar los proyectos a los demás establecimientos penales.
El oficial aseguró que en los otros reclusorios puede encontrar diferentes productos que elaboran los privados de libertad, pero diferentes a los de Comayagua.
Aseguró que en los talleres de la Penitenciaría Nacional Marco Aurelio Soto se pueden encontrar zapatos de primera calidad, entre otros artículos, "lo que pasa es que la gente no conoce estas actividades".
Nájera señaló que muchos intermediarios compran el producto a precios bajos a los privados de libertad y que ellos lo venden caro sin decirles a los clientes donde fabrican el producto.
Queremos, dijo, que los privados de libertad vendan directamente lo que producen.
