Honduras
Bernard Martínez, candidato presidencial del partido Innovación y Unidad (Pinu), ha vivido esta campaña electoral como si estuviera jugando un partido de béisbol, esperando pegar un hit y robarse las bases.
Solo está a la espera del último episodio el 29 de noviembre, en el que espera conectar una cuadrangular con las bases llenas y remolcar un marcador a su favor.
Bernard Martínez, de 47 años, es un afrodescendiente de la costa atlántica hondureña. Contrario a lo que muchos creen, no nació en una comunidad garífuna sino que en la Villa de la Lima, Cortés, a donde radicaban sus padres, Norberth Martínez, originario de Belice, y Virgen Valerio Amaya, del Triunfo de la Cruz, Tela, Atlántida.
Bernard creció en el seno de una familia liberal.
Infancia
Su niñez fue tranquila, sin sobresaltos. Su madre le inculcó una vida cristiana por lo que profesa la religión católica junto a su mujer e hijos, con quienes se ha radicado actualmente en La Ceiba.
Completó su primaria en la escuela Luis Landa y la secundaria en el Instituto San Antonio, ambos de la ciudad de Tela. Es perito mercantil y contador público y tiene una carrera técnica en Salud Pública y Ambiental.
Desde niño, el candidato del Pinu tuvo muchas inclinaciones, pero sobresalió en el estudio y en la práctica del béisbol, su posición era primera base y entre sus cualidades estaba la de ser un experto roba bases, condición que él dice ha puesto en práctica en la política al haberse robado la simpatía de miles de hondureños, hoy como candidato presidencial de un partido de tendencia social demócrata.
No obstante, Bernard en su adolescencia y juventud vivió una época como idealista revolucionario.
A principios de los ochenta ya era un militante del izquierdista Frente Patriótico Hondureño, un movimiento que tuvo protagonismo durante la guerra fría, pero del cual se retiró por no estar de acuerdo con las ideas radicales de dirigentes marxistas leninistas que incitaban a la violencia y a la subversión.
Es así que poco después se incorpora al sindicalismo como dirigente de la seccional del Sindicato de Trabajadores de la Medicina y Similares (Sitramedys), a la vez se afilia al Pinu, donde ha ocupado cargos de dirección, ha sido candidato a diputado por Colón y Atlántida y aspirante a designado presidencial en la fórmula de Olban Valladares en las elecciones de 1987.
Sin complicaciones
Bernard Martínez se considera un hombre sencillo, firme en sus convicciones y no fácil de manipular. Mucho le costó a la máxima dirigencia del Pinu convencerlo para que aceptara la nominación presidencial. Estimó que, por su condición de hombre de clase media, no podía costearse una onerosa campaña electoral, hasta que finalmente asumió el reto.
Su esposa, Rosel Reyes, lo describe como un marido serio, tranquilo y responsable, con quien ha procreado dos varones, Jaison de 24 años y Alvin de 19 años, quien actualmente juega en las reservas del Club Real España. Dice que su plato favorito es el pescado y la machuca, y de bebida una naranjada.
El candidato del Pinu prefiere el color blanco y tener amigos que le aporten a su vida, admira como político especialmente a Olban Valladares, quien lo indujo a la aventura por la silla presidencial.
Sus adversarios lo ven como un candidato que no representa una garantía para las comunidades negras.
Los detractores de Martínez afirman que este candidato no ha tenido una postura clara en cuanto a incluir a los afrodescendientes en las políticas de Estado, al contrario, en esta campaña ha asumido posiciones contrarias a las mismas comunidades negras.
Lo cuestionan por ser un negro consciente de la discriminación pero que piensa y come con los mismos discriminadores, de la oligarquía hondureña. Su palabra no se ha sentido cuando en el Congreso se ha discriminado a los diputados negros, afirman.