Honduras
¡Por fin el telón de este drama de cuatro años se ha corrido! Después de muchos meses de incertidumbre y desasosiego, un tenue rayo de luz parece señalar el final del túnel. ¡Cumplimos la tarea de mostrar al mundo que aún vive en nuestros corazones el espíritu libertario de Morazán, Valle y Ramón Rosa! ¡Qué amamos la paz y que deseamos solucionar nuestros conflictos en paz! ¡Por hoy eso es suficiente! Ahora debemos emprender nuestro destino con ahínco; sacar el mayor provecho posible de los avatares del último año, sanar nuestras heridas y consolidar por fin un esquema que nos permita salir del subdesarrollo en que hemos vivido durante casi dos siglos.
Retos
Pero la cosa no termina ahí: son muchos los retos que las autoridades electas deben afrontar de ahora en adelante.
La población espera que esta vez vayan en serio y dejen atrás de una vez la improvisación y el clientelismo; que entiendan que fueron electas no para servirse, y que su misión es facilitarnos el camino para buscar por nosotros mismos la solución a nuestros problemas económicos y sociales. Las cosas no están bien y pueden ir peor si es que no hacemos un esfuerzo sensato todas y todos para encontrar una vía franca al desarrollo.
Si bien la economía mundial comienza a dar señales de recuperación luego de la profunda recesión en que se vio envuelta en 2008, sus efectos todavía se hacen sentir en nuestra endeble estructura productiva: las exportaciones se redujeron en 21%, la inversión extranjera cayó de manera importante y los compatriotas que trabajan en los Estados Unidos y Europa han enviado casi 300 millones de dólares menos a sus familiares que el año pasado.
A ello debemos agregar que debido a la crisis política hemos dejado de percibir unos 120 millones de dólares en concepto de ayuda internacional, lo cual afecta directamente a las familias más pobres, por lo que podemos deducir que, si no tomamos medidas inteligentes, las cosas no andarán mejor que antes para los sectores más desprotegidos de la población.
Ya un estudio del PNUD y Cepal presentado en el mes de mayo había pronosticado que unos 120,000 hogares se empobrecerían durante 2009 como consecuencia de no tener una política pública claramente dirigida a amortiguar los efectos de la crisis internacional. Además, al menos se perdieron cien mil puestos de trabajo que pudieron haberse protegido de haberse tomado medidas a tiempo.
A todo esto debemos sumar los tremendos retos en materia de protección social, lucha contra el hambre y mejoras en la productividad nacional.
¡No quisiera estar en los zapatos de quien habrá de suceder a Gabriela Núñez en la Secretaría de Finanzas! Pese al valor y empuje que la ministra y su equipo demostraron al elaborar dos presupuestos en menos de un semestre, además de salir avantes en la gestión y direccionamiento del gasto, han tenido que luchar contra el lastre de no contar con recursos frescos por parte de la cooperación internacional, la caída abrupta en la recaudación tributaria y la inmensa factura que la administración Zelaya dejó por compromisos cuyo destino y utilidad nadie conoce a ciencia cierta.
El legado
Un déficit fiscal dos veces mayor al programado, una deuda interna triplicada en menos de dos años y una serie de obligaciones como el Estatuto del Docente y el pago de intereses sobre deuda, que nadie sabe cómo podrán cumplirse con tan poco espacio fiscal. Por el lado monetario no ha sido posible enmendar los desequilibrios provocados por el mal manejo anterior y el crédito privado continúa siendo insuficiente para incentivar la producción. Por fortuna, la inflación es la menor de los últimos 21 años y en esto hay que reconocer los esfuerzos de las autoridades del Banco Central.
¿Cómo enderezar?
¿Cómo hacer para enderezar los renglones torcidos que la irresponsabilidad y alevosía de la administración previa dejó en nuestra economía?
Más aun, ¿cómo cambiar la sempiterna cultura de dependencia del Estado que hemos desarrollado y que a todas luces solo ha provocado miseria y atraso?
Xavier Sala i Martin, uno de los grandes referentes en temas como crecimiento económico y libertad económica en el mundo, dice que la economía no es más que aplicar el sentido común a nuestra imperiosa necesidad de lograr el bienestar material. Creo que eso y el deseo de nuestros políticos de hacer las cosas bien en esta ocasión, podrían ser el revulsivo para salir de la actual crisis.
Pero debemos hacerlo todos y todas; el nuevo gobierno debe comenzar dando el ejemplo: no más mentiras ni populismo en las decisiones; mayor acceso a información pública, manejo transparente del gasto, una reforma fiscal equitativa y, sobre todo, una reducción en los costos de transacción que imponen la corrupción y las componendas con grupos económicos y de presión social.
El gobierno de transición, que el día de hoy comienza a languidecer, deja algunas propuestas que es necesario impulsar en el corto plazo: un proyecto de ley que elimina una serie de exoneraciones fiscales distorsionadoras de la inversión, un reglamento aprobado para la gestión del servicio civil y un documento que contiene los lineamientos para una visión de país de largo plazo. Estos elementos, sumados a un diálogo honesto, transparente y participativo, son la tarea a emprender.
Una vez más "la mesa está servida", pero esta vez de manera distinta a lo que pretendía el eslogan de hace cuatro años: ya no hay deuda condonada ni grandes proyectos como el del Desafío del Milenio; debemos buscar de nuevo el equilibrio macroeconómico y hay que recuperar la credibilidad.
¡En fin!, ahora no hay un banquete sino un frugal aperitivo para que en adelante iniciemos la faena del desarrollo con denuedo y responsabilidad.
Los retos son inmensos: seguridad jurídica y personal, confianza a la inversión, protección social equitativa a quienes la necesitan y sobre todo un mayor desprendimiento de todos y todas a favor del bien común son las claves para salir adelante. ¡Pero hagámoslo ya, desde hoy! No perdamos la oportunidad que seguramente será la última.