Honduras
Nadie conoce sus nombres. No aparecen en las revistas ni en los diarios. Pero a todos los unen dos palabras: valentía y generosidad.
EL HERALDO reconoce cada año a aquellos hondureños que desde el anonimato realizan una silenciosa labor en favor de los demás.
Que son capaces de exponer hasta sus propias vidas por ayudar a otros.
Desde un pequeño valiente de días de nacido, que fue capaz de sobrevivir en medio del campo, luego de que su propia madre lo abandonara; la lucha de José Lagos, el líder de la comunidad hondureña en Miami, que falleció con las botas puestas librando batallas por sus compatriotas.
Tres militares que murieron en un accidente por defender la democracia. Un sacerdote que construyó un hospital para los pobres; dos bomberos que expusieron sus vidas por apagar un incendio en los mercados de Comayagüela; un anciano que murió por defender una fuente de agua y una madre dispuesta a todo por sus hijos, son solo algunas de estas historias que tocaron el corazón de los lectores y que representan una lección de vida que debe ser imitada por los hondureños, en pro de construir un mejor país.
El pequeño Moisés de Jesús
Su frágil cuerpecito que fue arrancado abruptamente del vientre de su madre, soportó dos días a la intemperie, hasta que fue encontrado en un matorral entre los municipios de Danlí y El Paraíso.
La historia del pequeño, que las enfermeras del hospital Gabriela Alvarado de Danlí, bautizaron como Moisés de Jesús, es considerado un milagro divino.
Y no es para menos, el menor soportó a la intemperie bajas temperaturas y amenazas de animales salvajes y parásitos, su boquita presentaba picaduras de insectos, pero su ángel de la guarda lo protegió y ahora quienes conocieron su historia lo consideran la reencarnación del espíritu de la Navidad, que hace miles de años acompañó el nacimiento del niño Dios. Indefenso, desnudo, con hambre y frío,
Moisés de Jesús sobrevivió dos noches y dos días en medio de los matorrales de un potrero, donde fue encontrado por dos campesinos que lo creyeron muerto, pero al oír su débil llanto, lo llevaron al hospital.
Apenas conocieron su historia, decenas de hondureños solidarios se ofrecieron a ayudar al pequeño, dotándolo no solo de ropa y alimentos, sino de todo el amor que su madre le negó desde el momento de su nacimiento.
El legado de José Lagos
Su lucha en defensa de los derechos de los inmigrantes hondureños en Estados Unidos será recordada por siempre. José Lagos, el líder de la comunidad de catrachos residentes en Miami, encabezó decenas de batallas en favor de la dignidad de sus compatriotas, aunque no pudo contra su propia batalla personal: el cáncer, que lo venció a sus 45 años de edad, el pasado 29 de noviembre.
Su labor le hizo ganarse el respeto, la admiración y el agradecimiento de todo un pueblo.
Lagos falleció en el hospital Jackson Memorial, de Miami. Quienes lo conocieron lo consideraban un ser ejemplar, noble y amoroso, el mejor hermano e hijo, como lo describió su hermana Josefa Lagos.
El líder falleció minutos antes de que concluyeran los comicios electorales en Honduras. Nació el 11 de abril de 1964 en Tegucigalpa, llegó a Estados Unidos en 1985, a la edad de 21 años. Sus primeros pasos comenzaron en labores comunitarias, sirviendo a los hispanos en general, y de manera especial a sus compatriotas hondureños.
Hace doce años fundó la Unidad Hondureña, organización que fue crucial para lograr el Estatus de Protección Temporal (TPS), por sus siglas en inglés, que ahora cobija a un buen número de compatriotas.
José Lagos fue un ejemplar ciudadano que nunca se olvidó de su origen y luchó por los derechos de los inmigrantes.
Padre Francis Schieffer
La labor evangelizadora que el padre Francis Schiffer realiza en el municipio de Ojojona, Francisco Morazán, no ha sido suficiente.
El misionero católico dedicó parte de su tiempo y esfuerzo para construir un moderno hospital en el municipio que brinda atención de calidad.
El padre Schieffer ha convertido el centro asistencial San Juan María Vianney de Ars, en un "hospital de lujo para la gente pobre". Schieffer de origen francés nació en 1949, reside desde hace seis años en la comunidad. En 2006 colocó la primera piedra del hospital que hoy es una realidad.
Gracias a su labor, hondureños de escasos recursos del municipio y comunidades aledañas reciben atención gratuita de calidad en materia de salud.
La entrega de tres militares
Servir a la Patria era su lema. Y lo cumplieron hasta su último suspiro. Tres militares se convirtieron en héroes al defender con su vida el material electoral que debía ser distribuido previo a las elecciones del 29 de noviembre.
Tres militares y un civil perecieron en un accidente, cuando el carro en que viajaban a Yauyupe, El Paraíso, a dejar el material electoral, se precipitó en un abismo, el 27 de noviembre pasado, dos días antes de los comicios generales.
Las Fuerzas Armadas y el pueblo rindieron tributo a estos hombres que ofrendaron su vida trabajando por sostener la democracia, dejando atrás familias que desde el momento que tomaron el uniforme verde olivo los elevaron a la categoría de héroes.
Valientes bomberos
La entrega de los bomberos Alex Figueroa y Carlos Martínez fue evidente.
Estos hombres valientes resultaron con lesiones y quemaduras cuando trataban de apagar el incendio que consumió, el 30 de julio, más de 300 puestos de venta, ubicados en el mercado de la quinta avenida de Comayagüela.
Los apagafuegos, con su uniforme puesto y el temple que los caracteriza, estaban dispuestos a todo, hasta de ofrendar sus vidas, con tal de defender el patrimonio que tantos años les había costado a los vendedores.
Gracias al esfuerzo de los bomberos, el incendio no tuvo mayores repercusiones sobre otros negocios de los mercados Colón y Las Américas, aledaños a la quinta avenida.
Casa de Esperanza
Son como hormigas, que unidas levantan paredes de madera.
Los misioneros de Casa de Esperanza, una organización de origen estadounidense, construyeron en apenas cuatro horas, una casa nueva de madera de doña Crucita y don Celestino, una pareja de ancianos que vivía en condiciones deplorables en la colonia Nueva Suyapa.
Aunque ellos solo pusieron la mano de obra, pues la madera la donó el alcalde Ricardo Álvarez y el doctor Mario Zelaya, de la unidad de salud de la comuna, los voluntarios con martillos, serruchos y clavos en mano levantaron en un santiamén la vivienda digna que ahora cobija a la pareja de ancianos.
Los misioneros dirigidos por los estadounidenses Mark Pimball y Mark Connell levantaron las paredes y hasta colocaron rampas para que los ancianitos puedieran desplazarse en sus sillas de ruedas.
Una mujer solidaria
La vida la recompensó con el cariño de unos nuevos abuelos. Sin esperarlo, al no tener más a sus abuelos de sangre y una vez que conoció la historia de amor de doña Crucita y don Celestino, decidió darlo todo por ellos.
Es sencillamente una mujer solidaria, capaz de despojarse de lo que tiene y hasta de lo que no tiene para ayudar a los demás.
Así, es el perfil que describe a Marithé Arauz, quien hace unos meses atrás no conocíamos, pero que prácticamente se convirtió en la autora material de la felicidad y la dicha de estos dos jovencitos de 87 y 90 años respectivamente, de contraer matrimonio ante la ley de los hombres y la de Dios.
Su lucha siempre fue al pie de la bandera. Ella movió cielo y tierra para conseguir que sus conocidos aportaran un granito de arena a la felicidad de Crucita y Celestino, al grado que en compensación, los recién casados la nombraron su nieta.
Los ancianos llevaban años soñando con ser marido y mujer, pero por falta de recursos económicos no lo habían logrado.
EL HERALDO realizó una extraordinaria campaña para mejorar su calidad de vida, al grado que tienen casa nueva y Marithé fue la primera en decir, aquí estoy.
Doña “Chila” y su entrega
A mediados de junio, los hondureños conocieron la lucha de una humilde madre, quien pese a sus carencias, daría la vida por sacar adelante a sus tres hijos.
Doña Isidra Fúnez o simplemente "Chila", como la conocen en su zona, vive en una casa que podría ser su tumba. Su humilde vivienda, ubicada en la aldea Cerro Grande, salida a Olancho, sigue en pie por unos podridos troncos, una enorme roca que le sirve de pared y solo por la mano de Dios.
EL HERALDO conoció su triste historia. Desde que una enfermedad pulmonar le arrebató a su esposo y padre de sus hijos, quedó sumida en el llanto y la desesperación por no saber qué sería de sus tres pequeños de pan en mano.
Pero no se dejó vencer, desde ese entonces, ha hecho de todo: halar agua, vender tortillas, lavar y planchar ajeno, con tal de que sus hijos no abandonaran la escuela.
Allan, Fernando e Isaías, son unos niños ejemplares, educados y comprensivos con su madre, al punto que en la jornada que no van a la escuela le ayudan a realizar las faenas diarias para ganarse la vida.
Horas más tarde de que este rotativo diera a conocer su historia, salieron a la luz muchos corazones solidarios. Al día siguiente, los reporteros tocaban la improvisada puerta de su casa para abastecerla de productos alimenticios básicos para ella y sus pequeños.
Asimismo, un capitalino solidario que prefirió mantenerse en el anonimato ofreció hacerse cargo de la educación de los niños, hasta que tuvieran un título de Educación Media, siempre y cuando mantuvieran sus buenas calificaciones, requisito que no es nada difícil para ellos.
Don Marco Salgado
Un incendio en la aldea Zarabanda, Santa Lucía, el primer fin de semana de abril cabó la tumba de un humilde campesino que ofrendó su vida por proteger la fuente de agua que abastecía su vivienda.
Las voraces llamas no solo acabaron con la vida dorada de don Marco Salgado de 72 años, sino también con su vivienda.
Su esposa, María Luisa relató en ese entonces que su cónyuge al ver el fuego salió dispuesto a proteger la fuente de agua, sin imaginar que en ese acto heroico dejaría su vida.
Según el informe del Cuerpo de Bomberos, decenas de habitantes de la zona, entre ellos, Salgado, se habían sumado a la misión de apagar las llamas desatadas en unas 20 hectáreas de Zarabanda. A este anciano que en la época más fuerte en que se producen innumerables incencios forestales en el país, -la mayoría a causa de pirómanos-, EL HERALDO lo recuerda como todo un héroe anónimo que arriesgó todo por la tierra.
Lastimosamente, don Marco Salgado no ha sido el primero en ofrendar su vida por la protección de los recursos naturales que año con año son el blanco de la depredación y la mano inmisericorde del hombre. Se destruyen alrededor de 100 mil hectáreas de bosques cada año en el país.
Mujeres luchadoras
La colonia 21 de Febrero no tendría ese nivel de desarrollo que tiene ahora, sin ellas.
A pesar de ser mujeres que trabajan, cocinan, atienden a sus hijos, lavan, planchan, todavía les queda tiempo para poner orden en su comunidad.
Son 10 súper heroínas que se han ganado el título a pulso, pues conformaron un patronato que ha empezado a transformar la colonia.
Ondina Cálix, que es la presidenta, e Ilsa Valle, vicepresidenta, Cristina Marroquín, Gladys Juárez Zoila Marina Rodríguez, Francisca González, Regina Morales, Aída Flores y Perseveranda Miranda, les ha tocado gestionar por iniciativa propia, fondos para mejorar la calidad de vida de sus vecinos.
Con su persistencia, honradez y buena voluntad, ya han logrado pavimentar la calle principal de su zona, construir una guardería para madres de escasos recursos y varios proyectos de infraestructura, alumbrado público y de salubridad. Estas heroicas madres de familia se han convertido en el ejemplo de toda la comunidad en la que residen unas mil 400 familias. Aunque no gozan de un sueldo, son más puntuales que un reloj y se reúnen todos los miércoles y sábados para planificar sus actividades mensuales.