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Simples y solemnes investiduras de antaño

Hubo presidentes que habían sido expulsados del país que tuvieron que librar batallas sangrientas para recuperar el poder ganado en las urnas.
09.01.10 - Actualizado: 09.01.10 09:47pm - Redacción: redaccion@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

No todas las investiduras presidenciales han sido solemnes, costosas y exhibicionistas.

En el pasado, algunos presidentes tomaron posesión de sus cargos en Amapala, como medida de seguridad para evitar que llegaran fuerzas insurreccionales a impedir la ceremonia.

Hubo presidentes que habían sido expulsados del país que tuvieron que librar batallas sangrientas para recuperar el poder ganado en las urnas.

Además de Amapala, se realizaron humildes actos de traspaso de mando en el Teatro Nacional Manuel Bonilla- construido por gestiones del poeta Froylán Turcios- en el Congreso Nacional, la antigua Casa Presidencial, ubicada donde hoy está el Congreso Nacional, y en el cine Clámer, en donde también se desarrollaban convenciones de los partidos históricos.

Las ceremonias de traspaso, en su mayoría huérfanas de público y de invitados internacionales, se limitaban a lo simple: a la juramentación del nuevo presidente y a su discurso.

El fundador del Partido Liberal, Policarpo Bonilla, tomó posesión de su cargo el 1 de febrero de 1895. Los historiadores no precisan dónde fue el acto pero sí abundan en detalles sobre las condiciones en que llegó al poder.

El político se hallaba exiliado en Nicaragua, junto a otros dirigentes liberales. Como el presidente Domingo Vásquez le declaró la guerra al presidente de Nicaragua, José Santos Zelaya, por el apoyo que le daba a los emigrados, al final Zelaya terminó apoyando a Bonilla hasta derrocar a Vásquez.

“He llegado al poder en brazos del Partido Liberal, después de que este hizo innúmeros sacrificios y me honró con una confianza ilimitada”, dijo Bonilla al tomar posesión.

El general Terencio Sierra, liberal -registrado por la historia como un hombre violento, de carácter enérgico e impulsivo- prestó juramento ante el Congreso Nacional 1 de febrero de 1899.

“La ceremonia revistió solemnidad extraordinaria pues el acto en sí era inusitado en el medio nacional, donde la mayoría de los cambios presidenciales se habían efectuado en un clima de violencia o de inestabilidad”.

El triunfo de Manuel Bonilla, fundador del Partido Nacional, fue desconocido por el Congreso en 1902, imponiendo al liberal Juan Ángel Arias. Bonilla, que estaba en Nicaragua, entró a Honduras y prestó juramento como presidente de la República ante el alcalde de Amapala.

Andrés Palacios

Antes, la Alcaldía de ese puerto había levantado un acta en la que reconocía como único presidente a Manuel Bonilla. Pero el juramento no fue suficiente: para poder iniciar sus funciones como gobernante, Bonilla tuvo que librar una guerra contra el gobierno ilegal de Juan Ángel Arias hasta derrocarlo.

El liberal Rafael López Gutiérrez fue investido como presidente de la República en el marco de una sencilla ceremonia realizada en el Teatro Nacional Manuel Bonilla, el primero de febrero de 1920.

El presidente del Congreso, Carlos Alberto Uclés, al entregar al nuevo presidente “los objetos que en depósito había puesto el doctor Bográn en sus manos”, dijo: “A nombre de los representantes del pueblo, pongo en vuestras manos la ley fundamental de la República, que guardaréis religiosamente como verdadero magistrado republicano y coloco en vuestro pecho el Escudo de la Nación que defenderéis siempre, esforzado ciudadano patriota. Os entrego ese depósito sagrado que, para el patriotismo hondureño, simboliza la libertad del pueblo y confío y espero que, al volverlo a sus manos, os declarará gobernante benemérito”.

Por su parte, López Gutiérrez expresó: “Entro a la Presidencia de la República sin odios ni rencores contra nadie. Llego con los propósitos más sanos”.
A López Gutiérrez se le debe la construcción de la Casa de Gobierno ubicada en el centro de Tegucigalpa.

Tras una cruenta guerra civil, que tuvo su origen en el desconocimiento de los liberales del triunfo obtenido en las urnas por Carías, y ante una crisis económica asfixiante, tomó posesión como primer magistrado del país el nacionalista Miguel Paz Baraona. Este hecho ocurrió el 1 de febrero de 1925. En su discurso, Paz Baraona afirmó que llegaba al poder “Limpio de odios, libre de cadenas”.

Tiburcio Carías Andino había intentado por tres ocasiones llegar al poder.

En 1923 ganó las elecciones pero el Congreso, controlado por los liberales, desconoció su triunfo. En 1925 quiso de nuevo ser el candidato presidencial del Partido Nacional pero Estados Unidos no se lo permitió y, en 1928, perdió frente al liberal Vicente Mejía Colindres.

Se volvió a lanzar en 1932 y ganó arrolladoramente frente al liberal Ángel Zúñiga Huete. La toma de posesión de Carías se desarrolló bajo un ambiente de intranquilidad social.

El mismo Carías se había encargado de aniquilar a las fuerzas liberales alzadas en armas contra el gobierno de Mejía Colindres para que no entregara el poder. A este hecho se le conoce como “la revuelta de las traiciones”.

“En este momento, el más trascendente de mi vida, quiero, ante todo, expresar al pueblo hondureño, dignamente representado por vosotros, mi gratitud profunda por la muestra de confianza y de aprecio con que me honró favoreciéndome con la mayoría de sus votos”, expresó Carías en un discurso de apenas dieciocho párrafos.

El historiador Mario Argueta dice que una de las ceremonias de traspaso de mando que más le ha llamado la atención es la ocurrida el 1 de enero de 1949 cuando Juan Manuel Gálvez, sustituto de Carías, “llegó sin guardaespaldas, cualquier persona podía estrecharle la mano”.

“La alta oficialidad (entre los que iba Armando Velásquez Cerrato) iba atrás de las autoridades civiles. Esto tiene mucho simbolismo. Gálvez lo hizo a propósito para recordarle a los militares que el poder civil estaba por encima del militar”.

A partir de 1957, el estadio Nacional, construido por Carías, ha sido el escenario de pomposas ceremonias de transmisión presidencial.

“El primero que hizo una toma de posesión con bastante ostentación fue Villeda Morales”, un hombre con mucho carisma, recuerda el también historiador Longino Becerra. El escritor Ramón Amaya Amador hace una descripción hermosa de esta toma de posesión.

“Atención”, advirtió el maestro de ceremonias a través de altoparlantes, “En estos instantes históricos entra en el estadio Nacional el ciudadano que recibirá la presidencia de la República.

Un viva prolongado hace estremecer las graderías. Miles de personas se ponen de pie, agitando banderolas y pañuelos y la música marcial de una banda filarmónica es ahogada por el múltiple grito. Millares de ojos se posan en el amplio portón engalanado de banderas nacionales por donde, seguido de vistosa comitiva, entra, después de veinticinco años de dictaduras, un nuevo presidente del país”.

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Villeda Morales en su toma de posesión. Fue la primera que se llevó a cabo en ese lugar. Aquí una imagen publicada por Longino Becerra en su libro “Evolución histórica de Honduras”.
Villeda Morales en su toma de posesión. Fue la primera que se llevó a cabo en ese lugar. Aquí una imagen publicada por Longino Becerra en su libro “Evolución histórica de Honduras”.

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