Honduras
Las libertades son el pilar fundamental de una democracia hondureña que en los últimos 28 años no ha podido romper los paradigmas de la inequidad y de las injusticias sociales.
A partir de 1982 el país retoma el camino de una democracia representativa, que se mantiene hasta la actualidad. Sobre este débil sistema, Honduras ha tenido nueve presidentes constitucionales, ocho electos por el voto popular y uno nombrado por el Congreso Nacional.
La llegada de cada gobernante ha generado grandes expectativas en los hondureño, sin embargo, meses antes de cumplir sus cuatro años, según la percepción de los ciudadanos, ya casi nadie quiere que sigan en el poder.
Honduras inicia su recorrido democrático con el presidente Roberto Suazo Córdova, quien llega en momentos en que la región vivía conflictos armados que amenazaban la seguridad hondureña.
Las Fuerzas Armadas, un poder en el país, endurece sus líneas en la defensa del territorio. Por otro lado, el gobierno permite operaciones de la contrarrevolución sandinista desde los límites fronterizos con Nicaragua. Se autoriza la instalación de una base estadounidense en el país. En resumen, es un período de violaciones a los derechos humanos.
Los mandatarios que le siguen a Suazo Córdova hasta mediados de 2008 tratan de fortalecer el sistema representativo, pero al mismo tiempo van creando un gran abismo con la democracia participativa e incluyente.
Esa separación ha representado un gran obstáculo al desarrollo del país, evitando que el 62 por ciento de los hondureños que viven en la pobreza puedan mejorar su nivel de vida.
Para el sociólogo Noé Pineda Portillo, la democracia en Honduras ha tenido sus altos y bajos y eso se debe a la misma debilidad de las formas de gobierno. No han sido gobiernos sustentados en una base popular consciente de la realidad. A su criterio, uno de los problemas que afecta a los gobiernos es la improvisación.
No se puede hablar de una plena democracia mientras no se trate de llevar la igualdad a todos los hondureños, y eso solo sucederá cuando haya planificación a corto, mediano y largo plazo.
Recordó que, desde la Reforma de Marco Aurelio Soto, los gobiernos que ha tenido el país son "grandemente improvisadores, por eso no se hacen cosas que duren ni proyectos que tengan continuidad".
Aquellas naciones que han tenido una planificación en el tiempo ahora cuentan con instituciones más sólidas y con mejores índices de desarrollo, comparó. Al analizar los aportes de Suazo Córdova a la democracia, Pineda Portillo manifiesta que "la historia está haciendo su parte".
Planeación del Estado
En cuanto al presidente Simón Azcona, considera que este hizo muchas cosas para fortalecer el sistema, sin embargo, se le criticó mucho por su forma de tratar el amiguismo político.
Por su parte Rafael Valladares, ex asesor de la Comisión Presidencial de Modernización del Estado, recordó que fue Azcona quien inició la planificación de un Estado moderno y fue el entonces presidente Rafael Leonardo Callejas quien lo llevó a la práctica.
En este período gubernamental nace el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos y el Ministerio Público.
El presidente Carlos Roberto Reina asume en 1994 un Estado cuyas políticas económicas se habían enmarcado en el neoliberalismo, que para algunos críticos lo único que estaba generando era mayor inequidad y una profundización de la pobreza.
Reina sigue impulsando la modernización de las instituciones estatales como medida para fortalecer la incipiente democracia. Trabaja para cumplir con su promesa de supeditar los militares al orden civil. A pesar de las amenazas de algunos oficiales, Reina cumple con el objetivo, además logra sustituir el servicio militar obligatorio por uno voluntario y educativo.
A pesar de que los gobernantes se esfuerzan por fortalecer la institucionalidad, descuidan los problemas sociales que viven los hondureños en materia de educación y salud. La pobreza se estanca en un 62 por ciento y la extrema pobreza en un 37 por ciento.
En 1998 una nueva esperanza surge para los hondureños con la llegada a la presidencia de Carlos Roberto Flores, quien continúa con la labor de Reina de desmilitarizar los poderes del Estado.
En 2002 Maduro retoma una nación abatida por la delincuencia y la criminalidad. A pesar de sus planes de seguridad, la violencia, lejos de reducirse, se incrementa. Por otro lado, trata de impulsar la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos como una forma de fortalecer la democracia participativa.
A Maduro lo sustituye Manuel Zelaya Rosales, quien en su discurso de toma de posesión plantea: "no robar, no mentir, no matar", y cierra su ciclo gubernamental con: "patria, restitución o muerte", lema de una ideología política que lo llevó a cesar en el poder de la nación.
El octavo gobernante que tiene Honduras, Roberto Micheletti, asume las responsabilidades de un país en caos y con la presión de una comunidad internacional que abiertamente interfiere en los asuntos internos del país. Logra mantener la inviolabilidad de la soberanía y encausa a los hondureños en la corriente democrática con las elecciones generales donde resulta vencedor el candidato Porfirio Lobo Sosa, quien plantea que gobernará bajo la doctrina del "humanismo cristiano", donde el principio y el fin es el ser humano y no los sistemas.