Honduras
El mundo se oscurece cuando el hijo de Dios padece la muerte. La tierra tiembla, junto a la cruz nace la Iglesia en el ámbito de los paganos.
El centurión romano reconoce y entiende que Jesús es el hijo de Dios.
Desde la cruz él triunfa de nuevo. Aquí es bueno recordar las palabras del mismo Jesús para que nos queden de ejemplo: "Nadie me quita la vida, soy yo el que la da para salvación de los demás".
Ahí está cumplida la misión que Jesús tenía para nuestra salvación.
Su presencia va a ser ahora diferente, entrengándose la eucaristía, entregándonos el Espíritu Santo. De su sangre brotarán el hombre nuevo y la mujer nueva.
El cuerpo ya sin vida de Jesús es recibido por los más cercanos.
Lo de Jesús aparenta un fracaso. ¡Cuánta pérdida de vida en nuestra Honduras! ¡Cuánto esfuerzo aparentemente inútil!
Jesús dijo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no dará fruto.
Toda vida es valiosa ante los ojos de Dios. Nadie tiene autoridad para quitarle la vida a nadie.
Toda muerte injusta clama a Dios.
A cada moribundo el último respiro se le escapa de los labios; sin embargo, tú has inclinado la cabeza para entregarnos tú espíritu.
Señor Jesucristo, en la hora de tu muerte se oscureció el sol, constantemente estás siendo clavado en la cruz.
En este momento histórico vivimos en la oscuridad de la fe, por el gran sufrimiento, por tanta maldad en nuestro país.
El rostro de Dios, tú rostro, aparece irreconocible, pero en la cruz estás para salvarnos.
En esta hora de oscuridad y turbación, ayúdanos a reconocer tu rostro, a creer en ti y a seguirte en el momento de las penas y de las tinieblas.
Muéstrate de nuevo al mundo en esta hora. Has que se manifieste tu salvación.