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Décima Tercera Estación - María llora a su hijo

“Danos una fidelidad que resista en el extravío y un amor que te reciba en el momento de la necesidad más extrema”
02.04.10 - Actualizado: 02.04.10 04:16pm - Redacción: redaccion@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

En la noche de la muerte, Jesús sigue siendo nuestro Señor y Salvador.

La iglesia de Jesucristo, su nueva familia, comienza a formarse. El señor lo dijo: todo el que se rebaja será enaltecido, todo el que se engrandece será humillado.

Bajar el cuerpo de Jesús significó una humillación. Jesús ha muerto y todo parece mayor fracaso. No queda más que dajarlo todo en el recuerdo.

María, como tantas madres, recibe el cuerpo de Jesús unida a todas las madres de Honduras que reciben la noticia de la muerte trágica de un hijo, la noticia de la condena en una cárcel, la noticia de la pérdida de un hijo.

¡Cuántas personas, cuántas madres lloran desconsoladas, pero Jesús es recibido por los brazos de María. Ella sufre por la muerte del hijo, no le queda más que dejarlo todo en manos de Dios. Ha sido la jornada que el Padre le ha señalado. Como María, también el Padre Celeste lo recoge en su seno y le dice: tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. Con fe, esperanza y caridad, la Virgen María retiene silenciosamente ente sus brazos el cuerpo muerto de su hijo.

El padre Tito Bransmah en el campo de Dajau, a la enfermera odiada y despreciada por todos los presos a quienes debía inyectarle el ácido fémico, le regaló su pobre rosario. No sé rezar, fue la respuesta de aquella mujer. Él le respondió con mansedumbre: No es necesario que tú digas toda el Ave maría. Ella nunca pudo olvidar el rostro de aquel anciano sacerdote a quien había asesinado.

Más tarde dirá: él tenía compasión de mí... le había dado la muerte, pero él le había hecho renacer a la gracia. Has, Señor, que podamos permanecer delante de tu sepulcro en adoración de espera, como lo hizo Santa maría de Betania, la mujer que te había ungido anticipadamente con el aceite perfumado para la sepultura y que tú escogiste como primer testigo de tu resurrección.

Dios ha muerto. Has señor que en la hora de la oscuridad reconozcamos que estás presente. No nos dejes solos cuando nos has hecho el desánimo. Ayúdanos a no dejarte solo. Danos una fidelidad que resista en el extravío y un amor que te reciba en el momento de la necesidad más extrema. Ayúdanos para ver por encima de los miedos y prejuicios nuestro corazón, nuestro amor, preparando aquí el jardín en el cual tenga lugar la resurrección.

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María recibe el cuerpo de Jesús unida a todas las madres de Honduras a quienes llega la noticia de la muerte trágica de un hijo.
María recibe el cuerpo de Jesús unida a todas las madres de Honduras a quienes llega la noticia de la muerte trágica de un hijo.

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