Honduras
Cada pieza es una obra de arte en la que familias enteras invierten tiempo, esfuerzo y creatividad. Pero son también un reflejo de la fe de una ciudad que durante generaciones ha plasmado en las calles alfombras de aserrÃn, flores y semillas, en una expresión artÃstica que traspasa fronteras.
Los comayagüenses demostraron una vez más que la Semana Santa en su ciudad irradia simbolismo y devoción. Un total de 43 obras fueron plasmadas en las calles del centro histórico que recorre el vÃa crucis.
La ciudad se pintó de color. Una combinación de tonalidades y figuras que revivieron cada paso de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo fueron admiradas por propios y extraños.
Desde la Santa Cena, elaborada por la familia Yuja, con una combinación de semillas de tamarindo, morro, ajonjolÃ, ajo, café, pan y pescado, hasta el rostro augusto de Jesucristo con su corona de espinas, obra de la familia Ortega, las representaciones fueron sin duda todo un espectáculo. Y es que la creatividad sobrepasa al aserrÃn, cada año quienes trabajan en esta actividad agregan nuevos elementos.
La meditación de Cristo elaborada con corteza de pino y aserrÃn; el año sacerdotal, Jesucristo en camino al Calvario, el sacerdocio detallado en una base con semillas de chipilÃn, flor de caoba, cáscara de huevo y granos; los milagros del Hijo de Dios y la crucifixión fueron, entre otros, los cuadros plasmados en las alfombras.
Esta tradición viene de artesanos españoles de hace más de 400 años y es uno de los principales orgullos de los pobladores. Con la ayuda de los padres franciscanos, el propio Alonso de Cáceres, que fundó Comayagua en 1537, fue quien la trajo.