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Una madre en la penumbra de su celda

Era como si arrancara parte de su corazón, asegura ella misma.
08.05.10 - Actualizado: 08.05.10 08:28pm - Gerzon Padilla: gerson.padilla@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

Una de tantas mujeres hondureñas que no recibirán una felicitación, un abrazo, un beso, un regalo de sus seres queridos, todo porque cometió una equivocación en su inocente corazón de mamá.

Mató a su hija. Ahora recuerda ese momento cada día de su vida, algo que le desgarra el alma en la soledad y el encierro.
Sola.

Triste. Sin ninguna esperanza de amor. Así se encuentra Reina Margarita Burgos, de Alianza, en el departamento de Valle.

Ella cumple una condena con su conciencia y con la sociedad. Mató a su hija de 33 años, que un decenio antes había sufrido un derrame cerebral.

La anciana camina solitaria por los pasillos de la Penitenciaría Nacional Femenina de Adaptación Social (PNFAS). No habla con nadie, parece más un ánima que se confunde con las reclusas.

Recuerda el día en el que su hija falleció. “Le di una pastilla de curar frijoles para que dejara de sufrir”, dijo la anciana inocentemente.

Sin embargo, menciona que se arrepiente de haber asesinado a su propia hija en 2003.

Sus ojos se vuelven vidriosos y en su rostro se muestra una mueca de dolor que no pasa desapercibida para quienes se encuentran en el lugar.

Parece que fue ayer cuando tomó la fatal determinación.

Era como si arrancara parte de su corazón, asegura ella misma.

“Me arrepiento de lo que hice, si regresara a ese momento no lo volvería a hacer”.

Ella tiene más de 70 años y la ley que obliga a las autoridades a sacarla del reclusorio por su ancianidad ha sido dejada a un lado, quizá por la gravedad del delito o por humanidad del señor juez, ya que doña Reina se encuentra sola en este mundo porque su familia le dio la espalda y sus cinco hijos ya no quieren saber nada de ella.

Agregó que le dio depresión saber cómo su hija sufría a causa de la enfermedad. “Yo siempre pensé que ella me iba a enterrar a mí, pero fue todo lo contrario, debido a las circunstancias”.

Doña Reina camina con su conciencia y con el dolor de haber matado a su propia hija, todo porque su instinto le indicaba que tenía que evitarle un dolor que nadie comprendió... una tragedia.

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Doña Margarita pensó en su inocencia que asesinando a su hija hacía un bien, pues así le evitaría mucho dolor.
Doña Margarita pensó en su inocencia que asesinando a su hija hacía un bien, pues así le evitaría mucho dolor.

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