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Hambre, frío y enfermedades agobian a familias de El Zacatal

Son personas que permanecen alejadas del desarrollo. Su vida transcurrre sin esperanza, en medio de la selva, cobijadas bajo la sombra de galeras armadas con delgadas ramas.
14.06.10 - Actualizado: 14.06.10 10:08pm - Redacción: redaccion@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

Acá la pobreza es extrema.

Un cuarto de 4 metros cuadrados forma la casa. Una galera por donde el invierno les entra copioso como si estuvieran bajo la sombra de un árbol, pues el techo de paja no soporta las tormentas que azotan la zona.

En vez de paredes tienen ramas enfiladas siendo mayor los espacios libres que los que sellan las ramas, aberturas por donde entra cualquier tipo de animal.

El piso de tierra, permanece húmedo y el olor a chinche se siente desde el umbral.

Los niños desnutridos, llenos de tristeza.

En la aldea El Zacatal, la vida es silvestre, pues las condiciones en que residen las familias son inhumanas.

La mayoría de los niños deambula descalzos, con ropas sucias y rotas y en el caso de los bebés permanecen semidesnudos. En realidad, visten lo que tienen.

Cristino Domínguez, de 8 años, es el reflejo de las condiciones en que permanecen los niños de la comunidad.

El menor viste un pantalón que le deja al descubierto sus rodillas, no por moda, sino porque no tiene otra ropa que ponerse.

La camisa que porta está manchada por el tile del carbón y está a punto de quedarle al cuerpo, se nota que antes pertenecía a un hermano mayor.

" Yo no tengo zapatos, pero me gustaría tener unas botas de hule para ir a otros caseríos", dijo el niño.

Los juguetes ya ni siquiera son parte de sus sueños. Y es que se cansaron de soñar.

Nunca han recibido uno. Su tiempo y destreza la tienen no con el videojuego, sino con la capacidad de subirse en un dos por tres a los árboles frutales para saciar el hambre que a diario les agobia.

Condiciones precarias

En el interior de las cobachas, un retazo de plástico sirve de cama, no hay cobija ni calcetines para cubrirse los pies del frío ni un gorro que les proteja del sereno. Para los adultos apenas hay una cama forrada con pita (cabuya), la que les amenece marcada al cuerpo cada día de Dios.

En las ollas de barro que permacen cerca del fogón solo hay agua caliente y en una que otra casa hay nixtamal (maíz cocido), para el único tiempo de comida del día.

Ubicación

Estrechos caminos y dos horas de camino a pie son necesarios para llegar a la aldea El Zacatal desde la comunidad de El Naranjo.

Es un recorrido entre empinadas montañas.

En la aldea residen 76 familias, con un promedio de 500 personas, en su mayoría niños, pertenecientes a la etnia lenca, una de las comunidades más pobres del país, con el índice de desarrollo humano más bajo.

En la comunidad no tienen energía electrica ni agua potable. No hay centro de Salud, por lo que en caso de una urgencia médica trasladan al paciente en hombros o bestias durante más de tres horas hasta llegar al centro del municipio.

Esta es la realidad que se vive en esta zona del país, agobiada por el hambre y sumida en la desesperanza.

Necesitamos víveres

La solidaridad puede devolverle la esperanza a esta familias condenadas a vivir en la peor de las miserias.

EL HERALDO una vez más solicita de tu apoyo, para trasladar alimentos, ropa y medicinas hacia la aldea.

Lo que más urge son granos básicos, maíz, frijoles, arroz, azúcar, manteca, pastas y cualquier otro alimento que pueda ser enviado a la comunidad.

También se necesita ropa para niños y adultos en buen estado, zapatos de todas las tallas, cobijas, colchonetas y medicinas.

Los juguetes también son importantes, para que el sueño de tener uno retorne a la vida de centenares de niños. Para donaciones, puede llamar al teléfono 236-7877 de EL HERALDO.

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Al menos tenemos un techo, dicen los pobladores en su humildad. En realidad, no hay techo ni paredes.
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