Honduras
“Estuve un mes incapacitada por ese café”
Iveth Salgado dice que, literalmente, se escapó de la sombra de la muerte. Esta joven emprendedora, quien labora en una prestigiosa empresa de la capital, asegura que el afán de adelgazar casi le cuesta la vida. Relata que hasta hace unos pocos días se reincorporó a su trabajo, luego de permanecer casi un mes incapacitada por el consumo del "café milagroso" para adelgazar.
El testimonio
"Me quedé con sobrepeso después del parto e hice dietas pirujas para adelgazar y nada. Nos ofrecieron este producto y con otras dos compañeras comenzamos a utilizarlo al mismo tiempo", contó.
Lo primero que hicieron fue irse a pesar como se los habían recomendado, a fin de verificar la efectividad del producto.
El mismo día que lo consumieron sintieron una alteración en la presión, el cuerpo les temblaba y mucha sed.
Las tres amigas ignoraron los efectos, porque a la semana habían perdido no menos de cinco libras cada una.
"Estábamos felices porque mirábamos los resultados", recordó.
Pero el organismo de Iveth no soportó todo el tratamiento. A dos días de terminarlo, no podía ir al baño del estreñimiento, al grado que sangraba para defecar. Dejó de tomarlo unas semanas con la esperanza de mejorar, pero fue todo lo contrario, su salud se quebrantó aún más.
Los insoportables dolores la obligaron a asistir de emergencia al Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) del barrio La Granja.
"El médico me revisó en cuanto llegué y se peractó que tenía fisuras en el ano, porque el café me había dañado el intestino grueso", reveló.
"Lo primero que me dijo el doctor fue que si había cambiado algo en mi dieta alimenticia, yo me dice a mi misma, es el café para adelgazar, pero el doctor lo confirmó. Me explicó que estos productos tienen un alto grado de cafeína y quien sabe qué otras sustancias y que eso me provocó deshidratación del intestino. Me iban a operar por lo irritado que estaba mi intestino".
Le dieron casi un mes de incapacidad. Con un tratamiento especial, esta capitalina se recupera de los efectos del "café milagroso".
"Apenas podía comer, no toleraba nada"
e regalaron una bolsita de un supuesto café diciéndole que tenía propiedades casi milagrosas que la adelgazarían en cuestión de días.
Emocionada con la idea, se alió con una amiga y juntas compraron una caja que les costó 550 lempiras en un salón de belleza de la colonia San Miguel, de la que se repartieron la mitad cada una.
Empezó a tomar una dosis diaria por la mañana en ayunas y el hambre se le quitaba por completo. Le producía una sensación de tomar agua, resequedad en la boca, dolor de cabeza y en las articulaciones e insomnio.
Pero Lourdes López jamás se imaginó que su obsesión por adelgazar le iba a costar tan caro, pasándole factura a su organismo.
"La sensación era horrible, dormía apenas unas dos horas, me sentía hiperactiva, ansiosa, estresada, y mi estado de ánimo era cambiante. Me enojaba por todo y de repente yo, una persona tranquila, estaba convertida en alguien desconocido para mi familia", narró con los ojos húmedos.
"No era yo"
El comportamiento de Lourdes era volátil. "Pasaba histérica y, hubo un momento en que por una tontería golpeé fuerte a mi hija, que mi esposo tuvo que intervenir. No era yo, ni supe por qué la castigué", continuó.
Los efectos en su organismo continuaron, pero ella en ningún momento se los atribuyó al producto que sin receta, utilizaba para adelgazar. Hasta que un día cayó en cuenta y decidió suspender la dosis que religiosamente tomaba. "Los primeros días fueron horribles, sentía que moría de desesperación por tomarlo de nuevo, era como si fumara y estuviera intentando dejar el cigarro", relata.
Sufrió cinco días de diarrea crónica, su presión se alteró y a pesar de tomar de todo, su estómago estaba inflamado. Apenas podía comer, no toleraba nada.
"Es una droga que lo puede matar a uno y lo peor es que se vende libremente en salones de belleza y farmacias. En Las Minitas llega un señor en un carro a venderlo como si fueran frutas o verduras", narró aún sin creer que se hubiese escapado de lo que ella denominó el "cafecito mortal".
"Me sentía rara, pensé que era normal"
o tener un cuerpo esbelto y la talla perfecta que exigen los diseñadores de alta costura le quitaba el sueño a Ana Elizabeth Galeas de 30 años.
Durante mucho tiempo intentó varias dietas que no dieron ningún resultado. Estar como ella misma define: "pasadita de peso" era un problema con el que no podía cargar un día más. Su desesperación la llevó a encontrarse de frente con la "milagrosa bebida" de la que muchos hablaban y que en efecto bajaba de peso en solo días.
"Una amiga me motivó a tomarla, el primer día me sentía rara, como si el mundo me diera vuelta, tenía ganas de vomitar y con una sed de nunca acabar", dijo.
Los síntomas no eran normales, pero pensó que era la cuota que debía pagar para no escuchar más que su familia la llamaran "ballena" y por no ponerse triste al no encontrar ropa de su talla.
Galeas relató que en la primera semana de consumo empezó a sentir la diferencia. Su grasa corporal comenzó a disminuir de una manera casi asombrosa.
Al filo del peligro
Pero los efectos secundarios no se hicieron esperar. "Empecé a sentirme muy mal, me ardía el estómago y hasta tuve un sangrado de la nada", narró.
La joven mujer no era la misma, en apenas unos días ingiriendo esta bebida, física y emocionalmente todo su mundo se había trastornado.
Cuenta que apenas unas horas de haber tomado la bebida, se sentía deprimida, con una profunda tristeza, además se enojaba por todo. "Me enojaba conmigo misma, con mi familia, era el eje de todo pleito", continuó.
Pero a los cambios psicológicos se unieron los físicos: Sudoración, estrés y cansancio eran solo algunos de los síntomas que durante días le cambiaron la vida y que le hicieron dejar un brebaje que le estaba haciendo daño a su organismo. Tuvo hasta el temor de que podría morir. Al final y con toda la fuerza de voluntad, logró dejarlo.
"La gana de adelgazar era más fuerte"
urante unos meses, se disputó la más grande de sus luchas con su "yo interno", en el sentido de creer o no creer en el milagro del producto que prometía quemar los kilos de más en su voluctuoso cuerpo.
Cuando al fin venció su guerra psicológica y el pánico que le producían los comentarios que escuchaba por todos lados de que era un producto dañino, se animó a consumirlo.
Sandra Almendárez, de 32 años vecina de la colonia Villa Nueva, asegura que seis dosis le bastaron para que se le quebrantara la salud.
"El primer día no sentí nada, más que una llenura que solo me permitía soportar el agua... ese día creo que lo único que comí fue un banano", recordó.
Pero al tercer día, su organismo no era el mismo. Se sentía adormecida, mareada, con unas ganas intensas de vomitar y deprimida.
"Yo me sentía mal y me daba vueltas en mi cabeza que era el quemador de grasas, pero me negaba a aceptarlo. Es más, en mi trabajo me preguntaban si lo estaba tomando y siempre lo negué", comentó.
A los seis días y al sentirse tan mal, Sandra se dispuso dejar de tomar la "bebida milagrosa", pero pensaba en el fracaso de la inversión que con tanto sacrificio había hecho y retomó su uso a los tres días.
"Fue la peor decisión, porque lo tomé una semana más y allí sí casi me muero de los síntomas. Llegué a pedirle a Dios que me diera otra oportunidad y boté el resto del producto que me quedaba", dijo.
Lo preocupante, según Sandra es que en la iglesia evangélica en la que se congrega, este milagroso producto ha sido una fiebre y miles lo han utilizado. "Yo digo, por qué si no es dañino como dicen, nos hizo mal a todas mis amigas", cuestionó.S u recomendación es que verifiquen con un especialista si es recomendable o no consumirlo, porque hay mucho revuelo en el país por su uso.