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Descarada complicidad

Mercado sexual: 15 minutos bastaron para concretar con los dos jovenzuelos el precio de la operación de compraventa de sexo. En el hospedaje, cinco minutos bastaron para que se permitiera el ingreso a una habitación.
26.07.10 - Actualizado: 27.07.10 02:59pm - Redacción: redaccion@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

Deambulaban juntos por la oscura calle. Sus miradas se perdían en el pavimento gris. De repente un auto se detuvo junto a ellos. Buscaba obtener de los dos niños sexo a cambio de dinero.

Su ceñida ropa dejaba en evidencia su cuerpo todavía en etapa de desarrollo. Uno de ellos de baja estatura, de por lo menos 90 libras de peso, pelo alborotado y con una apariencia de 15 años.

El otro, un poco más robusto, de estatura mediana, de facciones finas en el rostro y con una apariencia de 16 ó 17 años. Ambos ofrecían sus cuerpos en la calle Los Horcones de la ciudad capital.

Sospechaban lo que la persona al interior del auto quería. El vidrio bajó y una sonrisa simulada de perversidad les saludó.

El equipo de investigación de EL HERALDO quería documentar lo fácil que es encontrar en el centro de Tegucigalpa, en horas de la noche, placer sexual envuelto en delito.

El contacto

Dos palabras bastaron para que ambos ofrecieran desesperadamente placer infantil.

-¿Y entonces?

Se le dijo sin mayor preámbulo a los jovenzuelos. Sin mayores pistas entendieron lo que el hombre buscaba.

-¿Qué hay?

Contestó el que aparentaba ser el menor.

-¿Se animan?

-Depende, contestó.

-¿De qué?

-De lo que querrás.

-Vos sabés bien, no te hagás. ¿Por cuánto me va a salir?

-Trescientos cada uno.

-No loco, no ando tanto pisto (dinero) acordate que me toca pagar lugar o ¿tiene dónde?

-No, no tenemos.

De repente ambos niños cruzan miradas y el "negociante" se hace gestos con la cabeza con su compañero. Como si se tratase de un lenguaje en clave el otro entiende y asiente con la cabeza.

"Dejalo en quinientos los dos pue", ofrece.

La oferta en realidad no importaba. Lo que se buscaba era que la ingenua presa mordiera el anzuelo.

La primera parte del trabajo estaba finiquitada. Restaba la segunda etapa: desenmascarar a los cómplices de la operación dinero por sexo infantil.

-Loco, pero ¿dónde vamos a ir?

-Mirá, tiene que ser acá mismo porque no nos podemos ir del centro.

-Pero acá no hay lugares así, se argumentó, fingiendo no conocer de los hospedajes del centro de la ciudad que se vuelven cómplices de este delito.

-Sí hay. Nosotros conocemos unos, pero tenés que pagarlo vos.

-La fregada es que me meta a problemas porque ustedes son menores de edad.

-Con el don ese no hay falla.

-¿Estás seguro?

-Sí, nosotros ya hemos entrado ahí.

-Démosle pue.

De inmediato, los jovenzuelos dan las indicaciones del lugar que en ocasiones anteriores les ha servido para vender su cuerpo. Está ubicado a tan solo dos cuadras del lugar donde consiguen sus clientes.

Todo está pactado. Sin embargo, se les pide un par de minutos para "ir a retirar dinero del cajero automático". En realidad era el tiempo que se necesitaba para advertirle al segundo equipo de investigación dónde sería el lugar al que debían moverse para captar las imágenes.

El tiempo solicitado transcurrió. Tal y como se había acordado, los dos menores estaban en las afueras del hospedaje, esperando por la llegada de su "cliente".

Como si se tratase de una travesura infantil, los niños hicieron su ingreso al hospedaje a veloz carrera.

En las afueras, un joven alucinaba por los efectos del pegamento y pedía algo de dinero. Había que librarse de él para evitar que obstaculizara la captura de las imágenes por parte del segundo equipo de investigación. Un par de billetes fueron suficientes.

Cómplices

Atrás de unas rejas blancas, sentado cómodamente y sin despegar la mirada de los dos jovenzuelos y el hombre que pasaba frente a él, estaba la persona que daría luz verde a una posible perversión, a un posible delito.

-Buenas, jefe, ocupamos una habitación. ¿Qué cuesta?

-Trescientos. Pero... (frunce el ceño y una duda parece cruzar por su cabeza, mientras revisa de pies a cabeza al hombre) solo se van a quedar ellos, ¿verdad?

-No, los tres.

-Ahh, pero solo se pueden quedar ellos.

-Lo único que necesito es entregarles unas cosas.

Va a ser rápido, media hora nada más.

-Pero ellos no tienen identidad. Usted sí tiene, ¿verdad?

Sí claro, pero para qué tanto rollo.

Tome, agarre cuatrocientos (se le entrega un billete de 500 lempiras) y lo dejamos así.

Sin pensarlo dos veces, el hombre se olvida como por arte de magia de todos los requisitos que pidió antes y decide ponerse el traje de la complicidad. Ya no fue necesario que el hombre que se estaba metiendo en una habitación con dos menores de edad dejara en la recepción su cédula de identidad.

Se inclina sobre su escritorio y saca de una gaveta una toalla que evidencia que tiempo atrás fue blanca, un rollo de papel sanitario y un diminuto jabón de baño.

El peso de su conciencia aparentemente le hace actuar, "no se olvide que solo son 30 minutos los que va a estar con ellos", dijo. Uno de los jóvenes agarró las cosas proporcionadas por el hombre.

El otro le pidió que le regresara un papel blanco que momentos antes le había dado. Más adelante se descubiría que ese documento era la copia de la cédula de identidad de uno de sus hermanos.

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Sin mayor dificultad, los clientes pueden ingresar a hospedajes para sostener sexo con niños sin que haya autoridad que impida o sancione a los infractores de la ley
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