Honduras
Su porte era el de un hombre normal que recién salía de su oficina, como el de cualquier otro que circulaba por la avenida Cervantes a eso de las 8:30 de la noche de un viernes.
Camisa azul formal con mangas dobladas a la mitad de los brazos, pantalón negro de tela, pelo corto y barbilla de candado lo hacían lucir como un ciudadano más.
La misión original era una sola: evidenciar cómo niños venden sus cuerpos en la oscura calle Los Horcones. Sin embargo, dos vueltas alrededor del centro buscando hacer contacto con los menores y la insistencia del hombre en seguir con su mirada a cuanto vehículo le pasara por enfrente fueron suficientes para detectar que el hombre que estaba apostado en la esquina buscaba algo.
A la tercera vez el vidrio del lado del pasajero bajó. El equipo intentaba indagar sobre la presencia de aquel hombre en una esquina en la que, generalmente, permanecen menores para prostituirse .
De inmediato se obtuvo la atención del sujeto. Su mano derecha y un gesto en su cabeza se combinaban en uno solo para preguntarle al conductor del automotor sobre lo que buscaba. La duda estaba en el ambiente: ¿un hombre estaba prostituyéndose?
Había que alertar al segundo equipo de investigación para que se movilizara desde donde estaba apostado graficando menores de edad y se movilizara hasta donde se encontraba el individuo.
Una cuarta ronda hecha minutos después bastó para corroborar la hipótesis. El otro equipo está en el lugar adecuado para captar las imágenes. El conductor del auto le hizo un cambio de luces. El personaje entendió y dio una respuesta afirmativa con su cabeza.
El vehículo se estacionó con las intermitentes encendidas. El vidrio del lado del pasajero bajó y sin esperar más el hombre, cuya apariencia era la de uno de 35 años, se inclinó sobre el automotor y sin más se dispuso a intentar ingresar. Sin embargo, el cerrojo se lo impidió.
-Abrí, dijo con toda confianza.
-Je, je, je... calmate. ¿Qué ondas con vos?
-¿Querés o no querés? Te mirás bien. Demos un rol.
-Sos gay, supongo.
-Para nada loco.
-¿Entonces, qué es un hombre que se mete con otro?
-Es puro vive man.
-¿Y cuánto cobras?
-No hombre, yo no cobro.
Su argumento había desconcertado. El hombre estaba ofreciendo placer pero sin recibir nada a cambio más que satisfacción por su preferencia sexual.
Una revisión fugaz del individuo para constatar que no portara armas que significaran riesgo y una rápida mirada para constatar que el segundo equipo de investigación estaba en el lugar para captar las imágenes y para alertar de cualquier eventualidad antecedieron a la liberación de la puerta del automóvil para que el sujeto abordara.
-Subí, se le dijo.
Sin mayor complicación, el hombre que aparentaba tener un trabajo de oficinista, por su forma de vestir, subía al auto de un desconocido para, según él, aventurarse en lo que buscaba.
-Pero vos no tenés pinta de homosexual. ¿Qué ondas con vos?
-No man, yo tengo mi mujer. Tengo hijos.
-Sos bisexual, entonces.
-Sí.
-Pero si no cobrás por esto, entonces ¿por qué lo haces?
-No vo, es por el vive, por ganas de pasarla bien. No sé. ¿Pero dónde vamos a ir?
El sujeto estaba poniendo alto a la indagatoria para conocer las razones que lo llevaban a ofrecer en una esquina placer.
-Pues no sé dónde podemos ir. La verdad es que no sé, más bien qué ondas con este rollo. Creo que mejor te voy a dejar a donde estabas.
-¿Por qué?
-Porque sí, este rollo no va conmigo.
-No le parés bola.
De inmediato había que regresar al sitio donde el sujeto había subido al auto, muy cerca de la Catedral Metropolitana.
El segundo equipo de la Unidad Investigativa permanecía ahí. De nuevo el vehículo se estacionaba y el hombre se disponía a bajar del auto pero no sin antes hacer un último intento por ligar.
-Si te decidís, acá voy a estar un rato más.
-Cheque loco, cuidate.
Estaba demostrado cómo hombres también están ofreciendo placer en la calle.