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Invidentes "miran" un futuro mejor con artesanía

Por mes el centro requiere de al menos 250 mil lempiras para su funcionamiento, presupuesto que resulta imposible de captar de forma mensual.
31.07.10 - Actualizado: 31.07.10 09:35pm - María Ortiz: redaccion@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

La diferencia entre ver el mundo real o imaginárselo desde las tinieblas de sus ojos es que puede pintarlo a su antojo: perfecto y sin maldad.

Al menos así ha aprendido a verlo don Nelson Sánchez después de que un incidente delictivo a la salida de su trabajo le robara no solo el dinero que llevaba, sino también la luz de sus ojos.

La brutal paliza que le propinaron le hizo perder la vista, el olfato y el gusto, pero paradógicamente don Nelson le encuentra más sabor a la vida que el vidente mismo.

Este hondureño, originario del municipio de San Juan de Flores, ha aprendido en los últimos 10 años más oficios y formas de ganarse la vida que en los 30 que alcanzó aún con visión.

Sabe operar equipo pesado, es alfarero, carpintero y además músico. Ha fabricado cómodas y chineros con sus respectivos espejos y ya ha vendido los primeros cuatro.

Su idea es tener su propio taller o conformar un conjunto musical que le cante al amor y a la vida.

"No podría explicar cómo es este mundo de ciego, cuando he vivido las dos experiencias, pero sí le puedo decir que soy igual de productivo que los demás", expresa con convicción, mientras cepilla la rústica madera que servirá para fabricar las nuevas bancas de la iglesia de la Escuela para ciegos Pilar Salinas.

Una escuela

Don Nelson reconoce que su admirable perspectiva de ver la vida no fue de la noche a la mañana. "No fue nada fácil para mí aceptar que me quedé ciego de un día para otro. Me frustré, sentí que se me acabó el mundo, pero encontré una bendición en el camino", relata.

De la bendición que habla es del Centro Artesanal e Industrial para Ciegos (Caipac), institución localizada en el municipio de Santa Lucía.

Y es que desde 1983, las personas no videntes tienen otra oportunidad de inserción y superación, en el Caipac.

Su creación fue producto de una acertada visión. La señora Pilar Salinas, una persona no vidente que movida por su capacidad especial había fundado la escuela para ciegos que lleva su nombre, descubrió que muchos alumnos no tenían actitud para el estudio y quiso enseñarles un oficio.

La estratégica ubicación del centro tampoco fue una casualidad. "Ella (Pilar Salinas) quiso que aquí estuviera el Caipac porque la virgen de Santa Lucía es la protectora de las personas ciegas. En sus manos carga un par de ojos", explica Rodny Moncada, administrador de la institución.

La misión es rehabilitar jóvenes, hombres y mujeres no videntes o con debilidad visual extrema, para integrarlos a la población económicamente activa.

En la actualidad se preparan 38 personas provenientes de todo el país, quienes viven en el centro.

En este lugar, han formado una verdadera familia. Muchos han encontrado en sus compañeros y docentes más que un amigo; un hermano, un padre o una madre.

"Acá se les da todo, se les enseña a desarrollar la parte psicomotriz y hacer cualquier actividad que realiza una persona normal", señala Moncada.

Las clases van desde orientación, movilidad e independencia, hasta alfarería, carpintería, música, masoterapia y computación con un sistema especial para ciegos.

Y es que varios de los maestros son personas con las mismas limitantes que sus alumnos, lo que los hace verse en sus propios espejos.

Actualmente hay tres voluntarias japonesas que comparten sus conocimientos con los docentes para que estos, en un efecto multiplicador, lo enseñen a sus alumnos.

El ciclo de rehabilitación dura dos años, tiempo en el cual aprenden al menos nueve oficios diferentes en los talleres del centro, aparte de la educación profesional que reciben.

En 27 años que lleva funcionando, el Caipac ha formado e integrado a la vida activa a unos ocho mil invidentes. "Hay mecánicos que perdieron la vista, se han reintegrado y volvieron a ser mecánicos, aunque con sus limitantes pero mecánicos al fin", resalta Moncada.

Son personas que tienen familias; hijos que dependen de ellos y que aprenden a llevar una vida relativamente normal.

Los productos terminados de alfarería y de carpintería son comercializados en las expoventas que se realizan a nivel de otras instituciones de rehabilitación y también en el mismo municipio turístico.

Onerosa labor

El mantenimiento del centro resulta oneroso. Solo en un mes se invierten al menos 250 mil lempiras, y aunque es una institución semi autónoma, que recibe apoyo del Ministerio de Educación y de Gobernación y Justicia, opera con un déficit significativo.

Para el caso, los talleres de carpintería y alfarería funcionan a medio vapor porque hace falta materia prima. El papel braille, se consigue en imprentas reciclables y es rehusado para bajar el gasto.

Los teléfonos del centro son 779-0664 /0536 para cualquier ayuda económica o de materia prima.

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Pese a que entró al Caipac sin ningún conocimiento de carpintería, don Nelson Sánchez transforma la rústica madera en muebles de fino acabado. El motor de su vida son sus hijos que aún dependen de él.
Pese a que entró al Caipac sin ningún conocimiento de carpintería, don Nelson Sánchez transforma la rústica madera en muebles de fino acabado. El motor de su vida son sus hijos que aún dependen de él.

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