Honduras
"Mi corazón no me engañó, me dijo que algo malo le iba a pasar a mi hijo", lamentó doña Paula Romero al recibir en su casa los restos de su hijo Sabas Ramón Oliva Romero, de 47 años, una de las víctimas de la matanza de Tamaulipas, México.
Sabas emprendió el viaje sin retorno el pasado 7 de agosto, con el deseo de llegar a Estados Unidos, lugar en donde soñaba trabajar, como había sucedido tiempo atrás.
Y es que según los familiares, en el 2003 Sabas emprendió la misma odisea, pero en aquella ocasión logró burlar el peligro y la muerte, y durante tres años se quedó en Estados Unidos, situación que no se repitió esta vez.
"Ay hijito de mi alma, cómo saliste de aquí vivito y alegre y cómo regresás, qué voy hacer ahora con tanto dolor y tristeza", gritaba impotente la madre de Sabas.
El infortunado era el primero de los 10 hijos que procreó el matrimonio formado por Sabas Oliva, de 75 años, y Paula Romero, de 65 años, ambos originarios y residentes en la aldea El Quebrachal, en el municipio de San Esteban, Olancho.
En el interior de la vivienda en donde fue entregado el cuerpo inerte del hijo de doña Paula, cinco niños también lloraban desesperados ante la partida de su padre. Fueron los elementos de las Fuerzas Armadas quienes se encargaron de trasladar los restos del campesino hasta su humilde residencia, ubicada a más de 300 kilómetros fuera de la capital.
Su hermanose salvó de morir
La intención de Sabas era trabajar, ahorrar dinero y mejorar la casa, explicó Nolvia Álvarez, viuda.
"La última vez que me llamó fue para comentarme que me preparara, ya que ocuparía dinero para pagar el coyote, pero nunca me dijo la cantidad", recordó.
Al momento de emprender camino, Sabas salió acompañado de su hermano menor, Miguel Arcángel Oliva Romero, pero en tierra mexicana se separaron ocho días antes de que sucediera la tragedia.
"Como ya habíamos intentado varias veces llegar de "mojados" a Estados Unidos ya conocíamos la ruta, por eso de Honduras a México solo tardamos cuatro días, pero luego nos separamos", dijo Miguel.