Honduras
En sus gritos de lamento iba atada la indignación. Entre sus lágrimas de tristeza y desesperanza, por sus miradas perdidas se cruzaba la condena y el repudio.
La escena se repitió en diferentes puntos del territorio nacional luego de que los cadáveres de 12 compatriotas que se convirtieron en las víctimas del grupo de extorsionadores y terroristas Los Zetas, al ser acribillados en la comunidad de San Fernando, Tamaulipas, México.
Los cuerpos arribaron el pasado miércoles a Honduras y ayer fueron sepultados en medio de la indignación y el desconsuelo.
En la aldea de El Guante, en el municipio de Cedros, Francisco Morazán, recibió cristiana sepultura el cuerpo de Miguel Ángel Cárcamo. En esta comunidad, el luto y la consternación se apoderaron de sus pobladores.
"Dios mío, Dios mío, por qué te lo llevaste así", gritaba desconsolada una de las hijas de la víctima cuyo único error fue ir en busca de una mejor oportunidad de vida para él y su familia. Las escenas fueron similares en Olancho y la zona norte del país, lugares adonde también se llevaron a algunas de las víctimas.
Desconsuelo en el norte
En el hogar de la familia Chirinos nadie podía consolar a la señora de la casa. Cualquier frase de aliento solo le recordaba la brutal forma en la que le arrebataron la vida a su esposo Joan Adolfo (24).
Para Chanel Chávez, la búsqueda del "sueño americano" se convirtió en una pesadilla al darle ayer el último adiós al hombre que se fue a Estados Unidos para darle una mejor vida, y que regresó a su lado solo por unas horas y en un ataúd."
¿Por qué me lo arrebataron de esta manera? Así no, Dios mío, así no. No lo puedo dejar aquí solito", gritaba suelta en llanto mientras el cadáver del padre de su hijo, de 40 días de nacido, era metido en una fosa en el cementerio La Puerta, a las 12:00 del mediodía.
Los gemidos de dolor se escuchaban por todas partes en este camposanto. En un extremo, vecinos, amigos y familiares lloraban sobre el féretro de Joan Adolfo; y en otro extremo se sufría por Brayan Ariel García, de 18 años. Ambos son víctimas de la masacre en Tamaulipas, México. "Mi hermano no", repetía Vanessa García, mientras miraba la tumba de Brayan Ariel.
Joan y Brayan residían en la colonia Planeta, donde dos horas más tarde los vecinos, amigos y familiares le dieron cristiana sepultura a Carlos Alberto Valle Lazo, de 20 años, en Jardines del Recuerdo.
"Este es el gran sueño americano", expresó entre sollozos Teresa Valle, madre de Carlos Alberto. Inocentes de lo que ocurría a su alrededor, los gemelos de tres años que dejó Carlos Alberto estuvieron en el sepelio. "¿Están sacando un tesoro?", preguntaba uno de los niños, confundiendo la tumba de su padre con un cofre.
Los cuerpos de los tres jóvenes llegaron ayer de Tegucigalpa a la 105 Brigada de Infantería de San Pedro Sula justo a la medianoche. Cada uno fue trasladado en un vehículo escoltado por militares y familiares más cercanos. A las orillas de una de las calles principales de la Planeta, decenas de vecinos recibieron a las víctimas entre lágrimas y aplausos.
La historia se repite
A decenas de kilómetros de San Pedro Sula, la historia se repite. Vestido de gala, pantalón de tela, camisa manga larga y corbatín, el pequeño Júnior Alexander Espinoza Reyes llegó a darle el último adiós a su papá. Ayer, día en que el niño cumplía 5 años de vida, no hubo la fiestecita que tanto esperaba. Su madre lo levantó temprano, le puso su mejor ropa y juntos se dirigieron al cementerio de la comunidad garífuna Triunfo de la Cruz, de Tela, adonde sepultaron el cuerpo de su papi Júnior Espinoza.
Su madre, abuela, tías, tíos y primos lloraban desconsolados, y el pequeño Júnior Alexander se mantenía firme, como el más valiente de los soldados, tomado de la mano de su tío Blass Castillo.
Parecía que por su mente iban y venían las imágenes de su padre, cuando las lágrimas aparecieron en su carita. "Ahora sí nos quedamos solos, papito ya se fue...", repetía el inocente. Consternado, su tío Blass le susurraba: "Hijo, nosotros estaremos contigo, no te vamos a dejar solo", mientras lo cargaba en sus brazos y se retiraban del camposanto.
El dolor de la familia Espinoza enlutó a toda la comunidad de Triunfo de la Cruz, en Tela. Tras la llegada del cuerpo en la medianoche de ayer a San Pedro Sula, el féretro fue trasladado a la aldea, adonde el velatorio duró apenas unas horas, pero contó con la presencia de un pueblo unido que ofreció sus muestras de pesar y condolencias a la familia doliente. Las clases fueron suspendidas en el centro educativo de la comunidad y maestros y alumnos acompañaron a los familiares en el ultimo adiós de Júnior. Ayer sepultaron su cuerpo.
Sin embargo, siguen a la espera del cadáver de Carlos Alejandro Mejía Espinoza, otra de las víctimas de la masacre de Tamaulipas. Sus restos aún permanecen en México debido a que lo enviaron equivocado, por lo que el dolor y la angustia de la familia se alargan. "Esperamos que el cuerpo de Carlos llegue pronto, sobre todo para que su madre lo pueda tener en un lugar donde ir a llorar por él", dijo Justo Espinoza, tío de la víctima.