Honduras
A Teresa solo le hace falta sacarse el corazón para entregárselo a los más necesitados de Honduras.
La recompensa terrenal que obtiene es el abrazo, la sonrisa, y el agradecimiento de miles de hombres, mujeres, niños y ancianos que viven en un paÃs donde lo único que poseen, y no pierden, es la esperanza.
Teresa Andrews de Searcy nació en Little Rock, Arkansas, Estados Unidos. Estudió teologÃa en dos universidades norteamericanas. En 1991 trajo su primer brigada médica y se enamoró de Honduras.
"Este es un paÃs bello, con gente muy agradable, muy linda, y yo siento que Dios me mandó para acá", expresó al aceptar dialogar con El Heraldo.
Nacida en una familia cristiana, desde niña comprendió que el trabajo y el servicio a los demás deben ir de la mano para crear sociedades más justas en el mundo.
A partir de 1991 comenzó a trabajar silenciosamente atendiendo, principalmente, a los marginados de la zona sur.
Ante la pregunta de ¿por qué centró su atención en ese sector?, ella responde: "Nadie piensa en el sur, ahà hay tanta calor, tanta humedad, tanta pobreza".
Desde 1991 empezó a traer anualmente entre dos y tres brigadas médicas. Ella recuerda que su trabajo de ayuda se incrementó durante el huracán Mitch, ocurrido en 1998.
HabÃa tantas necesidades que era necesario apoyar con alimentos, ropa, agua, medicinas y otras cosas a las personas damnificadas. "Uno no puede ser indiferente a estas catástrofes", meditó.
Servicio
En los últimos 19 años, esta dama estadounidense ha traÃdo más de cien brigadas médicas, con un promedio de 8,000 intervenciones quirúrgicas.
Entre las cirugÃas están las de labio leporino y paladar hendido, hernias, cálculos renales, de bocio, de várices, asà como de reconstrucción de orejas y deformidades del pie.
Para lograr la realización de las brigadas, según ella, ha contado con el apoyo de las autoridades del Hospital de Choluteca, a quienes muestra su agradecimiento.
En el paÃs además cuenta con el apoyo de un grupo de médicos nacionales que la apoyan en el seguimiento de las personas que han sido operadas durante la llegada de los galenos internacionales.
Al hablar de brigadas de cirugÃa no se incluyen las brigadas dentales, de ojos y de atención general que ha llevado por varias comunidades sureñas. "Vamos a esos lugares donde nadie va, donde no hay doctor", dijo.
Ante la falta de equipos médicos en estos sitios, "nosotros vamos y colocamos hamacas y ahà realizamos las atenciones dentales", relató riendo al recordar las vicisitudes que tienen que vencer para atender a los necesitados.
"Cuando uno quiere servir busca las formas de hacerlo", aseguró.
La ayuda que Teresa brinda a miles de hondureños es incuantificable. La operación más sencilla realizada por sus brigadas en el mercado privado de la medicina tiene un valor de entre dos y tres mil dólares.
Teresa relata que sus brigadas han realizado operaciones tan costosas que en las clÃnicas de Estados Unidos tendrÃan valores hasta de cien mil dólares. Recordó el caso de la reconstrucción total del rostro de un oficial de policÃa que sufrió un accidente automovilÃstico.
Aparte de las brigadas médicas, Teresa también ha traÃdo en los dos últimos años 1,650 sillas de ruedas y se las ha entregado a los pobres con problemas de movilidad, incluso ha traÃdo equipo para el hospital Escuela.
Después que se radicó en Honduras, ella creó la organización no gubernamental denominada Ministerio Chicano. Esta organización no cuenta con personal. Ella y su asistente José Beltrand Benavides realizan todo el trabajo administrativo y de campo.
En algunos casos busca la colaboración de personas voluntarias, entre ellos militares y muchachos exploradores.
"Dios nos manda a servir a los pobres, nos dice ‘sana a los heridos’ y eso es lo que hago", reflexionó Teresa, rememorando casos donde hombres han llorado de alegrÃa al recibir las ayuda.