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160 niños a la semana son repatriados a Honduras

En dos meses que lleva el consulado de Tapachula, México, de enviar estos buses se ha deportado a unos 600 niños hondureños, de estos unos 160 han sido reintegrados a sus familias. El resto son atendidos en Casa Alianza y el Ihnfa
10.09.10 - Actualizado: 10.09.10 11:32pm - Redacción: redaccion@elheraldo.hn

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Ciudad Guatemala,

Guatemala

El sueño de mejorar su dura situación económica los llevó a vivir 55 días de terror.

"Eduardo", un chico de 17 años, y su amigo "Carlos", de 22, salieron en febrero de este año hacia Estados Unidos desde su natal Santa Cruz de Yojoa.

En sus mochilas metieron lo necesario para cumplir la odisea: dos mudadas, un par de zapatos y miles de sueños por alcanzar, una vez que estuviesen en suelo estadounidense, pero la ruta que tomaron cambió sus anhelos por pesadillas.

Apenas llevaban 1,700 lempiras para pagar comida y hospedaje. Cuando llegaron a la frontera con Guatemala, lo cambiaron todo en quetzales.

Era el cuarto día de camino y ya casi no tenían dinero para continuar, así que les tocó comenzar a dormir en los montarrales. En cada estación habían hombres raros que halaban mujeres, niños y niñas para el monte y de allí nadie volvía a saber de ellos, incluso los hombres miraban y no hacían nada, relata "Eduardo".

Al llegar a la frontera entre Guatemala y México se encontraron a un hombre cuyo aspecto les provocó miedo, pero no había de otra que confiar en él, pues decía que conocía el trayecto.

En el camino, el hombre iba recogiendo más migrantes hasta que formó un grupo de 48 personas. En la oscuridad no se distinguían los rostros, nadie hablaba.

Poco a poco se fueron acercando y en la madrugada habían logrado llegar a la ciudad de Tenosique, en Tabasco, México.

"Cuando amaneció me di cuenta que iban tres mujeres y dos niños. Los demás éramos jovencitos y hombres", relata.

Del séptimo día en adelante, "Eduardo" y "Carlos" vivieron las experiencias más crueles de sus vidas.

Una banda se había adueñado de sus vidas como si se tratasen de mercancías.

Los 25 inmigrantes que habían logrado mantenerse juntos permanecieron una semana encerrados en una casa de madera, donde ya los esperaban.

El joven de temible aspecto, lleno de tatuajes, algo fornido y de baja estatura, según cuenta "Eduardo", se trataba de un integrante de "Los Zetas" y los mantuvo secuestrados durante todo el trayecto.

Muchos de los hombres que conformaban el grupo lograron tomar las famosas "combis", unos autobuses pequeños volkswagen, para separarse de aquel supuesto guía que los encaminaba al norte.

"Llegamos a un sitio que le dicen Tabacalera y en uno de los rieles de los trenes nos pusieron a pedir limosna durante una semana a mí y a mi amigo. Si no conseguíamos nada, pues no comíamos".

Cuando los jóvenes hondureños llegaron al Distrito Federal de México quisieron separarse de aquel hombre que los conducía a Estados Unidos, pero fue imposible.

Al llegar, bajo su dominio hasta Tamaulipas, unos hombres lo esperaban. Fueron vendados, enchachados, golpeados y torturados con el fin de que dieran números de teléfonos de sus familiares para extorsionarlos.

"Eduardo" en todo el camino negó tener familia en Estados Unidos y a pesar de las crueles torturas que le hicieron no dijo nada.

"Tenían una fogata en aquella casa a la que nos habían llevado, uno de ellos encendió un plástico para quemarme las piernas para que dijera algo de mi familia. Me desmayé creo y no supe nada hasta el día siguiente. Se me salían las lágrimas del terror al ver una fila de hombres tatuados", recuerda.

"Eduardo" identificó a uno de ellos, que paradógicamente era un paisano suyo de Santa Cruz de Yojoa. "Este chavo me reconoció y una noche me dejó sueltas las manos para que escapara. Yo solo solté a uno de los 30 que habíamos en aquella casa y corrimos todo lo que pudimos".

Lo primero que hicieron fue buscar los puntos de migración para entregarse por su voluntad. "En México no domina la Policía ni Migración, sino que estas bandas", dijo.

"Eduardo" pudo vivir para contar este relato a la Unidad Investigativa de EL HERALDO, desde Casa Alianza, donde es atendido desde que la migración mexicana lo retornó al país.

Dos buses por semana

Las autoridades de Casa Alianza informaron que desde hace dos meses reciben dos buses a la semana en la frontera de Corinto, entre Honduras y Guatemala, llenos de niños y adolescentes deportados.

"A través del Consulado de Tapachula, México, envían a nuestros niños hondureños vía Guatemala y entran a Honduras en la tarde noche", reveló José Manuel Capellín, director de Casa Alianza.

Según se conoció, las unidades hacen su arribo los lunes y jueves a las 4:00 de la tarde.

"Josué" confirmó que salen de Tapachula a las 3:00 de la madrugada y hacen un viaje directo por toda Guatemala hasta que llegan a Corinto.

En todo el camino las unidades vienen escoltadas por efectivos de Migración de México a fin de asegurarse que los menores lleguen a su país de origen.

Una vez en la frontera de Corinto, estos menores son entregados a los oficiales del Instituto Hondureño de la Niñez y la Familia (Ihnfa) o de Casa Alianza que tienen presencia en el punto fronterizo.

Los menores infractores de la ley que traen fichas de México son entregados al Ihnfa y aquellos que no se les ubicó familiares son dejados bajo la responsabilidad de Casa Alianza. Ambas instituciones envían estos niños a la ciudad de San Pedro Sula para luego retornarlos a sus sedes en Tegucigalpa.

Un porcentaje menor de estos niños deportados son reclamados in situ por sus familiares en Corinto.

Según estadísticas de Casa Alianza, unos 160 niños y niñas retornan al país cada semana después de la odisea que viven rumbo a Estados Unidos. La mayoría regresa después de haber padecido maltrato, explotación sexual y laboral, enfermos y con ideas suicidas.

"Cuando un niño llega al país en circunstancias tan precarias tiene que recibir ayuda médica, psicológica y hasta legal", señala Capellín. Actualmente se construye el albergue modelo de atención en la repatriación en San Pedro Sula.

Se estima que de los 100 mil hondureños que viajan en busca del "sueño americano", el 8 ó 10 por ciento son niños, es decir que unos 10 mil menores se exponen a estos terroríficos peligros cada año.

Recientemente se realizó en México una reunión con más de 60 organizaciones latinoamericanas que trabajan en el tema, donde exigieron a las autoridades mexicanas mayor atención y protección a los migrantes, tanto en el transcurso como para la investigación de casos de niños explotados.

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“Julio” es otro de los niños retornado al país en los buses de deportados que vienen desde Tapachula, México. Su travesía apenas duró cuatro días y lo dejó marcado de por vida.
“Julio” es otro de los niños retornado al país en los buses de deportados que vienen desde Tapachula, México. Su travesía apenas duró cuatro días y lo dejó marcado de por vida.

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