Honduras
Las prisiones del paÃs colapsaron. Detonaciones de magnitudes inimaginables se gestan en su interior. Una amenaza que si el gobierno no atiende, en cualquier momento le explotará en sus manos, con saldos estremecedores.
La infraestructura del sistema penitenciario asusta. El presagio de la muerte se siente en las bartolinas, cuyas capacidades rebasan a tal grado que -en la mayorÃa de ellas- los presos viven unos encima de otros, casi las 24 horas del dÃa.
Mientras el gobierno actualmente crea más burocracia, usando como pretexto los derechos humanos, en los presidios del paÃs, las paredes y los techos están a punto de derrumbarse sobre los reos. Los tendidos eléctricos que poseen son tan obsoletos que las amenazas de fogatas, que terminarÃan alimentándose con cuerpos humanos, son latentes.
"Aquà se sufre, aquà se sufre en todo", dijo Franklin MartÃnez, quien tiene 21 años de estar en prisión. Ingresó a la cárcel cuando tenÃa 22 años, hoy a sus 44 años es un hombre con la apariencia de un sexagenario. "Aquà la vida es dura, aquà hasta el más valiente se humilla y reflexiona sobre sus acciones en la sociedad", expresó.
Sobrepoblación
La población penitenciaria es fluctuante, un dÃa puede disminuir, pero al otro nuevamente puede aumentar. Hasta el 20 de septiembre recién pasado, las 24 cárceles del paÃs tenÃan un total de 11,757 privados de libertad. Sin embargo, según el Comisionado Nacional de Derechos Humanos (Conadeh), el sistema únicamente tiene capacidad para 8,280 personas.
De la población penitenciaria 5,691 internos, equivalente al 48.41 por ciento, están condenados. Asimismo, 6,066, igual al 51.59 por ciento, están procesados, o sea en espera de una sentencia. De los sentenciados 5,535 son hombres y 156 son mujeres. De los procesados 5,808 son hombres y 258 son mujeres.
Entre esta población penitenciaria se encuentran 138 extranjeros, 127 hombres y 11 mujeres. Hay mexicanos, colombianos, estadounidenses, guatemaltecos y salvadoreños, entre otros.
Entre los extranjeros, hay 51 sentenciados, entre ellos seis mujeres. También se registran 87 procesados, y cinco son mujeres. Aparte de los 11,757 presidiarios, la Dirección Nacional de Servicios Especiales Preventivos también registra 493 personas con arresto domiciliario. En total, Honduras tiene 12,250 privados de libertad.
Realidad
Cada una de las 24 cárceles es un mundo aparte girando sobre problemas de hacinamiento, inseguridad, fugas, amenazas de incendios, enfermedades, drogas y crimen.
En este mundo deprimente y chocante hasta el más temible criminal se humilla y arrepiente, pero al carecer de un proceso de rehabilitación, tiene el tiempo suficiente para ideas maquiavélicas o para planificar su fuga aprovechando la fragilidad de los muros carcelarios o el contubernio de un codicioso custodio.
En las prisiones de Honduras los presos están revueltos. Los únicos que tienen un espacio cerrado son los pandilleros de la mara 18, la "Salvatrucha" o MS y los confinados en las celdas de segregación, o sea los que no pueden convivir con los demás internos y aquellos que sus vidas corren peligro.
Al no existir en las prisiones una separación de los reos según sus delitos, el ligero delincuente se relaciona con el capo de la droga, el homicida convive con el más despiadado carnicero y el resultado de esta relación es un diplomado en crimen y delincuencia. De las 24 prisiones que hay a nivel nacional, solo la PenitenciarÃa Marco Aurelio Soto -a pesar de todas sus falencias- es la única que se acerca al calificativo de cárcel de mediana seguridad.
Aparte de ella, la cárcel de mujeres, en Támara, las granjas penales de Comayagua, Danlà y Juticalpa son las únicas que presentan mejores condiciones para los presos. El resto de prisiones están en situaciones deplorables. Para algunos crÃticos, el colapso de las prisiones solo refleja el colapso del Estado.
Con 2,778 internos, la PenitenciarÃa Nacional es la prisión que más reos alberga, rebasando su capacidad original de 1,800. En el orden le sigue la penitenciarÃa de San Pedro Sula construida para 550 internos, pero que hoy aloja a 2,118 reclusos.
Después está la de Comayagua con 806 presos, luego la cárcel de Gracias, Lempira con 589 reos, le sigue la de Santa Rosa con 578 presos.
Adecuación
De acuerdo con el comisionado de policÃa Danilo Orellana, director de Centros Penales, para mejorar las condiciones en los centros penitenciarios es necesario una norma jurÃdica adecuada e instalaciones que permitan una clasificación de los reos en tres niveles: máxima, mediana y mÃnima seguridad.
Aquà todo mundo sostiene que las prisiones son universidades del crimen, y eso se da porque el sistema penitenciario es muy complejo. "Si actualmente un reo es favorecido con salidas y luego regresa, se puede convertir en un mandadero del crimen organizado. Mientras que si esta persona está en un complejo de mÃnima seguridad, no habrÃa mayores problemas", analizó el director.
Actualmente -continuó- no hay nada de dinero por parte del Estado para mejorar la infraestructura de las prisiones. "Para hacer algunas mejorÃas pedimos la colaboración a las empresas privadas, otras veces a las iglesias, cuando hay cosas graves el Ministerio de Seguridad, si es emergencia, apoya", añadió.
En la administración de Orellana, el gobierno logró declarar emergencia en las cárceles nacionales, sin embargo el decreto todavÃa no ha sido publicado, en el diario oficial La Gaceta.
