Honduras
A los pandilleros, la prisión les da pánico. VÃctimas de sus temores en la PenitenciarÃa Nacional, igual que en otras cárceles de Honduras, han creado sus propias reglas para auto protegerse.
Hasta el 20 de septiembre de este año, la PenitenciarÃa Nacional Marco Aurelio Soto albergaba a 296 mareros: 138 de la organización delictiva denominada salvatrucha o MS y 158 de la 18.
Como estos dos grupos delictivos son rivales a muerte, entonces son los únicos que están clasificados y separados en la prisión. Todos los miembros de la MS están confinados en uno de los edificios del área de sentenciados.
Entre tanto, los de la 18 permanecen encerrados en las celdas denominadas escorpión. Asimismo, 71 pandilleros que decidieron retirarse de esas asociaciones ilÃcitas fueron llevados a otro lugar seguro de la prisión, para evitar que sus mismos compañeros los liquidaran.
A estos individuos que decidieron entrar en un proceso de rehabilitación en la prisión se les conoce como "pesetas". Los pabellones donde están los pandilleros tienen la misma seguridad que los demás módulos, o sea dos policÃas y dos coordinadores que son parte de los mismos reclusos.
Reglas
A lo interno, estos grupos manejan sus propias reglas. Para evitar ponerse al alcance de sus adversarios tienen dos ordenanzas, de los internos comunes, que les hacen los mandados.
Otra de las medidas adoptadas es mantener, durante el dÃa y la noche, una vigilancia permanente en la entrada del pabellón y en los hogares.
En el caso de la MS, hasta ha nombrado a dos pandilleros que hacen las veces de relacionadores públicos. Son estos individuos los que en un caso de emergencia hablan con los medios de comunicación, con los abogados o las autoridades del penal.
Identidad
De acuerdo con los policÃas penitenciarios, cada uno de estos grupos tiene una caracterÃstica que los identifica. Los de la MS se ufanan de que ellos usan la inteligencia al emprender sus acciones, todo lo contrario a la 18, que utiliza la fuerza o la violencia. Las mismas autoridades corroboran esa forma de ser de cada grupo. Psicológicamente los han evaluado cuando llegan a pedir alguna cosa.
"Unos siguen siendo muy diplomáticos, aún cuando se les niegan las cosas; mientras que los otros nos dicen: ya sabemos dónde vive tu familia", recordó uno de los oficiales del penal.
Incluso, agregó el oficial, los MS visten hasta mejor que sus adversarios. A pesar de la habilidad de unos y las actitudes violentas de otros, los pandilleros no son una grata compañÃa en la prisión. Los mismos internos critican y detestan su brutalidad.
Consideran que desde su llegada comenzaron a sembrar el caos en la prisión, poniendo en peligro la vida de los demás reos. Los primeros pandilleros comenzaron a llegar a ese penal luego de que el Congreso Nacional en agosto de 2003 determinara reformar el artÃculo 332 del Código Penal y tipificara el pandillerismo como asociación ilÃcita.
El artÃculo establece: Se sancionará con la pena de nueve a doce años de reclusión y multa de diez mil a doscientos mil lempiras a los jefes o cabecillas de maras, pandillas y demás grupos que se asocien con el propósito permanente de ejecutar cualquier acto constitutivo de delito. Con la misma pena de reclusión establecida en el párrafo anterior rebajada en un tercio se sancionará a los demás miembros del grupo.